Texto publicado por Jaime Nelson Arboleda Barrera

Sin rumbo: completo.

Sin rumbo  

Florencia salió del consultorio del doctor Walber, con los ojos muy abiertos y con la mirada le respondió  que si, que en cinco días regresaría a la consulta.
Estaba desconcertada. Y comenzó a caminar sin rumbo. 

Al llegar a la esquina, se quedó parada sin saber qué hacer. Entró en el bar y pidió café y una copita de licor. Ella no bebía; pero necesitaba calor y
combatir esa terrible palidez que cubría su rostro. 

Sacó de la cartera el espejito y se quedó absorta mirando la imagen que le presentaba.  Se puso de pie, lo   guardó  y dejó caer unos cuantos billetes
sobre la mesa y con paso firme salió. 

Miró para todos lados, el tránsito la confundía y decidió tomar un taxi. 

¿No conoce una peluquería? Estoy segura de que no lejos de aquí…

-  Si, Giordano. Diez cuadras más o  menos…

- ¡Por favor,  lléveme!  

Se recostó en el asiento y dejó que las lágrimas corrieran a su antojo. 

¡Ay! No le había comprado la pelota a Sergio y mañana era el partido. ¡Ojalá que no hubiera  mucha gente! Pero es un lugar de categoría y tienen mucho
personal.

No peinado solamente. Tampoco. Quiero acomodarme un poco el cabello para que no se vea tan desprolijo, es para una foto.

¿El salón de belleza? En el segundo piso. Un poco de color… es para una foto. De cuerpo entero y sonrió. Señora ¿espera o la retira mañana?  Espero.  

Se hundió en un sillón y del bolso sacó unos papeles ajados por el tiempo. Una débil sonrisa comenzó a  iluminar ese rostro  pícaro de niña adolescente,
mientras se esfumaba el de Florencia. 

¡Hmmm!

Hola.

¡Bueno. No. Empecemos de nuevo.

¡Hola señor diario! Soy Florencia Aguirre.

Mi madrina, que se llama Catalina y que es más linda y buena de todas las madrinas, me dijo que puedo hablar con usted y contarle todo lo que quiera porque
usted me va  a guardar el secreto de todo y no se lo va a contar a nadie, claro que si yo lo guardo muy bien a usted. 

Quince de diciembre

Mi mamá parece que está… bueno, usted me entiende. Descuelga cortinas, cuelga cortinas. Limpia los techos, lustra las puertas.  Silvestra corre alrededor
de ella y ni de la comida se acuerda.

¡Ya se! Es por la Navidad y  como vienen parientes no se de donde, mi mamá parece una loca.  ¡Bueno lo dije! 

Veintidós de diciembre.

Esta no es mi casa: está todo demasiado ordenado, hay flores por todos lados y se respira algo extraño en el ambiente 

24 de diciembre

He espiado por la ventana y se ve el comedor muy adornado. Mi mamá no quiere que entremos hasta la noche, ni a Claribel la deja  y eso que a   ella le
permite todo. 

24 de diciembre por la noche

Hay mucho ruido, la campanilla del timbre no deja de sonar entre frenadas y bocinas que aturden. La gente está colifata y mi familia también.

Diario, he decidido no bajar a comer; nadie se va a dar cuenta. Me aburre la conversación de los grandes y Claribel no tiene interés de acercarse a mi;
pero a mi no me importa diario yo me entiendo mejor  con Silvestra. 

No pude cumplir con mi plan diario. Mi madrina vino a buscarme y me obligó a ponerme un vestido con florcitas de colores que me regaló para la primavera.

El árbol estaba lleno de regalos de Papá Noel.

A Claribel le trajo una cajita de música. A mi mamá una pulsera con piedras verdes muy brillantes y ella estaba muy contenta.  A mi, una bombacha rosa.

Cuando tomaron el champán y comenzaron a brindar, a besarse y a decirse no se cuántas bobadas, me escapé y nadie se dio cuenta, ni mi madrina.

En mi habitación me desnudé, me puse el vestido de la primera comunión y me puse a bailar frente al espejo. Di tantas vueltas que me caí y Silvestra vino
corriendo y me descubrió. 

15 de enero

Nos vamos de vacaciones.

Quiero quedarme con Silvestra pero no me dejan.

