Texto publicado por Jose Miguel Guerrero

Mi mas reciente cuento, se titula Ophiuchus

Este cuento lo escribí hace algunos meses, es un poco largo y hasta ahora terminé de digitarlo en el PC. Como siempre quiero compartirlo con ustedes, espero sea de su agrado y me hagan conocer todas sus opiniones al respecto.

OPHIUCHUS

¿Qué era lo que tenía de especial aquella noche?... Cuando para todos aquel 21 de Agosto no era más que una pequeña parte la rutina que sigue la gente de la ciudad, cuando nadie había visto mayor particularidad, yo sentía en mi pecho una presión que no me dejaba dormir, era una agonía que hacía de cada segundo un suspiro con aire de muerte y me hacía pensar que algo muy malo estaba por ocurrir.

Aquella noche era tan oscura que no podía ver la silueta de mi mano frente a mí, daba vueltas en mi cama intentando dormir para evitar la pesadilla que me invadía, pero todo esfuerzo era en vano, mi corazón latía como si algo me estuviera persiguiendo, no lo aguantaba más. Decidí salir de mi cuarto y prepararme un vaso de leche caliente, luego subí a la terraza a respirar un aire mas frío. La brisa nocturna me estremeció mientras levantaba algunos de mis rizos, miré al cielo y una tristeza sin motivo hizo que se me escaparan unas lágrimas. Las nubes habían cubierto todo, ni una sola estrella dejaba ver su luz através de aquella capa de negro algodón y ella tampoco estaba allí, la Luna nos había abandonado como lo hizo en cada una de mis desgracias, en el momento en que noté su ausencia entendí todo, era un mal presagio y tenia miedo, desde el interior de mi ser sentía un terror implacable, eso era lo que tenía de especial aquella noche.

Mi nombre es Julieth Infante, tengo 16 años y sufro de Leucemia, vivo con mi madre y mis hermanas que siempre me apoyan y me acompañan. Aquella noche fue solo hace unos meses, y desde este hospital donde llevo un satisfactorio tratamiento, al fin me atrevo a contar lo que ocurrió esa vez.

Me encontraba todavía en la terraza, esperando a que se congelara la pena de mi alma cuando escuché un grito, provenía del cuarto de mis padres, era mi mamá. Bajé de prisa a ver que ocurría, también habían salido Diana y Mónica, mis dos hermanas mayores, entramos las tres completamente asustadas y le preguntamos a mi madre por lo que le pasaba.

– La serpiente… otra vez – nos dijo llorando.
– ¿Te mordió? – le preguntó Mónica
– Si, en el tobillo. Deben cuidarse mucho.
– Seguro que solo fue un sueño, – le contestó Diana, la mayor de todas – no se como siguen con esa superstición.
– Hoy no hay Luna, – le dije – no puede ser coincidencia, ya sabes todo lo que pasó.

En efecto, muchas veces mi mamá soñaba con serpientes, pero cuando alguna serpiente la mordía ocurría una tragedia y siempre en esas noches las nubes cubrían la Luna. La primera vez que soñó con la mordedura de aquel animal un enamorado psicópata de mi hermana Mónica intentó raptarla para violarla, afortunadamente mi papá logró dar con él y rescatar a mí hermana. Otra vez fue un 30 de Octubre, nadie le dio importancia pero al otro día salimos todos a la casa de mi abuela a festejar el día de brujas, cuando volvimos nuestra casa se había se incendiado por un farol que había quedado prendido. La siguiente serpiente la mordió un día antes de que nos enteráramos de mi enfermedad y la última fue dos días antes de que mi padre muriera en un accidente laboral.

Era una maldición que caía sobre nuestra familia y con esta nueva serpiente lo único que yo podía esperar era mi muerte. Llevaba meses esperando la autorización para empezar el tratamiento de radioterapia y mi padre que era el único que podía darme parte de su medula espinal había muerto, yo era la siguiente en caer, no había otra opción.

Estábamos hablando del sueño cuando llegó a la habitación Laura, la hija de Diana, era una niña de apenas 6 años y aunque no conoció a su padre, nosotras le dábamos todo el cariño que necesitaba y más.

