Texto publicado por Jaime Nelson Arboleda Barrera

Aviación sin barreras del 17 de septiembre.

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Saludos cordiales.

El Viejo Aviador.

Aviación sin barreras, Jueves 17 de septiembre de 2020.
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Jueves, 17 de septiembre de 2020.

Buenos días estimados amigos:  Si a las palabras se las lleva el viento como reza el refrán, sería difícil pensar que así intangibles, etéreas puedan contener
algo físico, concreto, real. 

Pero eso es justamente lo que logra el poder de convencimiento de Kafka ante un acontecimiento tan dramático, como el desbordamiento de las lágrimas de
una niña ante la terrible desaparición de su muñeca preferida.

Actúa urgente su desesperación y verbo para represar el irrefrenable poder acuoso de la infantil pena, y luego con mágico genio e inventiva una serie de
tiernas y emocionantes misivas ya no del autor de la “Metamorfosis”, sino de la muñeca que ha cobrado conciencia y vida bajo la creativa pluma del desahuciado
autor, logran algo aparentemente imposible, secar aquella avalancha de pena y lágrimas hasta transformar sus emociones en una colorida primavera de rebosante
alegría.  Pocas son las obras que por sí solas se van ganando el derecho a ser leídas una y otra vez, y ese es el palmarés que bien logrado lo tiene Jordi
Sierra i Fabra en “Kafka y la muñeca viajera”.

Título:  Kafka y la muñeca viajera.

Autor:  Jordi Sierra i Fabra.

Nota de contraportada:  Un año antes de su muerte, Franz Kafka paseando por el Parque Steglitz en Berlín, encontró una niña que lloraba desconsolada, había
perdido a su muñeca.  Para calmar a la pequeña, el autor de “La metamorfosis” se inventó una peculiar historia:  La muñeca no se había perdido, se había
ido de viaje, y él convertido en cartero de muñecas tenía una carta que le llevaría al día siguiente al parque.

Aquella noche Franz, escribió una de las muchas cartas que durante tres semanas entregó a la niña puntualmente, narrando las peripecias de la extraordinaria
muñeca desde todos los rincones del mundo.

Según cuenta Dora Dymant, su compañera en aquellos días, el estado febril con el que Kafka escribía esas cartas era comparable al de cualquiera de sus
inmortales obras.

Este es el relato de aquella experiencia en la que Franz Kafka, fue un mago de la palabra para una niña desconocida y de la que jamás volvió a saber nada,
como tampoco de aquellas cartas que constituyen uno de los misterios más hermosos de la narrativa del siglo XX.

Acerca del autor:  Jordi Sierra i Fabra, Barcelona 1947, es uno de los nombres más reconocidos en literatura infantil y juvenil.  Ha ganado numerosos premios
a lo largo de su carrera literaria, entre ellos el Premio Nacional de Literatura infantil y Juvenil, por “Kafka” y “La muñeca viajera”; Premio de novela
de Torrevieja por “Sombras en el tiempo”; y Premio Gran Angular por tres ocasiones:  “El cazador”, “En un lugar llamado Tierra” y “El último ser”; sin
embargo, el premio del que más orgulloso se siente es el cariño de sus lectores.

Cabe destacar sus novelas “Campo de fresas”, “Noche de viernes”, “, “El joven Lennon”, “La fábrica de nubes”, “El asesinato del profesor de matemáticas”
o “Las chicas de alambre” y ha publicado también “Banda sonora”.

Cita 1.

“Los paseos por el Parque Steglitz eran balsámicos y las mañanas tan dulces, parejas prematuras, parejas ancladas en el tiempo, parejas que aún no sabían
que eran parejas, ancianos y ancianas con sus manos llenas de historias y sus arrugas llenas de pasado buscando los triángulos de sol, soldados encadenados
de prestancia, criadas de  impoluto uniforme, institutrices con niños y niñas pulcramente vestidos, matrimonios con sus hijos recién nacidos, matrimonios
con sus años recién gastados, solteros y solteras de miradas esquivas, solteros y solteras de miradas procaces, guardias, jardineros, vendedores.

Cita 2.

