Texto publicado por SUEÑOS;

papel moneda.

Walter Benjamin y el capitalismo como religión
24/05/2013
Por Giorgio Agamben (Filósofo italiano. Se doctoró en la Universidad
de Roma con una tesis sobre el pensamiento político de Simone Weil.
Fue alumno de Martin Heidegger entre 1966 y 1968. Es profesor de
Filosofía en la Universidad de Verona, Italia, en el Collège
International de Philosophie de París y en la Universidad de Macerata
en Italia; enseña asimismo Iconografía en el Instituto universitario
de Venecia.)

Hay signos de los tiempos que, aunque obvios, los hombres, que
escrutan las señales en los cielos, no llegan a percibir. Cristalizan
en eventos que anuncian y definen la época, es decir, eventos que
pueden pasar inadvertidos y no alterar en nada, o casi nada, la
realidad en la que encajan y que, sin embargo, y precisamente por esto
tienen valor de signo, de indicio histórico: semeia ton kairon.

1.- Uno de estos eventos tuvo lugar el 15 de agosto de 1971, cuando el
gobierno de EE.UU., bajo la presidencia de Richard Nixon declaró que
la convertibilidad del dólar quedaba suspendida. Si bien esta
afirmación ponía fin, de hecho, a un sistema que había vinculado
durante mucho tiempo el valor de la moneda a una base áurea, la
noticia, que saltó en plenas vacaciones de verano, provocó menos
debate del que era razonable esperar.

Sin embargo, desde ese momento, la inscripción que todavía se puede
leer en muchos billetes de banco (por ejemplo, en los de la libra
esterlina o la rupia, pero no en los del euro): Me comprometo a pagar
al portador la suma de … refrendada por el gobernador del banco
central, perdió definitivamente su sentido. Esta frase pasó a
significar que a partir de ese momento a cambio del billete el banco
central correspondiente haría entrega a quien lo solicitara (si
alguien era lo suficientemente tonto como para hacerlo) no una cierta
cantidad de oro (para el dólar, 1/35 de onza) sino un billete
exactamente igual. El dinero había quedado desprovisto de cualquier
valor que no fuera el puramente autorreferencial. Tanto más
sorprendente fue la facilidad con que fue aceptado el acto del
soberano estadounidense, que equivalía a cancelar el patrimonio de oro
del dueño del dinero. Y si, como se ha sugerido, el ejercicio de la
soberanía monetaria de un Estado consiste en su capacidad para inducir
a los participantes del mercado a emplear sus obligaciones como
dinero, en ese momento las obligaciones perdieron toda consistencia
real, se habían convertido en puro papel.

El proceso de desmaterialización de la moneda se había iniciado muchos
siglos antes, cuando las necesidades del mercado llevaron a añadir a
la moneda metálica, necesariamente escasa y engorrosa, letras de
cambio, billetes bancarios, juros , goldsmith s notes, etcétera. Todas
estas monedas de papel son en realidad títulos de crédito, por cuya
razón se conoce como moneda fiduciaria. La moneda metálica, en cambio,
valía o hubiera debido valer su contenido de metales preciosos
(cuestión, como se sabe, insegura: el caso extremo fue el de las
monedas de plata acuñadas por Federico II, que apenas usadas dejaban a
la vista el rojo de cobre). Sin embargo, Schumpeter (que vivió, es
cierto, en un momento en el papel moneda había desbordado la moneda
metálica), pudo afirmar no sin razón que, en última instancia, todo el
dinero es sólo crédito. Después del 15 de agosto de 1971, habría que
añadir que el dinero es un crédito basado sólo en sí mismo y que no
refleja nada más que a sí mismo.

2.- El capitalismo como religión es el título de uno de los más
penetrantes fragmentos póstumos de Walter Benjamin.

Que el socialismo era algo parecido a una religión fue observado con
frecuencia (entre otros por Schmitt: El socialismo pretende dar vida a
una nueva religión que para los hombres de los siglos XIX y XX tuvo el
mismo significado que el cristianismo para los hombres de hace dos mil
años. ) Según Benjamin, el capitalismo no es sólo, como afirma Weber,
una secularización de la fe protestante, sino que él mismo es
esencialmente un fenómeno religioso, que se desarrolla como parásito a
partir del cristianismo. Como tal, como religión de la modernidad, se
define por tres características:

- Es una religión de culto, tal vez la más extrema y absoluta que ha
existido jamás. Todo en ella tiene significado sólo con referencia al
cumplimiento de un culto, no con un dogma o una idea;

- Es un culto permanente, es la celebración de un culto sans trève et
sans merci . No es posible aquí distinguir entre días festivos y días
laborables, sólo hay un único e ininterrumpido día de fiesta-trabajo
en el que el trabajo coincide con la celebración del culto;

- El culto capitalista no remite a la redención o la expiación de la
culpa, sino a la culpa misma: El capitalismo es quizás el único caso
de un culto no expiatorio sino culpabilizador. Una monstruosa
conciencia culpable que no conoce la redención se convierte en culto,
no para expiar en éste su culpa sino para hacerla universal … y para
atrapar al final a Dios mismo en la culpa … Dios no ha muerto, sino
que se ha incorporado al destino del hombre.

