Texto publicado por Jorge García Leal

DERRIBANDO BARRERAS ACTITUDINALES: crónica de una investigación médica.

“Primero tenemos que derribar las barreras actitudinales de nuestras mentes y luego derribar las barreras externas que no son pocas, para convencer con calidad cuando pocos tienen el conocimiento sobre un tópico en particular…”

INTRODUCCIÓN.

Cuando yo trabajaba en el Hospital General de Acapulco, en el Servicio de Cirugía y seguía la línea terapéutica de la Institución, veía realmente que en aquella época, si había en el piso de cirugía un paciente con cáncer gástrico o de colon, me da igual, según sea del estómago o del intestino grueso, las únicas soluciones que podíamos ofrecer era la quimioterapia, radioterapia y cirugía, o la combinación de todas o algunas de ellas.
Pero éstas, realmente resultaban ser una terapia muy agresiva para el paciente: mutilaciones, infecciones postoperatorias, náuseas, vómitos, pérdida del cabello, en algunos casos pérdida de los dientes, descalcificación de los huesos, pérdida de peso, dolores terribles, afección a la médula ósea con disminución de la hematopoyesis (producción de las células de la sangre), inmunodepresión, etc.
Claro, te planteabas… ¿Cómo conseguir que el paciente que estaba en tratamiento sufriera menos y cómo hacer que el tratamiento fuera más eficaz?
Y cómo, tanto la terapéutica quirúrgica como médica, tiene sus altibajos, me dediqué a buscar alternativas que ayudaran en los tratamientos tradicionales por lo menos, si no era posible, encontrar mejores.
Si a esto le agregamos que personalmente he tenido 2 hermanos fallecidos por cáncer, ambos tratados tradicionalmente y que durante su tratamiento se vieron muy afectados por los efectos tóxicos tanto de la radioterapia como de la quimioterapia, contribuyeron a la investigación de otras opciones.

El principio…
En 2016, Hace 4 años, a mi hermano José le diagnosticaban cáncer de vejiga. Como el tratamiento convencional a base de quimio o radioterapia, tiene efectos tóxicos adversos y poco favorables, busqué en la literatura otras alternativas que, en la intención de erradicar la enfermedad, afectara lo menos posible al paciente. Es así que encontré suficiente información sobre la inmunooncología o inmunoterapia.
Esta herramienta terapéutica tiene como principio central, combatir al cáncer desde el interior del organismo a través del sistema inmune (nuestro sistema de defensa) sin la necesidad de radiar o administrar los medicamentos quimioterápicos.
Su finalidad es mejorar la respuesta defensiva del cuerpo mediante el empleo de anticuerpos monoclonales e inmuno-moduladores que refuerzan la función inmunológica desconociendo al cáncer, como propio. Lo que me pareció absolutamente lógico, además de no afectar a las células y tejidos sanos. Sin embargo, esta terapéutica en nuestro país no está disponible en las instituciones de salud pública y en el medio privado, es poco frecuente además de ser muy costosa.
Todo parecía indicar que mi hermano tendría que aferrarse a las terapias convencionales que ofrece la oncología tradicional: cirugía, en caso de que el tumor tenga criterios de resecabilidad, quimio o radioterapia, o ambas a la vez.
Pensaba metafóricamente que el tratamiento del cáncer seguía ligado a mi pasado: la guillotina (cirugía), la hoguera (radioterapia) o el envenenamiento (quimioterapia), pero… con resultados cuestionables e incluso fatales.
No obstante me encontré con una palabra que llamó mi atención: “Betaglucanos”.
A pesar de los años de servicio, nunca la había escuchado antes y sinceramente no sabía lo que realmente eran.
Después de revisar más de media centena de publicaciones médicas indexadas, quedé muy sorprendido de sus propiedades biológicas…
Regresando al caso de mi hermano José, al que yo llamaba cariñosamente don Pepe ya que él se dirigía a mí como el doctor, se le sometió a una resección transuretral del tumor vesical. Durante su evolución postoperatoria surgió una complicación derivada de la perforación de la uretra bulbar, que pasó desapercibida.
Los resultados no se hicieron esperar cuando, al retirar la sonda de Foley, la orina procedente de la vejiga escapó a los tejidos periuretrales, acumulándose en las regiones perineales, perianales y en el pene, con la consabida retención aguda de orina.
