Texto publicado por Belié Beltrán

El Caballero Dragón, capítulos uno y dos de mi novela juvenil. Disfrútenla, un regalo de este negro para ustedes. así son las escuelas en mi país.

CAPÍTULO I

Mi hermana mayor, que sabe mucho porque vive en la capital, me dijo que si quiero escribir sobre chiriu debo explicar por qué el nombre. Jairo mira, me dice, si no lo explicas entonces será una mala historia. Y como a Chiriu no le pasa nada interesante, quiero que por lo menos quede claro por qué se llama así.
Yo creo que estábamos en quinto curso cuando lo bautizamos. Duramos una semana convenciéndolo de que Euclides Alfonso era un nombre muy feo y tonto. Cuando lo convencimos no encontrábamos qué nombre ponerle, pero mi hermana que aunque todavía no vivía en la capital ya sabía muchas cosas porque las veía en la tele, nos dijo:
Pónganle Chiriu como el ciego de Los Caballeros Del Zodiaco.
La idea le gustó incluso a él. Y el nombre le quedaba genial, sobre todo porque así podía hacer algo útil con su ceguera. Creo que hasta a mí me hubiera gustado quedarme ciego también para ser el caballero del´dragón, pero ya teníamos un Chiriu en la tele y otro en el barrio, no podíamos llenarnos de chirius por todas partes.
Nos pusimos contentísimos, Los muchachos del quinto curso incluso pensábamos buscarno nuevos nombres. Se puso mejor cuando hasta las muchachas decidieron llamarse de otro modo. La más bonita del curso dijo que sería sakura, y yo estuve de acuerdo, porque a ella todos los muchachos le mandábamos cartas. Me imagino que ella las capturaba para luego decir en el recreo:
Luis cómprame un helado. Dani ¿verdad que tú me quieres?Checo ¿tú escribes tan lindo?
También yo le di una carta a Sakura Card Captor. La esperé a la salida de clases, ella iba con sus amigas del equipo de voleibol. ¡Me temblaba hasta el trompo que tenía en la mochila. Le pasé el papelito doblado, con una flor que cogí del patio de la escuela adentro. Me iba pero ella me agarró por el brazo para que me quede.
Las amigas, ese par de pendencieras, le dijeron que la lea pronto para poder irse:
Negrita si tú supieras
Lo mucho que yo te quiero,
Como el pájaro a la flor, tu tienes que ser mi lucero.

Ella leía mientras yo buscaba la forma de zafarme. Pero todavía me tenía agarrado, y yo no quería que me acusaran de clueco:

Ven negrita linda
Color café quemado,
Tú tienes que ser mi novia
Y tu hermano mi cuñado.

No sigo diciendo qué más puse en la carta por no seguir pasando vergüenza, y porque esta es la historia de Chiriu, no la mía. La cosa es que a Sakura le gustó mi cartita y me dijo que yo era el niño que más le gustaba de la clase, que en su cuaderno de matemáticas los únicos números que habían eran los de mi cumpleaño y el de ella, mi nombre dentro de un corazón grande y la postalita de Gokú que se me había perdido. Mentira, una de sus amigas se rió y ella me dijo que mejor fuéramos amigos, los mejores amigos del mundo mundial. Y al día siguiente todos los de la clase supieron que yo le di una carta, porque también dijo mi nombre cuando llamó a Luis, Dani, Checo y los demás. Ese día Chiriu me hizo compañía para que yo no me entre a puños con Ojo de Gato que donde quiera que me veía se burlaba de mi carta. Chiriu me enseñó a hacer un dragón en braille con una cartulina y las cosas que usaba para escribir.
Salimos juntos de la escuela, mi hermana venía con nosotros. Los muchachos planeábamos hacernos armaduras con galones plásticos y cartones de colores para ser cada uno un caballero. Yo les contaba que iba a fabricarme el traje del Ave Fénix, con las cadenas y el casco y todo, iba a mostrar los movimientos que el caballero Fénix hace antes de lanzar su poder cuando interrumpió mi hermana:
Todavía él no se llama Chiriu, todavía su nombre es Euclides Alfonso.
Le discutimos muchísimo. Creo que Chiriu incluso se puso pálido. No queríamos escucharla, ¡con el trabajo que nos dio cambiarle el nombre! Pero ella seguía:
En la clase de Formación la profesora Ányela nos enseñó Actas De Nacimiento. Dijo que en ese papel aparece el día en el que uno nace, el nombre y esas cosas. Y yo le pregunté qué pasaba si me cambiaba el nombre por mi cuenta. Y ella me contestó que si no era en el Acta De Nacimiento el cambio no valía.
Todos se desanimaron, con lo mucho que queríamos ser otros. Creo que fui el que menos mal se sintió, porque si mi hermana tenía razón a mí no me gustaba Sakura Card Captor sino Luisa. Me puse contento, pensé que podía escribirle un poema largo a Luisa, uno de verdad, como los que salen en los libros que tiene mi papá en el librero. Pero algo me decía que no era una buena idea:
¿Y ahora qué hacemos? Dije yo.
Mi hermana se quedó pensando un rato. Todos nos callamos. Ya casi íbamos a doblar en la esquina de la casa de Chiriu, siempre lo acompañábamos primero a él para ayudarlo a pasar la cañada de los guppis:
No te preocupes Chiriu, mi hermana encontrará un modo de borrar el Euclides.