Precisamente porque tiende con todas sus fuerzas no a la redención
sino a la culpa, no a la esperanza sino a la desesperación, el
capitalismo como religión no tiende a la transformación del mundo sino
a su destrucción. Y su dominio es en nuestro tiempo tan completo que
los tres grandes profetas de la modernidad (Nietzsche, Marx y Freud)
conspiran, según Benjamin, con él, son solidarios, de alguna manera,
con la religión de la desesperanza. Este paso del planeta hombre por
la casa de la desesperación, en la soledad absoluta de su recorrido es
el ethos que define Nietzsche. Este hombre es el superhombre , es
decir el primer hombre que comienza a darse cuenta conscientemente de
la religión capitalista. Pero también la teoría freudiana pertenece al
sacerdocio del culto capitalista: Lo reprimido, la representación
pecaminosa … es el capital, sobre el cual el infierno del inconsciente
paga intereses. Y, en Marx, el capitalismo con los intereses simples y
compuestos, que son función de la culpa … se transforma inmediatamente
en socialismo.

3.- Vamos a tratar de tomar en serio y desarrollar la hipótesis de
Benjamín. Si el capitalismo es una religión, ¿cómo podemos definirlo
en términos de fe?, ¿en qué cree en el capitalismo? ¿qué implica, en
lo que respecta a esta fe, la decisión de Nixon?
David Flüsser, gran estudioso de la ciencia de las religiones -hay
también una disciplina con este extraño nombre- estaba trabajando
sobre la palabra pistis , palabra griega que Jesús y los apóstoles
utilizaban para fe . Un día se encontraba en una plaza de Atenas y en
un momento dado, al levantar los ojos, vio escrito en grandes
caracteres ante él Trapeza tes pisteos . Aturdido por la coincidencia,
miró mejor y después de unos segundos se dio cuenta de que simplemente
estaba ante un banco: trapeza tes pisteos significa en griego banco de
crédito . He aquí el significado de la palabra pistis, que llevaba
meses tratando de averiguar: pistis , fe no es más que el crédito de
que gozamos ante Dios y del que la palabra de Dios goza en nosotros
desde el momento en que creemos en él. Por esta razón Pablo puede
afirmar en una famosa definición que la fe es la sustancia de las
cosas esperadas : es lo que da credibilidad a la realidad y a lo que
no existe todavía, pero en lo que creemos y tenemos fe, en lo que
hemos puesto en juego nuestro crédito y nuestra palabra. Creditum es
el participio pasado del verbo latino credere : es aquello en lo que
creemos, en lo que ponemos nuestra fe, cuando establecemos una
relación de confianza con alguien tomándolo bajo nuestra protección o
prestándoles dinero, confiándonos a su protección o tomando dinero
prestado. En la pistis paulina pervive, es decir, la antiquísima
institución indoeuropea que Benveniste ha reconstruido, la fidelidad
personal : El que detiene la fides puesta en él por un hombre tiene en
su poder a este hombre … En su forma primitiva, esta relación implica
una reciprocidad: poner nuestra fides en alguien procuraba, a su vez,
su garantía y su ayuda.

Si esto es cierto, entonces la hipótesis de Benjamin de una estrecha
relación entre capitalismo y cristianismo recibe una confirmación
ulterior: el capitalismo es una religión basada enteramente en la fe,
una religión cuyos seguidores viven sola fide (sólo por medio de la
fe). Y como, según Benjamin, el capitalismo es una religión en la que
el culto se ha emancipado de todo objeto y la culpa de todo pecado y,
por lo tanto, de toda posible redención, así, desde el punto de vista
de la fe, el capitalismo no tiene objeto: cree en el hecho puro de
creer, en el puro crédito ( believes in pure belief ), es decir: en el
dinero. El capitalismo es, por ello, una religión en la cual la fe, el
crédito ha sustituido a Dios. En otras palabras, en tanto que la forma
pura del crédito es dinero, es una religión cuyo dios es el dinero.

Esto significa que el banco, que no es más que una máquina de fabricar
y manejar crédito, ha tomado el lugar de la iglesia y, mediante la
regulación del crédito, manipula y administra la fe, la escasa e
incierta confianza que nuestro tiempo todavía tiene en sí mismo.

4.- ¿Qué ha significado para esta religión la decisión de suspender la
convertibilidad en oro?