Algunos días después la infección apareció causando necrobiosis del tejido cutáneo del pene. Se le administraron antibióticos endovenosos del tipo de las quinolonas y cefalosporinas de tercera generación. Además de analgésicos, antinflamatorios, por más de 10 días. Se le sometió a varios lavados mecánicos en quirófano y curaciones en su cama cada 8 horas.
Finalmente se recuperó… pero los tejidos que inundó la orina que se escapó por la perforación uretral permitió la siembra del tumor y meses más tarde, el crecimiento de masas tumorales que, le fueron diagnosticadas como cáncer vesical metastásico.
Ahora el pronóstico había cambiado y no le quedó más remedio que aceptar el tratamiento tradicional… entonces se le sometió a quimioterapia sistémica.
La evolución de su enfermedad pese al tratamiento agresivo empleado, lo terminó situando en el tipo de paciente que ya no es candidato más que a cuidados paliativos… mi hermano murió a los dos meses de haberse iniciado la quimioterapia. Su deterioro fue tal, que en ese lapso de tiempo perdió más de 30 kilos y por si eso no fuera suficiente, sufrió los efectos indeseables y adversos de la medicina alópata.
Nunca conoció los Betaglucanos… y como los hubiera, no existen, hoy, estoy seguro que descansa en paz… y mis otros hermanos y yo, vivimos también en paz, convencidos de que lo acompañamos, hasta el final con amor.
Con más ahínco me propuse terminar con la investigación sobre los Betaglucanos y con este nuevo conocimiento me motivé para preparar una conferencia médica sobre este tópico y así lo hice… pero no la tenía fácil…

La discapacidad…
En marzo de 2009, en la cúspide de mi carrera profesional como cirujano gastroenterólogo de alta complejidad y de trasplantes, ingresé al Hospital “Vicente Guerrero” localizado en la ciudad y puerto de Acapulco (lugar de mi residencia) en artículo mortis. La consecuencia, un derrame cerebral que me mantuvo en la Unidad de Cuidados Intensivos por casi un mes, inconsciente y con asistencia ventilatoria mecánica. Finalmente, no colgué los tenis, como solemos decir en este maravilloso país y gracias a Dios, tuve la oportunidad de recuperarme, aunque… con la secuela de discapacidad visual total bilateral (ciego total).
Comenzar a vivir sin el órgano visual, se vio obstruida por la falta de servicios de apoyo para las personas en esta situación de discapacidad, en mi lugar de residencia.
El aprender Braille, tampoco ayudaba mucho a mi persona, ya que las publicaciones médico científicas no se imprimen en la secografía de puntos en relieve y cuyo inventor Louis Braille nos compartió hace más de 200 años, favoreciendo la inclusión de las personas con discapacidad visual y su accesibilidad a la información. Así que hubo de recurrir a la “tiflotecnología”.
“Tiflo” proviene del griego y etimológicamente significa “ciego”. Al agregar la palabra tecnología, se da por hecho a lo que se refiere. Es, ni más ni menos, la tecnología aplicada al apoyo de las personas con discapacidad visual. Afortunadamente en la Biblioteca Pública Juan José Arreola de la UDG, existe un área de tiflotécnia cuyo responsable es la Lic. Gema Pérez Hermosillo.
Gracias a la tiflotecnología pude aprender a manejar el ordenador con el teclado y a verlo con el oído.
Navegar en internet se convirtió, entonces, en una práctica común para mí y tuve acceso a la información médica continua, a través de revistas médicas indexadas.
Con todo este bagaje de conocimientos, preparé mi retorno a los escenarios médicos, ya que desde 2009 tuve que ausentarme de los quirófanos así como de la práctica de la medicina.

Los resultados…
En el vigésimo tercer Congreso Estatal de Cirugía, del Colegio Guerrerense de Cirujanos realizado en el mes de septiembre de 2018, tuve la oportunidad de presentar los resultados de mi investigación, pese a la discapacidad.
En dicho Congreso presenté la conferencia “Betaglucanos: una opción adyuvante en la terapia médica quirúrgica”.