– Mami ¿porqué no vienes a dormir? – le preguntó a Diana
– Ve y acuéstate, en un segundo voy – le respondió

Todas nos fuimos a dormir, o al menos a reposar en la cama, porque yo y seguro que mi mamá, no pudimos siquiera cerrar los ojos. Al otro día nos levantamos tarde, como todos los sábados, mi mamá estaba vestida como para salir y nos dijo:

– Las quiero listas a todas, nos vamos a ver a un brujo que me recomendaron.
– ¿En serio sigues con eso? – le dijo Diana con escepticismo.
– Si, yo no quiero que nada malo les pase.
– A mi me da miedo ir a un sitio de esos – le dije a mi madre
– Pues yo pienso que es lo mejor, con eso nos deshacemos de todas las desgracias.
– Está bien, iré
– Yo no pienso colaborar con eso – insistió Diana
– Si nos acompañas no volveremos a tocar el tema – le suplico mi mamá
– Está bien pero Laurita se queda aquí, no quiero que ella vaya a esos sitios.

Nos dispusimos para ir a donde aquel brujo y dejamos a mi sobrina viendo televisión en su cuarto. Cuando salimos de nuestra casa vimos que estaba llegando un nuevo vecino, justo se estaba mudando para la casa de al lado. Era un hombre joven, muy formal y al parecer de carácter rígido, les ordenaba a los hombre encargados de cargar las cajas que tuvieran cuidado que las trataran como si llevaran a sus hijos dentro. Cuando el hombre vio a Mónica se detuvo y le dijo:

– Jamás había tenido una vecina más bonita.
– Gracias, ahora voy de salida pero luego puedo invitarte a tomar un café para que me sigas halagando – respondió mi hermana sonriendo – Yo nunca había tenido un vecino tan caballero.
– Me gusta el café – y dirigiéndose a los de las cajas - ¡Cuidado! No están llevando hortalizas.
– Oh! Se nota que llevas un tesoro ahí – le dijo Mónica con la coquetería que la caracterizaba
– No son objetos, son animales. ¿Te gustan los animales?
– Me gustan los perros y los gatos.
– Entonces seguro que no te gustaría entrar a mi casa – le dijo el sujeto
– Por hacerlo soportaría hasta a un león
– Ya deja de conquistar al vecino y vámonos – le dije a mi hermana cuando me canse de escucharlos – mi mamá nos está esperando.

La tomé del brazo y nos encaminamos nuevamente, ella no se alcanzó a despedir del recién llegado y duró todo el viaje reprochándomelo. Luego de un corto viaje en autobús llegamos al sitio donde, supuestamente, el brujo nos limpiaría de nuestra mala suerte, era un lugar oscuro al que se ingresaba por una pequeña puerta y tras pasar un pasillo lleno de hierbas y cañas colgadas del techo se podía apreciar la sede de lo que parecía un chaman.

Era un hombre robusto, de baja estatura, estaba vestido con varios tejidos de lana, tenía varios collares y pulseras que combinaban de una manera extraña con la decoración del lugar, y sobre su cabeza tenia una especia de corona hecha con huesos y ramas de eucalipto. A su alrededor habían tinajas de varios tamaños y un humo con olor a naturaleza que nublaba la vista, al ver todo el sitio intenté devolverme pero mi mamá me tomo del brazo y me lo impidió. De pronto el brujo se puso de pie y nos hizo una venia, nos señalo unos troncos para sentarnos y le dijo a mi madre:

– Sobre usted cae una maldición, puedo sentirlo. ¿Ha ido usted a los llanos orientales?
– Si, me crié allá – respondió mi mamá bastante asustada
– Me lo temía, los brujos llaneros son poderosos. Pero, siéntese y hábleme del motivo de su visita – se volvió a sentar.

Mi madre le explicó la situación. El hombre, de aspecto sombrío, le prestó atención sin sorprenderse ni alterarse, se acariciaba la barbilla con la mano derecha y con la izquierda sostenía una rama casi seca, delgada y con hojas largas. Cuando mi mamá hubo terminado su historia, el Chaman se levantó y caminó alrededor del recinto como buscando algo en la colección de hierbas y ungüentos que tenia en algunos estantes en las paredes.