Ciertamente, algo así como una aclaración de su propio contenido
teológico, comparable a la destrucción mosaica del becerro de oro o al
establecimiento de un dogma conciliar. En cualquier caso, un paso
decisivo hacia la purificación y cristalización de su propia fe. Ésta
en forma de dinero y crédito se emancipa ahora de todo referente
externo, cancela su nexo de idolatría con el oro y se afirma en su
carácter absoluto. El crédito es un ser puramente inmaterial, la
parodia más perfecta de esa pistis , que no es sino la sustancia de lo
que se espera. La fe -así rezaba la famosa definición de la Carta a
los Hebreos- es sustancia ousia , término técnico por excelencia de la
ontología griega de lo que se espera. Lo que Pablo quiso decir es que
el que tiene fe, el que ha puesto su pistis en Cristo, toma la palabra
de Cristo como si se tratara de la cosa, el ser, la sustancia. Pero es
precisamente este como si lo que la parodia de la religión capitalista
elimina. El dinero, el nuevo pistis , es ahora inmediatamente y sin
residuos sustancia. El carácter destructivo de la religión
capitalista, de la que hablaba Benjamin, aparece aquí en plena
evidencia. La cosa esperaba, ya no existe, ha sido destruida, y tiene
que serlo porque el dinero es la esencia misma de la cosa, su ousia en
el sentido técnico. Y, de esta manera, se quita de en medio el último
obstáculo a la creación de un mercado de la moneda, a la
transformación integral del dinero en mercancía.

5.- Una sociedad cuya religión es el crédito, que sólo cree en el
crédito, está condenada a vivir a crédito. Robert Kurz explicó la
transformación del capitalismo del siglo XIX, todavía basado en la
solvencia y la desconfianza respecto al crédito, en el capitalismo
financiero contemporáneo. Para el capital privado del siglo XIX, con
sus propietarios personales y sus respectivos clanes familiares, eran
todavía válidos los principios de honorabilidad y solvencia, a la luz
de los cuales el incremento del uso del crédito era casi obsceno, como
un comienzo del fin. Las novelas por entregas de la época están llenas
de historias donde las familias numerosas se arruinan a causa de su
dependencia; en algunos pasajes de Los Buddenbrook , Thomas Mann llegó
a crear un tema de Premio Nobel. El capital productivo sujeto al pago
de intereses era, por supuesto, esencial para el sistema desde el
primer momento de su formación, pero todavía no tenía un papel
decisivo en la reproducción capitalista global. Los negocios de
capital ficticio se consideraban típicos de los ambientes de
estafadores y personas deshonestas, al margen del capitalismo real …
Incluso Henry Ford se negó durante mucho tiempo al uso del crédito
bancario, obstinándose en su decisión de financiar sus inversiones
sólo con su propio capital. (R.Kurz, El fin de la política y la
apoteosis de dinero , Roma, 1997; Die Himmelfahrt des Geldes , en
Krisis , 1995).

Durante el siglo XIX, esta concepción patriarcal se disolvió
completamente y el capital empresarial recurrió cada vez más al
capital monetario, tomado del sistema bancario. Esto significa que las
empresas, con el fin de seguir produciendo, deben, por así decirlo,
hipotecar por anticipado cantidades crecientes de trabajo y de futura
producción. El capital productor de mercancías se alimenta
ficticiamente de su propio futuro. La religión capitalista, de acuerdo
con la tesis de Benjamin, vive de un endeudamiento permanente, que no
puede ni debe extinguirse. Pero no son sólo las empresas las que
viven, en este sentido, sola fide , a crédito (o a débito). También
los individuos y las familias, que recurren cada vez más al mismo,
están análogamente tan implicados en este continuo y generalizado
acto de fe en el futuro. Y la Banca es el sumo sacerdote que
administra a los fieles el único sacramento de la religión
capitalista: el crédito-débito.
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"La verdad es algo tan infrecuente que es preciso decirla."
(Emily Dickinson)
"La ley, en su majestuosa equidad, prohíbe tanto al rico como al pobre
dormir bajo los puentes, mendigar en las calles y robar pan."
(Anatole France)
"Creo que una brizna de hierba no es menos que la diaria trayectoria
de las estrellas,
Y que la hormiga no es menos perfecta ni lo es un grano de arena,
y el huevo del reyezuelo, Y la estructura de la rana es una obra de
arte comparada con lo más sublime,
Y la zarzamora podría adornar los salones celestiales,
Y que la articulación más pequeña de mi mano es un escarnio para todas
las máquinas.
Y la vaca paciendo con la cabeza gacha sobrepasa la belleza de
cualquier estatua.
Y una sonrisa es un milagro suficiente como para conmover
a sextrillones de incrédulos."
(Walt Whitman)