Un año después, en septiembre del 2019 presenté en el Vigésimo cuarto Congreso Estatal de Cirugía del Colegio Guerrerense de Cirujanos, la conferencia “Nuevos paradigmas de la fisiopatología y nutrición celular”.
Seguía enfrascado en la búsqueda de alternativas para el tratamiento efectivo contra el cáncer y entendía que para poder resolver el problema, primero tenía que entender el problema.
Entonces me cuestioné… ¿Qué es el cáncer…?
Bueno, pues te dicen que son unas células que se han vuelto malas…
Bueno, si… ¿pero por qué?
¡Ayer no eran malas… y hoy si lo son!
Algo ha hecho que estas células degeneren, algo ha hecho que estas células se enfermen.
¿Qué es lo que hay? Nadie da la contestación.
Pasa el tiempo, indagas, te mueves, estudias medicina ortomolecular, citoterapia, homotoxicología, homeopatía, dietética y nutrición, así como su relación con la microbiota y el microbioma humano, que son cosas que en la Facultad de Medicina no nos enseñan.
Por otro lado, la reflexión concienzuda de los resultados obtenidos durante mi práctica profesional quirúrgica, a veces muy buena, otras, no tan buena y, por qué no decirlo, otras terriblemente malas y a veces fatales, me llevaron a replantear en mis circunstancias actuales, un nuevo proyecto que inicialmente tenía la finalidad de respetar el concepto de “Primum Non Nocere” (primero no hacer daño).
En mi búsqueda me encontré con publicaciones de científicos extraordinarios. La lectura de la tesis doctoral titulada: “Matrix and Matrix Regulation: Basis for a Holistic Theory in Medicine” publicada en 1991 por el Dr. Alfred Pischinger, anatomopatólogo y catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Viena, Austria, me brindaron una nueva visión de todas las enfermedades.
El Dr. Pischinger plantea que la enfermedad empieza alrededor de la célula y no en la célula. Es el entorno celular el responsable de que la célula se enferme… bien por fallo renal, bien por fallo hepático, bien por fallo pulmonar o bien por fallo multisistémico… ¡Todos a la vez!
¿Qué es lo que están filtrando estos órganos? Los residuos metabólicos de las células.
Con base en que el entorno celular (espacio intersticial) es el que se altera por depósito de radicales ácidos libres generando acidosis metabólica extracelular, se puede explicar la fisiopatología de todas las enfermedades. Ahora las células enfermas tienen dos caminos… o se adaptan o mueren.
“Gracias a las personas con las que compartí el placer y la oportunidad de capacitar y aprender, aprendí por fin: que no siempre enseña mejor el que sabe más, sino el que mejor aprende; que quien capacita no tiene la verdad absoluta; que cualquier aspecto se puede estudiar y analizar desde diferentes perspectivas y todas aportan algo nuevo o distinto; que la visión general es mejor que la particular; que con frecuencia no sólo enseña más el que mejor aprende, sino que más aprende el que aprende con los demás. De lo anterior, he logrado la profunda convicción de compartir lo que sé, lo que pienso y lo que soy, convencido también de que cualquier conocimiento sólo existe cuando se comparte…”
Otro conocimiento que adquirí a esta nueva visión de la enfermedad son los nuevos descubrimientos relacionados con la microbiota intestinal y el microbioma humano. los resultados de esta investigación los presenté con el título: “El Microbioma humano, amigo o enemigo”, en el curso transcongreso de fisiopatología en el Congreso Nacional de Cirugía de la Asociación Mexicana de Cirugía General en la ciudad de León, Guanajuato en octubre de 2019.
Ampliando este concepto para dejarlo claro, la microbiota son los microorganismos que nos acompañan desde que nacemos hasta que morimos y que hospedamos en diversos nichos ecológicos como las mucosas oral, respiratoria, intestinal, auditiva, conjuntival, vaginal y en la piel. Pero lo más sorprendente de nuestra microbiota (otrora denominada flora) es que interactúa con nuestro genoma celular. Sorprendido, pues sí, tenemos dos genomas: el genoma de nuestras células que se compone de 28 mil genes y el genoma de los microbios que da alrededor de 20 millones de genes. Por lo que el intercambio activo entre nuestros genes celulares y los genes de los microorganismos que hospedamos, nos ofrecen un sin número de alternativas para mantenernos libres de enfermedad. Por otra parte, un dato relevante es que solo un tercio de nuestra microbiota intestinal es común a la mayoría de la gente, mientras que los otros dos tercios son específicos en cada persona. En otras palabras, podríamos describirla como el carnet de identidad personal, por lo que puede caracterizarnos a cada uno de nosotros, como lo hace nuestra huella dactilar.