“El llanto de la niña fuerte, convulso, repentino hizo que Franz Kafka se detuviera.  Estaba muy cerca de él a pocos pasos, y no había nadie más a su alrededor,
no se trataba pues de una disputa entre pequeños o un castigo de la madre, ni siquiera de un accidente, porque la niña no tenía signos de haberse caído”.

Cita 3.

“Lloraba de pie, desconsolada, tan angustiada que parecía  reunir en su rostro todos los pesares y las congojas del mundo.  Franz Kafka miró arriba y abajo…
nadie reparaba en la niña, estaba sola.  Se quedó sin saber qué hacer, los niños eran materia reservada, entes de alta peligrosidad, un conjunto de lágrimas
y risas alternativas, labios y energías a flor de piel, preguntas sin límite y agotamiento absoluto”.

Cita 4.

“Su cabello era largo, oscuro y lo recogían dos primorosas trenzas.  Era guapa, como todas las niñas pequeñas, guapa por ser primavera de la vida, aunque
ahora aquellas lágrimas convirtieran su rostro en una suerte de espantosa fealdad.  Franz Kafka permaneció quieto… ¿Qué hacía allí una niña tan sola, se
había perdido?  Si era así, tendría que tomarla de la mano, tranquilizarla y buscar juntos un guardia para que la tranquilizara”.

Cita 5.

“Nunca había visto ni oído llorar a nadie de aquella forma.  Se resignó, porque muchas veces la vida no dejaba alternativas, era ella la que marcaba el
camino.  Así pues, dio el primer paso en dirección a la pequeña, se quitó el sombrero para parecer menos serio e iluminó el rostro con la mejor de sus
sonrisas”.

Cita 6.

“Los ojos eran dos lagos desbordados y los ríos que fluían de ellos formaban torrentes libres, que resbalaban por las mejillas hasta el vacío abierto por
la barbilla.  Hizo dos, tres pucheros antes de responder:  Hola, ¿Qué te sucede?  No lo miró con miedo, pura inocencia, cuando la vida florece todo son
ventanas y puertas abiertas, en sus ojos más bien había dolor, pena, tristeza”.

Cita 7.

“Y si el fuese un monstruo, un asesino de niñas… Así pues no te has perdido, quiso dejarlo claro.  Yo no, ya se lo he dicho, suspiró la pequeña.  ¿Quién
entonces?  Mi muñeca, las lágrimas detenidas momentáneamente reaparecieron en los ojos de su dueña, recordar a su muñeca volvió a sumirla en la más profunda
de las amarguras.  Franz Kafka intentó que diera ese paso atrás.  ¿Tu muñeca? Repitió estúpidamente.  Sí.  Muñeca o no, hermano o no, eran las lágrimas
más sinceras y dolorosas que jamás hubiese visto”.

Cita 8.

“No sabía cómo hablarle a una niña, y más a una niña que lloraba porque acababa de perder a su muñeca.  ¿Dónde la has visto por última vez?  En aquel banco. 
¿Tú que has hecho?  Jugaba allí, le señaló una zona en la que había niños jugando.  ¿Y has estado allí mucho tiempo?  No sé”.

Cita 9.

“La situación era real, la relación de una niña con su muñeca es   de la más fuerte del universo, una fuerza descomunal movida por una energía tremenda,
entonces, de pronto Franz Kafka se quedó frío, la solución era tan sencilla, al menos para su mente de escritor”.

Cita 10.

“Espera, espera, ¡Qué tonto soy!  ¿Cómo se llama tu muñeca?  Brígida.  ¡Brígida, por supuesto! Soltó una risa de lo más convincente, es ella sí, no recordaba
su nombre, perdona, qué despistado soy yo a veces, con tanto trabajo.  La niña abrió sus ojos.  Tu muñeca no se ha perdido, dijo Franz Kafka alegremente”.

Cita 11.

“La mirada fue incrédula, la sorpresa total, pero era una niña, los pequeños quieren creer, necesitan creer.  En su mundo no existe todavía la desconfianza
humana, es un universo de soles y lunas, días encadenados llenos de paces, amores y caricias”.

Cita 12.

“Tenía 40 años, así que para la niña era un viejo, claro que con su quebradiza salud probablemente lo fuese en realidad.  Cómo no iba a ser un viejo prematuro,
alguien que estaba retirado del mundo y jubilado  desde hacía ya un año debido a su tuberculosis”. 