– Si definitivamente es un conjuro llanero, la serpiente es la asesina de la Luna, el satélite nos protege de ciertos hechizos, los brujos se sirven de estos animales para apagar su manto de luz.

– ¿Puede arreglarlo? – pregunto Diana mostrándose escéptica

– Si, solo necesito un poco de albahaca, de ruda y de pasote, con eso les haré un despojo, claro está, si piensan pagar por él.

– Pagaremos lo que sea – le contestó mi madre muy afanada

– Eso imaginé, con este baño ustedes cuatro quedaran protegidas del maleficio de las energías negativas de las serpientes…solo ustedes

El brujo se levantó, tomó unas hierbas que estaban colgadas en el techo, las metió en una tinaja de barro llena de lo que parecía agua hirviendo, se arrodilló y dijo:

– Seres condenados, espíritus vivos del presente y del pasado, todos ustedes que se mueven a nuestro alrededor llorando los errores que cometieron, si realmente buscan limpiarse de sus culpas y marchar al lago de aguas tranquilas donde descansan quienes en su efímera vida lograron obrar con rectitud, les pido que usen su constante movimiento para proteger a estas cuatro mujeres que intentan dejar de caer en el abismo oscuro de su propia perdición. Espíritus penantes libérenlas de esta carga y yo les daré paz. – En ese momento puso sus manos sobre su rostro y se inclinó en actitud meditativa, siguió hablando un poco mas suave, como si rezara pero con la clara intención de que le oyéramos – Negra serpiente ondulándose, el infierno te acompaña, muerte a su paso, angustia y dolor sumiendo a los inocentes en una larga e insoportable agonía, la oscuridad se apodera de la Tierra haciendo llorar hasta la indestructible roca, oculta al sol y en la noche, mientras los cuervos sobrevuelan los bosques, mancha de sangre y fuego las blancas paredes de la conciencia y hace que el mas puro de los seres, la Luna, se maldiga a si misma y oculte la luz que guía los pasos de los viajeros y hace uniones indestructibles entre los ojos del hombre y la mujer.

Se levantó de repente, tenía un aspecto diabólico, todas nosotras estábamos temblando de miedo, Mónica rezaba y mis manos sudaban de los nervios. El chaman se levantó, tomó las hierbas y empezó a batirlas con el ánimo de sacarlos con el agua de su conjuro.

– Purificadas quedarán y la Luna volverá a brillar para ustedes, el agua de manantial amazónico alejara por completo la serpiente y quedarán libres del hechizo que las ha marcada, desde hoy en adelante estarán protegidas por los espíritus del ayer y del hoy. ¡La Luna brillará!

Luego de esto empezó a susurrar en una lengua para mi desconocida. Se arrodilló ante nosotros y pendulaza su torso sin dejar nunca de sacudir las ramas y, los rayos de luz que entraba en el lugar y hacían visible su figura fueron desapareciendo de una manera extraña. Yo me sentía mareada, quizás por el conjuro, quizás por el humo de aquel sitio, sabia que no era el mejor ambiente para una persona con mis problemas de salud pero tampoco podía disgustar a mi madre saliendo de allí. El brujo detuvo su actividad y lanzó un grito estruendoso, como si lo hubiese acompañado un trueno, y con esto finalizo el ritual.

Nos marchamos del recinto después de que mi mamá pagara una elevada suma al chaman que se despidió muy alegre, con los billetes en la mano. Volvimos a nuestro hogar en completo silencio, nadie ni siquiera Diana se atrevió a decir una palabra acerca del aterrador conjuro. Cuando nos aproximábamos a nuestra casa nos encontramos al nuevo vecino, estaba agitado mostraba señales de una gran preocupación, cuando vio a Mónica corrió hacia ella y le dijo:

– Perdón por molestarte, pero acaba de ocurrir algo muy grave, necesito ayuda.
– Claro, dime que pasó – le contestó mi hermana con romántica compasión.
– Se me acaban de escapar unas serpientes por el techo de mi casa, son venenosas y no se que rumbo pudieron haber tomado.
– ¡Serpientes! – gritó mi madre
– ¿A quien se le ocurre tener serpientes como mascotas? – le dijo Diana bastante malhumorada
¬– No lo regañes – interrumpió Mónica – él tendrá sus razones, lo importante ahora es hablar con los vecinos y encontrar a esos animales.
– Muchas gracias por tu ayuda – le dijo el hombre tomándola de sus manos – mi nombre es Diego Avendaño, soy biólogo y mi especialidad es la toxicología. Estoy trabajando con la Sociedad de Cancerología, analizo la posibilidad de usar el veneno de las serpientes para tratar el cáncer. El veneno de ciertos ofidios contiene una proteína conocida como “desintegrina”, esta es capaz de inhibir ciertos procesos en la membrana celular que son responsables de la proliferación y migración de las células cancerosas, es decir, las desintegrinas podrían detener la metástasis y retardar la multiplicación de células en ciertos tipos de cáncer como los melanomas y la leucemia. Todavía estamos haciendo pruebas in Vitro, e intentando descubrir la estructura de esta sustancia para poder sintetizarla artificialmente ya que seria inviable aislar la proteína directamente desde el veneno para producción de un tratamiento en masa. Por eso traje tres serpientes de las especies Bothrops jararaca, Agkistrodon rhodostoma y Trimeresus flavoviridis. Algo ocurrió con el vidrio de la caja donde estaban, seguro fueron los que cargaron mis cosas. No se que voy a hacer, estos animales me pueden costar un ojo de la cara.

Una frase me retumbó en la mente en ese momento: << Ustedes cuatro quedaran protegidas del maleficio de las energías negativas de las serpientes…solo ustedes>> eso fue lo que nos dijo el brujo. Entonces salí corriendo hasta mi casa, entré y subí rápido las escaleras hasta llegar a la terraza, y allí la vi

Una muñeca de trapo y unas tazas de juguete desordenada, y en el suelo estaba Laura, mi pequeña sobrina, sus ojos estaban blancos y su cuerpo se sacudía constantemente, sobre su rostro todavía se delineaba el curso de sus lagrimas y a su alrededor todavía estaba aquel animal, una serpiente larga y delgada, de color gris con marcas trapezoidales de un color pardo oscuro, su lengua bífida entraba y salía de su boca, y sus ojos parecían mirarme como diciendo que yo sería la siguiente. Me quedé inmóvil, el dolor de ver a Laura en ese estado y el terror de ver a la serpiente en frente me impidieron reaccionar.

El reptil ya estaba muy cerca de mi cuando Diego llegó con Mónica y Diana, el hombre tomó la serpiente por su cabeza y mi hermana Mónica me tomó del brazo, en ese momento me desmayé. Cuando abrí los ojos estaba en un hospital, había una enfermera poniéndome una inyección, no muy conciente le pregunté:

– ¿Qué ocurrió? ¿Cuánto tiempo llevo aquí?
– Un mes, en cualquier persona solo hubiera sido un desmayo pero en su condición ha sido realmente difícil estabilizarla.
– ¿Qué le pasó a mi sobrina? – le pregunté al recordarlo todo.
– ¿La niña de la mordedura de serpiente?...lo siento pero no pudimos hacer nada.

No tenía fuerzas para llorar, me enfurecía todo lo ocurrido: la maldición, el brujo, el científico y la serpiente, me sentía impotente

– Soy yo quien debió haber muerto – susurré
– No diga eso señorita – me contestó la enfermera con mayor amabilidad que la mostrada antes - ¿sabe? Lo que le estoy aplicando es un fármaco nuevo que tiene un componente proteico desintegrador, la Sociedad de Cancerología asegura que aumentará en gran cantidad el tiempo de vida saludable de las personas con cáncer. Es difícil pensar que el dueño de la serpiente que le dio muerte a su sobrina sea también el dueño de la patente que le está dando vida a usted ¿no cree?

FIN

"Joseph Michell Telemann - Julio de 2012"