La paradoja resulta interesante… “Lo que nos hace realmente humanos es la interacción que resulta del intercambio del ADN de nuestras células con el ADN de los microorganismos que hospedamos”. ¿Qué maravilla, no te parece?
Esto cambia nuestra concepción filosófica de lo que es el ser humano: si nuestro cuerpo no es completamente “nuestro”, ¿debemos comenzar a pensarnos como pequeñas colonias de microorganismos? ¿Cómo transportadores gigantes de bacterias? En todo caso, tal vez la evolución no nos dotó a los humanos de microbiomas, sino que dotó a los microorganismos de recipientes capaces de alimentarlos y albergarlos, mientras encuentran mejores formas de sobrevivir y prosperar.

LA PANDEMIA EN EL AÑO 2020.

A pesar del dolor y de lo controversial de este tiempo sociohistórico de pandemia global por la COVID-19, la ciencia trabaja como nunca unida y desclasifica: Hay más dudas que certezas en todo lo que se ha hecho hasta ahora para enfrentar la pandemia.
La pandemia está caracterizada porque estamos viviendo un momento de gran incertidumbre. Si lo analizamos desde el mecanismo de producción de la enfermedad, lo que se llama la fisiopatología del virus, la verdad que nada está claro. No está claro cómo este virus enferma a las personas; no está claro por qué afecta a algunas edades y a otras no; no está claro por qué algunas personas levantan anticuerpos y un tercio de las personas no lo hacen. No se sabe cuánto va a durar la inmunidad; no se sabe si vendrá una segunda ola de pandemia o nos quedaremos aquí. Algunos piensan que el virus tiene un ciclo de vida determinado y se acaba después de un tiempo. Desde el punto de vista de la enfermedad en sí misma hay muchas dudas y pocas certezas. Y esto también se hace extensivo a los tratamientos.
Por otro lado, se instaló un dilema difícil de romper entre economía y salud y pienso que debe primar el consenso entre las partes, para abordar el problema de la pandemia de manera sistémica.
Ahí emerge un conflicto que se esboza en tres situaciones o grupos: hay un grupo de personas que piensan que salvar la vida es lo fundamental; hay otro grupo que piensa que cuidar la economía es más importante que salvar la vida. Y hay un tercero que responde a defender las libertades individuales y a supuestas intromisiones a la intimidad por razones sanitarias. Se agrega en paralelo, que habrá muchos enfermos que no van a atenderse al centro hospitalario y se morirán de otras enfermedades y no por la COVID-19. En esta situación tan dramática para la humanidad lo que uno esperaría es que existieran acuerdos fundamentales en temas importantes, y renunciar a sostener lo que piensa cada sector. Es más importante un acuerdo de los políticos y ciudadanos, y no utilizar la pandemia como un argumento político, lo que expresa una gran miseria.
Es evidente que cambió mucho la relación entre los científicos con la pandemia por el SARS-COV-2, hay más apertura, colaboración e intercambio en todas las áreas de la ciencia y la investigación. Hay proyectos incluso en los cuales compañías o universidades que habitualmente se preocupan por la propiedad industrial, han abierto toda su información y deliberadamente han decidido no patentar los productos que están investigando.
Luego de más de cinco meses desde que estalló la pandemia en el mundo, el “paquete” de tratamientos que se han ido probando, pero que aún no han podido demostrar nada muy concreto, han generado más preguntas que respuestas.
Empiezo por enumerar las primeras experiencias, la Hidroxicloroquina, con la asociación de antivirales como el Ritonavir y Lopinavir (la asociación de ambos se llama Caletra), los trabajos con Interferón, los fármacos hipertensivos, y otros ya conocidos como la Colchicina por su efecto inmunomodulador. A medida que cada médico iba imaginando una causa que podía ser responsable de la enfermedad se imaginaba qué medicamento podía ser efectivo para atacar esa causa.
