Texto publicado por Nelson

La esperanza.

Paul Morand.
LA ESPERANZA.
 
Vamos habrá que tener todavía esperanza…
Nuestros padres que nacieron sin esperanza
no esperaban,
y nuestros hijos, lo leemos en sus ojos,
no sufrirán por esperar.
Pero nosotros ¿habremos esperado bastante?
¿Habremos sido lo bastante domados como para no rebelarnos
contra el tiempo?
¿Doblegados por la inmunda paciencia?
Todos los bienes de la juventud
los hemos obtenido sólo con números de orden.
Nos han dado unos días de paz
recomendándonos usarlos provisionalmente
y preparar la guerra.
Cuando vino la guerra,
hemos esperado a los que por delante
esperaban
a que en el enemigo naciera la duda
y de la duda una nueva certeza;
Hizo falta que en ellos y en nosotros
muriesen mil horas de oro
(y no hay hora que sea igual a otra).
Sobran razones para explicar todo esto,
pero también las hay de sobra
para que no podamos decir
que ya no podemos esperar.
Ya no queremos comer nuestra vida en latas.
He aquí la paz
y esperamos todavía:
nada ha cambiado,
siguen estando delante de nosotros los viejos franc-masones
que temen por su república,
aún hay prefectos del 16 de mayo que, desde entonces no han vuelto a florecer,
aún hay generales emplumados que hacen su entrada en las ciudades,
aún hay cuarteles, estancos,
mingitorios, taquillas,
parapetos, controladores, aduaneros,
guardas de jardines públicos.
¿Para cuándo un amplio y continuo don
de todo a todos?
¿Para cuándo una larga carrera a pie descalzo
alrededor del globo?
 
 
LA ESPERANZA.
Paul Morand.
 
Traducción: Marie Christine Castillo