Silvestra irá unos días a visitar a su familia. 

15 de febrero

¡Ay qué alegría!

Le pido disculpas por no haberlo llevado conmigo. Mi mamá estaba tan apurada por salir que no me dejó tiempo de nada y por eso lo dejé.

Tengo muchas cosas que contarle; pero me gustaría que usted también me cuente cosas, claro que los diarios no cuentan cosas, escuchan nada más.

A mi la única que me escucha es mi madrina…. ¡Y Silvestra! Ella sabe hablar conmigo más que mi mamá.  

20 de febrero

Mi mamá está comprando las cosas para la escuela,  así tiene todo y no pierde tiempo después en papel glacé, cuadernos de tapas duras.

Hoy mi mamá se fue de compras. Iba a visitar unas cuantas librerías.

Yo estoy con Silvestra y Claribel con sus amigas.

Mi madrina dijo que viene a buscarme, por eso estoy escondida. No le diga a Catalina que estoy detrás del ropero. 

5 de marzo

Mi madrina está muy seria. No le gustó que me hubiera escondido . 

25 de mayo

Fui a  buscar de Silvestra y para llegar a la cocina pasé   por el comedor y vi la ropa de mis hermanos muy bien planchada y con escarapela. Roberto y
Claribel desfilan. Yo, me quedo con Silvestra. 

30 de mayo

Estoy nerviosa, señor diario. Mi madrina le ha dicho a Silvestra que me ayude con el peinado y que me   ponga el vestido que ella me regaló. Me quiere
llevar al médico y yo no quiero ir; pero no puedo esconderme como me escondí la vez pasada. Se enojó mucho y no quiero que Catalina se enoje. 

5 de junio

¿Sabe señor diario?

Mi madrina me ha enseñado a leer y a escribir, por eso yo le escribo a usted, como usted no sabe hablar. Le voy a decir a Catalina que lo lleve a visitar
a Belén así aprende. Belén es fonoaudióloga  y muy buena.

Míreme,  señor diario. Aquí, frente al espejo. Abra la boca grande y con los labios un poco hacia delante estará diciendo  ¡A!  Y si los estira hacia delante
así dirá ¡E!   Cierre un poquito la  boca con los labios en trompita y dirá ¡E!  Y si los estira como si su boca fuera una fuente, o como si se estuviera
riéndose de su mamá estará diciendo ¡I! Ahora deje de ser fuente y lleve hacia delante sus labios como preparando un enojo y estará en la O. Y si decide
enojarse y hace la trompa cerrando los labios formará la U.

A practicar amigo que Belén se enoja.

¡AEIOÚUUU! 

9 de julio

Se han ido de vacaciones. Yo estoy en la.casa con Silvestra.

Como estaba muy resfriada y me sentía con ganas de dormir y  el doctor dijo que no era conveniente que dejara la cama, mi mamá pensó que era injusto que 
Roberto y      Claribel perdieran sus vacaciones ya que Silvestra quería quedarse conmigo y Catalina vendría todos los días.

Hemos pensado con Silvestra que le voy a enseñar  a escribir y ella me va a enseñar a hacer merengues.  

15 de julio

Lo estamos pasando muy bien. A Silvestra  le sale la letra muy gorda y a mi los  merengues chatos. 

17 de julio

Estoy muy asustada señor diario. Creo que me voy a morir. Me duele mucho la cabeza,  la panza. No tengo ganas de caminar.

Mi mamá no está y Catalina tiene mucho que estudiar.

¿Qué hago si me muero? Creo que voy a vomitar.

Entre tantas cosas que me duelen,  olvidé decirle que también me duelen las tepetapas.

¡Ahora si qué me voy a morir, señor diario! Me metí en la bañera y comencé a sangrar.

¡Me voy a morir!

¡Me voy a morir!  

15 de julio

¿Qué hago señor diario?

En mi habitación hay un timbre para llamar a Silvestra cuando necesito algo ¿la llamo.

¡Pero qué sabe Silvestra!  Silvestra antes era burra; pero ahora sabe leer y escribir. Ayer le escribió una carta a su hijo.

¿Qué se puede  hacer para parar la sangre?

Creo que tengo fiebre y mucho miedo.  Me quedé dormida  y al despertar me encontré empapada en sangre.

Apreté el timbre y me metí nuevamente en la bañera.