Luego se hicieron numerosos experimentos con antivirales nuevos como el Remdesivir; incluso cuando se vio que los pacientes, primero en Italia y luego en España y Estados Unidos, hacían microembolias, empezaron a usar heparinas de bajo peso molecular; pero ninguno de todos estos tratamientos fueron protocolos clínicos muy sistematizados; la mayoría fueron protocolos con pocos pacientes. Hoy existen algunos estudios más sólidos como Solidaridad, un trial clínico internacional que impulsa la OMS junto a más de 10 países, donde se compararán cuatro opciones de tratamiento para evaluar la eficacia relativa de cada una de ellas frente a la COVID-19: Remdesivir, Cloroquina o Hidroxicloroquina, Lopinavir con Ritonavir y Lopinavir con Ritonavir más interferón (este último asociado a Betaglucanos de nueva generación). Y también se comenzaron a hacer estudios más numerosos y bien diseñados como el del Hospital Clinic de Barcelona, con Hidroxicloroquina, en más de 300 pacientes.
Un estudio reciente que hizo el MIT concluyó que es muy probable que no sea a través de un solo medicamento el que resolverá los efectos del virus sobre el organismo; lo que habrá que buscar, será la combinación entre varios para enfrentar el cuadro muy polifacético que presenta la enfermedad; también se está investigando con plasma de convalecientes que es un recurso que me parece muy interesante.
La ciencia mundial está trabajando de manera mancomunada y sin miserias contra el virus, algo que la política debiera imitar. Por esa misma razón es inaceptable utilizar a la pandemia como un argumento “político”.
En la lucha sostenida contra la pandemia sobresalen dos proyectos muy reveladores para hacer frente al coronavirus. Una de las investigaciones que ya cuenta con un protocolo aprobado, es con la Ivermectina, el conocido producto antiparasitario de uso veterinario que se usa también en humanos para sarna y pediculosis.
Una universidad australiana hace aproximadamente 60 días, la Universidad de Monash, en Melbourne, publicó con mucha repercusión un estudio donde infectaba células Vero con el virus del COVID-19 y después las trataba con Ivermectina. La Ivermectina es uno de los productos más usados en veterinaria y fue descubierto en 1975, por Satoshi Omura y por William Campbell, ganadores del premio Nobel por ese descubrimiento. Se ha usado también en humanos en algunas indicaciones como en la llamada enfermedad de los ríos, una parasitosis transmitida por una mosca que produce ceguera, en filariasis, en sarna y también en pediculosis.
Los investigadores australianos dividieron las células en dos grupos: a uno no le daban nada y al otro grupo lo trataban con Ivermectina. En el grupo al que no le daban nada, el virus se replicaba mucho y la célula moría. En cambio, al grupo que le daban Ivermectina, el virus dejaba de replicarse y las células sobrevivían perfectamente. El ensayo que se está realizando, consiste en medir por la técnica de PCR la carga viral cuantitativa al inicio del tratamiento (durante 5 días); y luego se medirá por PCR también la carga viral de cada día (hasta el día 7) para ver si se reproduce en humanos lo que se demostró “in vitro.”
Es muy interesante porque se trata de un medicamento muy barato y seguro, y si el estudio clínico es positivo podría ser usado cuando una persona va a cuarentena porque estuvo en contacto con un enfermo, y también para el personal de salud en contacto con pacientes con COVID-19.
Y el otro estudio involucra la larga historia que tiene la producción de sueros equinos hiperinmunes que se utilizan para sueros antiofídicos, botulismo y que ahora se le puede estudiar para frenar la pandemia.
En el caso del COVID 19 hay un dominio del virus que es la proteína RDB y que es la responsable de la respuesta inmunitaria del virus, pero no enferma. Es la misma estrategia que se usó para la vacuna recombinante de la Hepatitis B. Se ha desarrollado la proteína RDB, por ingeniería genética. Se ha fabricado- e inyectado a los caballos y se ha determinado que hay una respuesta muy buena de anticuerpos. Lo que todavía no se sabe es si estos son anticuerpos neutralizantes del virus o no. Pero
Si esto funciona, es un buen recurso para usarlo en los inicios tempranos de la enfermedad. Más aún, sería un recurso similar al plasma de pacientes convalecientes.