Cita 13.

“Se sentaron en el banco y de entrada se sintió muy aliviado, al comprobar que había logrado detener las lágrimas de su compañera, ni los paseantes más
cercanos los miraban, estaban a salvo.  ¿Tú te llamas? Fingió ser despistado.  Elsi.  ¡Elsi, claro! Naturalmente que era tu muñeca, porque la carta es
para ti.  ¿Qué carta? La que te ha escrito, explicándote porqué se ha ido tan de repente, pero con las prisas me la he dejado en casa, mañana te la bajaré
y podrás leerla… ¿De acuerdo?”.

Cita 14.

“¿Cuánto hace que era tu muñeca?  Siempre ha sido mi muñeca, toda la vida.  Sí, pues esa es la razón.  ¿Por qué?  ¿Tienes hermanos o hermanas mayores? 
Sí.  ¿Alguno se ha casado?  No.  ¡Oh, vaya! Pero mi prima Ute sí y no se marchó de casa de sus padres.  Sí, pues lo mismo ha hecho Brígida, está en la
edad en que las muñecas han de emanciparse.  No estaba seguro de si su era comprensible para la niña, pero no conocía otro”.

Cita 15.

“Quiero decir que a todos nos llega el momento de irnos de la casa de nuestros padres para viajar, conocer la vida, el mundo… tal vez un futuro maravilloso. 
Nunca me lo dijo, Elsi seguía con los morritos prietos, rozando la recaída en su desconsuelo.  Puede que se le olvidara o que no la entendieras.  ¿Hablaban
las niñas a sus muñecas?  Sin duda sí, que oían que las muñecas les hablaban a ellas?  También, no podía dejar en mal lugar a la intrépida Brígida y decirle
a Elsi que la vida era así”.

Cita 16..

“El mayor absurdo depende de la sinceridad con que se cuenta.  ¿Y por qué le ha escrito a usted mi muñeca?  Era la segunda pregunta clave, y también estaba
preparado para ella.  Porque soy cartero de muñecas, dijo sin pestañear”.

Cita 17.

“Franz Kafka estaba seguro de que por la mañana, ella despertaría y haría lo que fuese, jugar, estudiar, ir a la escuela, lo que tuviese por costumbre,
pero al llegar la hora correría hasta el Parque Steglitz en su busca.  Tenía una cita, la más inesperada, por supuesto que te entregaré la carta de tu
muñeca, confía en mí”.

Cita 18.

“Sin aquella carta, Elsi crecería con el trauma más duro, su muñeca la había abandonado.  Si lo hacía mal, Elsi tal vez desatara en su alma la frustración
de rechazo.  Si no cumplía con su palabra y acudía a la cita del día siguiente sin la carta prometida, Elsi jamás volvería a creer en la naturaleza humana. 
Estaba en juego una esperanza, lo más sagrado de la vida, Franz Kafka sintió el hormigueo en sus manos, el nacimiento de las alas de Ícaro que le elevaban
a esos mundos solo posibles en su mente inquieta, inquietante”.

Cita 19.

“El tiempo había transcurrido perezoso a lo largo de aquella última hora, como si las manecillas estuviesen quietas, en huelga, incapaces de moverse y
progresar.  Cada vez que miraba el reloj, se le antojaba que en vez de avanzar, jugaban con su paciencia.  Llegó a contar mentalmente hasta 60, despacio,
para asegurarse que pasaba un minuto.  Por su cabeza aún revoloteaban las palabras de Dora:  Eres increíble, todo esto por una niña desconocida.  Desconocida
no, se llama Elsi.  No sé si eres un santo o estás loco querido, a veces pensaba que las dos cosas”.

Cita 20.

“Después de estos años a tu lado, soy la muñeca más feliz que existe, porque mi energía reboza, quiero que estés contenta y mucho, porque todo lo que soy
te lo debo a ti, tú me has cuidado, me has enseñado, me has querido y me has hecho ser una buena muñeca”.

Muy atentamente.

Luis Eduardo Cueva Serrano.

Aviación sin barreras.

Quito, Ecuador, Sudamérica.