Silvestra llegó muy agitada.

¡Me estoy muriendo Silvestra!  

Y le conté.

Me dijo que no me asustara. Que ya era señorita  y que no me pasaba nada que no fuera natural. Me trajo unos apósitos y me enseñó a usarlos.

Bajó y me trajo chocolate calentito. Torta de naranja y muchos caramelos.

Hay que festejar señorita Florencia. Usted  ya es grande.

Entonces ¿ no me voy a morir,  Silvestra?

Flor usted está hablando. Ya sabe hablar  y no lo ha dicho? No,  Silvestra        . Prometéme que no se lo vas a decir a nadie. Eso no es bueno. No está
bien; pero si no quiere contarlo yo no diré nada; pero está mal.  

24 de agosto

¡Hola amigo!

¡Cuánto tiempo sin conversar! Es que estuve muy preocupada porque Catalina me llevó al médico y Belén le dijo que si yo no hablaba era porque no quería 
y era verdad; pero igual sigo callada, no me interesa hablar. Con Silvestra hablo, como ya no es burra y lee; pero nunca fue burra Silvestra.  No sabía
leer nada más.

¿Sabe,  señor diario? Me volvió a pasar lo de la sangre. Me da un poco de vergüenza decirle esto; pero mi madrina y Silvestra dicen que no es vergüenza,
que a todas las mujeres les pasa, por eso le cuento.

Catalina me trajo bombones y se quedó mirándome con una cara que me hizo mirar para otro lado. Sabe que puedo hablar y está esperando que le cuente. 

21 de septiembre

¡Qué bonito está todo!

Mis hermanos se fueron a pasar el día con sus compañeros no se bien adónde.

Silvestra ha hecho una gran torta de merengue. La vamos a comer en el jardín porque estamos de fiesta.  

15 de octubre

Silvestra me descubrió espiando al hijo del jardinero. 

Noviembre

¡Cuántas cosas que han pasado señor diario!

Yo no sabía hablar y ahora puedo.

Me pasó eso de la sangre…. Pero ya me acostumbré. Parece que  Catalina y Silvestra también se acostumbraron porque No me hacen más regalos,  ni torta de
naranja,  ni me traen caramelos.

“Usted ya es grande Flor” dice Silvestra y yo le saco la lengua. 

Diciembre.

Cuando Catalina se va o Silvestra toma  vacaciones yo me escondo porque no quiero decirles adiós. No me gusta. Me dan ganas de llorar.

Y ahora tengo que decirle adiós a  usted que me ha tenido tanta paciencia.

¡Ah,  señor diario! Tengo que contarle que después de mucho pelear con Silvestra y Catalina, estoy usando corpiño. 

¡Qué bonito qué es diciembre!

El jardín está lleno de jazmines y los pájaros se paran en las ramas de los jazmineros, parece que se hamacan como yo me columpio en los sauces. 

24 de diciembre  

Otra vez Navidad.

La casa llena de luces, flores y guirnaldas de colores. En el comedor gran algarabía.

Silvestra se ha puesto seria y me ha dicho que ella nunca se ha enojado conmigo; pero si no bajo al comedor se va a quedar muy triste.

Tengo que bajar, por Silvestra y por Catalina que me ha peinado con esmero para que esté tan linda como Claribel. Te espero Florencia,  me ha dicho con
una voz que me parece que tengo que ir.  

¡Ay, señor diario! Creo que metí la pata. Estaban comiendo y cuando alguien levantó la copa y dije ¡Feliz Navidad para todos, se quedaron en silencio y
desde el rincón del árbol de Navidad dije, sabiendo que se iban a sorprender, ¡No señor árbol! Le agradezco la bombacha rosa que me trajo el año pasado;
pero: en esta oportunidad no puedo aceptar otra bombacha porque ya soy grande y uso corpiño.

Y volví a mi cuarto corriendo. Catalina me siguió.  Me preguntó porqué no le había contado que podía hablar y me abrazó.  

Todo pasa,  señor diario.

Todo termina.

Tengo mucho sueño y voy a despedirme de usted.

¡Muchas gracias por haberme acompañado durante un año!. Gracias. 

Florencia Aguirre. 

Flor. Flor de canela. Flor de mandarina. Flor de…

¡Flor y truco!