CAPÍTULO II

Mi hermana quería enseñarme a jugar ajedrez. A mí no me gustaba mucho, porque uno tiene que quedarse callado todo el rato y nadie insulta a nadie. Me negué a aprender ajedrez, prefería el baloncesto.
Lunes, miércoles y viernes algunos de los de quinto curso jugábamos contra los de sexto. Nos quedábamos en la cancha de la escuela cuando terminaban las clases. Cada quien se quitaba la camisa, poníamos la mochila en un banco de piedra y nos metíamos a jugar como hasta las dos de la tarde.
Una vez llegué a casa sintiendo maréo, la piel me ardía. El sol me quemó la cara, los brazos, hasta la suela de mis tenis debían de tener partes quemadas. A pesar de la insolación me di el gusto de llevarle la contraria a mi mamá. Ella decía gritándome:
¿Tú te volviste loco?
Y yo le contestaba:
Pero le ganamos a los de sexto.
Ella decía:
Mírate, mírate. Te quemaste la cara, pareces un sin familia.
Y yo repetía:
Pero le ganamos a lo de sexto.
Mi hermana estaba viendo la novela de las tres. En un rato íbamos a discutir bastante porque a las cuatro comenzaban Los Caballeros Del Zodiaco y aunque creo que le gustaba verlos, siempre discutía para quedarse con el control:
Es muy irresponsable de tu parte coger tanto sol. ¡El sol del medio día! ¡Te puede dar un cáncer!
Pero le ganamos a los de sexto.
Mi hermana puso la tele en silencio. A veces lo hacía para escuchar lo que mami decía y poder burlarse de ella o de mí. Repetí que le ganamos a los de sexto, entonces mi hermana preguntó:
¿Cuánto a cuanto?
Antes de contestarle que tres juegos de cinco, dije:
Pero le ganamos a los de sexto.
A mami se le hinchó una vena en el cuello, eso significaba que yo mejor me callaba o ella me ponía a limpiar el piso de la casa los próximos cien años. Como quiera seguí jugando contra los de sexto a la salida de clases. Para distraer a chiriu lo hacía ir al juego conmigo, cuando yo no estaba en la cancha le describía lo que hacían los jugadores. Si teníamos tiempo le enseñaba a ubicar el tablero, le decía que podríamos hacernos ricos si él conseguía ser un buen jugador de baloncesto, sería el primer ciego en la NBA. Pero creo que él no tenía mucho talento para los deportes o que no ponía mucho empeño, porque a pesar de que intenté todo lo que se me ocurrió para enseñarlo cómo jugar, nunca metía la bola en el canasto ni recordaba dónde estaban las líneas en la cancha.
Se lo dije a mi hermana creyendo que me daría una idea, pero me dijo que mejor le enseñáramos a jugar ajedrez también a él. Por más que le dije lo tonto que me parecía sentarse con un montón de figuritas, ella no me hizo caso. Una tarde en la que me quedé intentando llamar la atención de sakura, le propuso a Chiriu convertirse en jugador de ajedrez. El traidor aceptó, prefería durar dos horas sentado en silencio con mi hermana a entrenar para ser el primer jugador ciego de la NBA.
Dejé de hablarle durante unos días, el caballero dragón tenía lealtad a sus amigos, no se iba a jugar ajedrez con otra persona en las horas de jugar con el mejor amigo. ¿Y si aprendía de verdad? ¿Y si lo contrataba un equipo famoso? Pero el prefería dedicarse a mover fichitas blancas y negras de un lado a otro con la tonta que le hizo dejar de ser Chiriu para seguir siendo Euclides Alfonso.
Tampoco quería hablarle a mi hermana, las hermanas no se roban los amigos de los hermanos menores. Mientras yo me quemaba al sol para ganarle tres de cinco juegos a los del sexto curso, ella recortaba cartón piedra y modelaba trozos de madera. Podía quedarse lijando o recortando madera durante horas, incluso viendo la novela de las tres. Quería saber qué planeaba, era la mejor haciendo manualidades, pero no entendía qué pensaba hacer con tantos trocitos de madera y el pedazo de cartón piedra.