Texto publicado por Nelson

Hotel contra la noche.

Paul Morand.
HOTEL CONTRA LA NOCHE.
 
Sobre el verdoso cielo de un patético Pathé,
reclina el hotel su frente de cemento armado.
Por sus venas en tensión
circula sin dificultad el agua caliente.
Una hiedra ignífuga
alza su poesía sobre las electricidades.
Clausuradas por la noche
las ventanas de las habitaciones vierten un licor rosa,
Luis XVI, todo es de un delicioso Luis XVI.
Damas de dorado lame se acicalan para la cena
y se irritan por los corchetes.
Orgullosos de sus puños, charolados señores
les aguardan
moteando la noche de puntas de fuego,
abajo, mientras tanto,
los dos ascensores bien engrasados,
amantes,
descuidando los pasillos superiores,
(donde, bajo las puertas, duerme un chocolate arrugado en el fondo de las tazas)
bajan a acostarse a los pies
del portero de noche.
Acaba de cenar, empieza su turno
liso de aburrimientos
y se pasa un dedo por las encías.
Bajo el suelo brilla un grillo.
Se oye reír a los tenedores en el comedor.
Vamos, aún cenaremos esta noche…
Pero inmóviles ante las ventanas ahora oscuras,
dejando caer su cansancio y su desgana
entre la ropa arrugada y los joyeros vacíos,
los Criados,
como un negro rebaño,
vienen a apoyar sus mejillas
contra el acero de la noche.
 
 
HOTEL CONTRA LA NOCHE.
Paul Morand.
 
Traducción: Marie Christine Castillo