“todo está en estricta etapa de investigación, hay que evitar crear ilusiones que después terminan en frustración.”
Haciendo de lado toda esta investigación en evolución, destaco que la mayoría de los médicos coincide con el uso temprano de Aines (antiinflamatorios no esteroideos) e incluso esteroides (Cortisona).
Los antiinflamatorios esteroideos tienen una historia que pareciera una novela de ciencia ficción y que te compartiré en otra ocasión con el título: “TODO EMPEZÓ CON LA ZARZAPARRILLA”. Pero esa, como decía la nana Tencha… esa es otra historia.
Así que en tanto el mundo se pone de acuerdo en los esquemas de tratamiento para el COVID-19, seguiré insistiendo en el consumo de micronutrientes como los Betaglucanos de nueva generación, como un adyuvante potente para fortalecer el sistema inmunológico.

BETAGLUCANOS DE NUEVA GENERACIÓN.

El estudio de los hongos y levaduras se ha fortalecido en el Siglo XXI. Sin embargo las civilizaciones orientales han explotado los beneficios de los “hongos medicinales” desde hace cuatro milenios. Si bien se conocían sus propiedades biológicas curativas, se desconocía el mecanismo de acción.
Todos estos hongos medicinales tenían una sustancia en común que estaba involucrada. Años más tarde se conoció que eran polisacáridos a los que llamaron glucanos.
Estos glucanos o polisacáridos, son macromoléculas cuyo componente único es la glucosa que se une en largas cadenas de millares de glucosas por enlaces, que en bioquímica se conocen como glucosídicos y que son de dos tipos: “Alfa” y “Beta”. Los enlaces Alfa son aquellos que se suceden por debajo de la molécula de glucosa a la que se une la glucosa siguiente mientras que, los enlaces Beta emergen por encima de la molécula de glucosa a la que se une la glucosa siguiente. Algo similar al dimorfismo del ácido Tartárico, que resolvió Louis Pasteur al descubrir las formas Dextrógiras y Levógiras.
Los enlaces Alfa carecen de propiedades clínicamente significativas, por lo que nos dedicaremos a hablar de los enlaces Beta. Por otro lado las uniones entre los carbones de las glucosas también tienen sus implicaciones clínicas.
Por ejemplo, si el carbono 1 de la molécula de glucosa se une al carbono 4 de la molécula de glucosa siguiente, el enlace se denominará Beta-1, 4-glucano i se encuentran en la avena, cebada y salvado, siendo utilizados como suplementos de textura y fibra.
Ahora bien, los enlaces glucosídicos Beta que tienen propiedades biológicas inmunitarias son aquellos en que, los carbonos de las moléculas de glucosa se suceden entre el carbono 1 de la primera glucosa y el carbono 3 o 6 de la molécula de glucosa siguiente. A estas fracciones se les conoce con el nombre de Beta-1, 3/1, 6-glucano.
Existen más de 1500 fuentes de Betaglucanos, derivados de diferentes recursos naturales y alimentos. Los más populares se obtienen de la levadura de cerveza (Saccharomyces cerevisiae), las setas tipo reishi (Ganoderma lucidum), shiitake (Lentinus edodes), maitake (Grifola frondosa) y matsutake (agaricus blazei). Es necesario entender que no todas las fuentes de Betaglucanos son iguales, ni igual de potentes. Además, hay varias fracciones distintas que se pueden aislar y la fracción inmunológicamente activa es, insisto la 1, 3/1, 6-glucano.
En la década de los noventas, los Drs. investigadores e inmunólogos de cáncer, Gordon Ross y Václav Vetvicka, de la Universidad de Louisville, publicaron la existencia de un receptor en la superficie de las células inmunes innatas, principalmente en los macrófagos y en los leucocitos neutrófilos, al cual llamaron Receptor del Complemento 3 (CR3 por sus siglas en inglés), que era el responsable de la unión a los patógenos permitiendo que las células inmunes los reconozcan como “no propios”.
Dentro del cuerpo las moléculas de Betaglucanos se unen a los receptores CR3 en la superficie de las células inmunes, lo que aumenta la disposición de estas células para detectar y atacar cualquier cuerpo extraño a su alrededor como bacterias, virus, hongos, parásitos, incluyendo células cancerosas.
