Texto publicado por Remedios Calderón

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"La dopción" Autora: Remedios Calderón Guirado

La adopción

Teresa y su marido deseaban con todo su corazón tener un hijo. Ya llevaban quince años esperando ser padres pero la materialización de ese deseo les había sido negada por la providencia.
A veces se sentían muy desanimados y melancólicos y olvidando todo lo bueno que tenían, se dejaban arrastrar por la tristeza de no tener hijos para cuidar y amar.
Un día Jorge y Teresa tomaron una decisión. Adoptarían un bebé.
A partir de ese momento, la pareja soñaban en voz alta: Yo quiero que sea un niño, dijo Jorge. Y yo quiero que sea rubio, añadió Teresa.
Marido y mujer se aconsejaban mutuamente: Le enseñaremos a ser muy educado y amable. Lo inscribiremos en algún deporte que le guste. Le aconsejaremos que elija una buena carrera universitaria.
Entusiasmados por la feliz idea, se informaron de todos los pasos a seguir y pusieron manos a la obra.
Y una vez tramitada toda la documentación requerida, llegó el esperado día de ir al centro de adopción.
La responsable del centro les recibió y después de supervisar el informe de idoneidad y los datos de vivienda, trabajo y estado civil les informó que aunque ellos reunían todos los requisitos necesarios para ser padres adoptivos, tendrían que esperar de tres a cuatro años para poder adoptar un niño varón y una media de más de dos años para poder adoptar una niña.
Tras MUCHO DELIVERAR, Jorge y su esposa pidieron tener a su hijo adoptivo lo antes posible sin importarles el sexo o la condición física.
Habían esperado aquella llamada por más de ocho meses, cuando finalmente el teléfono sonó. La secretaria del centro de adopción les informó de una niña de solo tres semanas que esperaba ser adoptada.
Teresa y Jorge no cabían en sí del gozo que sentían y apresuradamente se arreglaron y fueron al centro para adoptar a su pequeña.
La directora del centro les advirtió que aquella niña nunca sería mayor pues su retraso mental era profundo y siempre sería como un bebé. Nunca aprendería cosas complicadas. Solo sabría comer y jugar. Todo lo demás, ellos tendrían que hacérselo, igual que se le hace a una niña de meses.
Esta información les dejó muy perplejos pero no obstante decidieron conocer a la pequeña.
Acostada en su cuna, aquella criaturita parecía una muñeca: Sus ojos eran achinados, su pelo era negro como el azabache y su carita blanca con mofletes rosados.
Jorge, comentó Teresa tomando a la niña entre sus brazos, ¡Es el bebé más bonito que he visto nunca! ¿No te parece?
Sí querida, Yo pienso lo mismo, dijo Jorge mirando con cariño a su esposa al tiempo que acariciaba el pelo a la pequeña.
Los nuevos papás amueblaron, decoraron y adaptaron su hogar para recibir a aquel regalo del cielo y comenzaron su vida juntos..
Cuando Daisy cumplió dos años, sus papás celebraron su cumpleaños con una hermosa tarta de color blanca, rosa y verde en la que pusieron dos velitas.
Le habían estado enseñando a Daisy a soplar las velas y ella hizo el gesto pero como las velas no se apagaron, su papá terminó el trabajo.
Tras el aplauso de Jorge y Teresa, Daisy dijo por primera vez: papá.
Jorge no podía describir con palabras lo que sentía. Se abrazó a su esposa y los dos abrazaron a Daisy transmitiéndoles el deseo de que aquella palabra fuese la primera de muchas que ella dijese.
Cuidar y educar a Daisy tenía sus dificultades pero con compensaciones como esta merecía la pena.