La propia presencia de microorganismos o cuerpos extraños es lo que activa la actividad inmune cuando tomamos Betaglucanos 1, 3/1, 6, pero no son los Betaglucanos en sí mismos. Es por esto que los Betaglucanos son únicos respecto a otros suplementos que estimulan el sistema inmune.
Explicado de forma sencilla, imagina que el receptor CR3 es una cerradura que se activa con una llave, pero no con cualquier llave, tiene que ser una llave con una combinación específica: el “Betaglucano fracción 1, 3/1, 6.” Los Betaglucanos hacen que el sistema inmune se vuelva “más inteligente” y pueda funcionar con mayor eficacia frente toda clase de infecciones y el cáncer, de forma natural, segura y sin efectos secundarios.
Como ya mencioné, este tipo de glucanos se encuentra en la pared celular de la levadura Saccharomices Cerevisiae.
Saccharomices cerevisiae es un hongo unicelular que tiene utilidades industriales importantes en las que destacan: la producción de cerveza, pan, vino y kumis gracias a su capacidad de generar dióxido de carbono y etanol durante el proceso de fermentación. Desde el punto de vista científico, este microorganismo se ha empleado como modelo simple de la célula eucariota, esto se debe a una serie de ventajas como su facilidad de cultivo y su velocidad de división celular (aproximadamente 2 horas).
A sí que este hongo unicelular pasó a ser el modelo de la investigación del mundo occidental.
Además a los Betaglucanos se les considera actualmente, como un micronutriente esencial natural. Esto quiere decir primero, que no lo podemos fabricar dentro del organismo por lo que tenemos que obtenerlo obligadamente, de una fuente externa… y segundo, que al dejar de consumirlo ponemos en riesgo nuestra supervivencia.
Desafortunadamente este micronutriente ya no existe en la cadena alimentaria desde los años de 1960 en adelante. El uso constante de pesticidas, insecticidas y fungicidas en los cultivos con la finalidad de obtener alimentos menos contaminados, así como las modificaciones en la alimentación del ganado y aves de corral para aumentar la comercialización de carne y la industrialización de los alimentos, han mermado y contaminado su producción por las levaduras, que se encontraban diseminadas en todo el planeta. Por lo tanto, si ingerimos alimentos convencionales u orgánicos, no podremos obtenerlos de forma regular y saludable a menos que, los consumamos en forma de un suplemento nutricional.
La disminución o ausencia de Betaglucanos en la cadena alimentaria se refleja en tres situaciones que se ponen de manifiesto en nuestras estadísticas de salud: la primera, es que somos mucho más vulnerables a las infecciones, lo que ha contribuido al incremento de la resistencia bacteriana a los antibióticos, que favorece que la industria farmacéutica tenga una carrera interminable en la búsqueda de nuevas generaciones de antimicrobianos más potentes, sin considerar los efectos secundarios y los elevados costos. Segunda, notamos un aumento en la tasa de incidencia de cáncer. La razón es porque el sistema inmune innato es el que nos protege frente a las neoplasias y si no está funcionando adecuadamente por la falta de Beta-1,3/1,6-glucanos, hay un incremento de los tumores que nos amenazan constantemente. Y tercero, hemos observado una mayor incidencia en el asma y los problemas de alergia, así como en las enfermedades autoinmunes como artritis reumatoide, púrpura trombocitopénica trombótica, lupus eritematoso sistémico, fiebre reumática, por mencionar algunos de los más relevantes e impactantes. Sin embargo estas capacidades se pueden volver a recuperar, al incluir en la dieta como micronutriente esencial a los Betaglucanos de nueva generación.
Se trata de Betaglucanos (fracciones 1, 3 y 1, 6 Beta-D-Glucano), que son la fracción activa y altamente purificada. Son del mismo tipo que los que se utilizan en los estudios clínicos y han sido aprobados como fármaco en Japón, Australia, Corea del Sur y Taiwán como “terapia inmuno-adyuvante en el tratamiento del cáncer”, utilizados con éxito durante los últimos 30 años… sin dejar de considerar que han sido empleados por estas culturas milenarias en la Medicina Oriental, por sus propiedades biológicas sobre la enfermedad.
Estos Betaglucanos son compuestos biológicos extraídos de la pared celular del organismo fermentador de la cerveza o el pan: La levadura alimentaria Saccharomyces Cerevisiae. De forma similar a los probióticos para el sistema digestivo, este microorganismo encierra el secreto para una inmunidad robusta y eficaz.
Los Betaglucanos no son comparables con cualquier otro producto para subir las defensas como el calostro bovino o la Echinácea, ya que al contrario que éstos, los Betaglucanos no estimulan el sistema inmune. Esto permite usarlos de forma segura en enfermedades autoinmunes.
Los Betaglucanos son el único tipo de inmunomodulador del que se sabe cómo funciona dentro del cuerpo de principio a fin, por lo que han atraído el foco de atención de científicos de todo el mundo e incluso de Departamentos de Defensa de varios países, como el Gobierno de Canadá, que los utiliza como agente protector contra la guerra biológica (Ántrax); el gobierno de los Estados Unidos, que los recomienda contra la radiación (atómica) y Japón, que los usa en los desastres nucleares (Fukushima 2011).
Afortunadamente los podemos consumir en esta presentación, donde la concentración de estas sustancias activas es mayor y se adecúa a la denominada dosis terapéutica. El efecto máximo después de la primera ingesta, se manifiesta a las 72 horas.
Es un producto muy puro sin alérgenos como gluten, lactosa, ácidos nucleicos, bananos, quitinas, Organismos Modificados Genéticamente (GMOs), etc.
En cualquier caso, la administración se realiza mayoritariamente en forma oral. La localización de las células inmunitarias en el sistema digestivo también permite que los beta-glucanos administrados vía oral puedan ser capturados y transportados hacia el bazo, los nódulos linfáticos y la médula ósea donde, al interactuar con las células inmunitarias, ayudan a activar y modular la respuesta inmune.

Los Betaglucanos refuerzan el sistema inmunitario, aumentan la capacidad de las células inmunes de reconocer y atacar bacterias nocivas, virus, hongos y células anómalas o cancerosas, tienen propiedades antioxidantes en particular sobre las células inmunitarias y otros componentes del sistema inmune, son muy útiles durante el tratamiento con radioterapia para reducir los devastadores efectos secundarios de esta terapia (incluidas las quemaduras) y mantener en mejor estado el sistema inmune, ayudan a superar el cáncer y a resistir la quimioterapia en mejores condiciones, reducen de forma natural los niveles de colesterol LDL sin fármacos, reducen los niveles de glucosa en sangre y hace que órganos y tejidos sean más sensibles a la insulina por lo que están recomendados para pacientes con diabetes, son útiles en personas inmunodeprimidas (por ejemplo debido a la toxicidad por metales pesados) y ayudan a combatir enfermedades como el SIDA, demencia, Parkinson, Alzheimer y psoriasis.
Con todas estas ventajas, seguramente te preguntarás… ¿Entonces por qué no utilizarlos en la pandemia que nos acontece?
Si bien en los países asiáticos los Betaglucanos son considerados medicamentos, en el mundo occidental, que es donde vivimos tú y yo, no se consideran de categoría farmacéutica. La COFEPRIS que es el órgano regulador, como la FDA, pero en nuestro país, tampoco lo tiene elevado al rango de medicamento… por eso se comercializa como suplemento nutricional.
La idea no es dar los Betaglucanos de nueva generación en lugar del tratamiento médico indicado por la medicina tradicional si no, darlo conjuntamente de forma simultánea. Como no tienen contraindicación, no se oponen a ningún medicamento, no tienen efectos tóxicos, indeseables, adversos ni tan siquiera, secundarios, podemos usarlos de forma segura. La F. D. A. de los Estados Unidos de Norteamérica los ha calificado como un producto Generally Recognized As Safe (GRAS) que significa que es un suplemento nutricional altamente seguro para el consumo humano.
En resumen, los Betaglucanos fracción 1, 3/1, 6, siempre son un beneficio para nuestra salud… y nunca le serán nocivos a nuestro organismo.
Así que ya lo sabes… por si las dudas, considéralos dentro de tu dieta diaria.