Texto publicado por Nelson

Monólogo.

Simone de Beauvoir.
Monólogo.
 
Ella se venga por el monólogo
FLAUBERT
 
¡Imbéciles! He corrido las cortinas la luz idiota de los faroles y de los árboles de Navidad no entra en el apartamento, pero los ruidos atraviesan las
paredes. Los motores los frenos y ahora se ponen a tocar la bocina se creen campeones al volante de sus 404 modelo familiar semisport de tres al cuarto,
de sus Dauphine lastimosos, de sus cabriolés blancos. Un cabriolé blanco con cojines negros eso sí que es bonito y los tipos silbaban cuando yo pasaba
unos impertinentes oblicuos sobre mi nariz un pañuelo de Hermes en la cabeza. ¡Y ellos que creen enloquecerme con sus caras mal lavadas y los aullidos
de sus bocinas! Si se hicieran papilla justo aquí bajo mi ventana eso sí que me divertiría. Asquerosos, me rajan los tímpanos y yo ya no tengo tapones;
los dos últimos amortiguan la campanilla del teléfono están completamente asquerosos y prefiero tener las orejas rotas antes que escuchar sonar el teléfono.
Suprimir ese escándalo ese silencio: dormir. Y no cerraré un ojo ayer no pude sentía terror de que fuera la víspera de hoy. He tomado tantos somníferos
que ya no hacen efecto y ese médico es un sádico me los da en supositorios no puedo cargarme como un cañón. Tengo que descansar es preciso mañana quiero
tener mi oportunidad con Tristan; nada de lágrimas ni gritos. «Esta situación es anormal. ¡Incluso desde el punto de vista de la pasta hasta que fracasó!
Un hijo tiene necesidad de su madre.» Voy a pasar otra noche en blanco tendré los nervios de punta fallaré otra vez. ¡Asquerosos! Me cabalgan por la cabeza
los veo los oigo. Se ceban de foie-gras podrido y pavo quemado y se relamen Albert y la señora Nanard Etiennette sus mocosos mi madre; es contra natura
que mi propio hermano mi propia madre prefieran a mi ex marido. Todos ellos me importan un bledo únicamente que no me impidan dormir; una se vuelve apta
para la jaula confiesa todo lo verdadero y lo falso que con eso no cuenten tengo una fuerte naturaleza no podrán conmigo.
¡Qué cagada sus fiestas; ya todos los días es bastante feo! Siempre he detestado la Navidad las Pascuas y el 14 de julio. Papá colgaba a Nanard de su hombro
para que viera los fuegos artificiales y yo la mayor quedaba abajo apretada entre sus cuerpos justo a la altura del sexo de todos en medio del olor a sexo
de esa multitud en celo y mamá decía «otra vez lloriqueando» me encajaba un helado en la mano para qué coño lo quería lo tiraba ellos suspiraban no podían
darme una bofetada en una noche de 14 de julio. Él no me tocaba yo era su preferida: «Maldita chiquilla» pero cuando él reventó ella ya no se tomó la molestia
y me encajaba los anillos contra la cara. Ni una vez yo le he atizado una bofetada a Sylvie. Nanard era el rey. Ella lo metía en su cama a la mañana yo
los escuchaba hacerse cosquillas él dice que no es cierto que soy sucia evidentemente no va a confesarlo nunca lo confiesa quizás hasta lo haya olvidado
para olvidar lo que los molesta son astutos y yo le hago la puñeta porque me acuerdo; ella se paseaba por su burdel de dormitorio casi en pelotas dentro
de una bata de seda blanca manchada y agujereada por las quemaduras de cigarrillos él se pegaba a sus muslos dan náuseas las madres con sus cachorros debería
haberme parecido a ellos eso sí que no. Yo quería chicos muchos niños limpios y que Francis no se volviera un marica como Nanard. Nanard con sus cinco
hijos así y todo es un bujarrón a mí no me engañan hay que detestar a las mujeres para haberse casado con ese gordinflón.
La cosa sigue. ¿Cuántos son? Por las calles de París centenares de miles. Y lo mismo en todas las ciudades por toda la tierra; tres mil millones y será
peor todavía; el hambre no basta cada día son más numerosos; hasta el cielo está infestado muy pronto se atropellarán en el espacio como en las autopistas
y la luna uno no podrá mirarla sin pensar que hay imbéciles que están diciendo idioteces. Me gustaba la luna se me parecía; y la ensuciaron como ensucian
todo algo horrible esas fotos; una pobre cosa polvorienta y grisácea que cualquiera podrá pisotear.
Yo era limpia, pura, intransigente. Desde la infancia lo tuve metido en la sangre: no hacer trampas. Vuelvo a ver a esa extraña chica con su vestidito
arrugado mamá me cuidaba tan mal y la vieja que susurra: «¿Así que queremos mucho al hermanito?». Y yo contesté serenamente: «Lo detesto». El frío; los
ojos de mamá. Que yo haya sido celosa es normal todos los libros lo dicen; lo sorprendente lo que me gusta es que yo lo haya admitido. Nada de concesión
nada de comedia: vuelvo a verme en esa chiquilla. Soy limpia soy verdadera no sigo el juego; eso los cabrea no les gusta que una vea claro en ellos quieren
que uno crea sus lindas palabras o por lo menos que haga como que.
Ahí están con una de sus mascaradas: los galopes por la escalera las risas las voces maravilladas. ¿A qué viene eso de lanzarse por los aires en una fecha
fija a hora fija, porque se cambia de calendario? Toda mi vida me ha asqueado ese tipo de historia. Debería contar mi vida. Tantas mujeres lo hacen las
imprimen se habla de ellas se pavonean y mi libro sería más interesante que sus idioteces; las he pasado putas pero he vivido y sin mentiras sin tongos;
la rabia que les daría al ver mi nombre y mi foto en los escaparates y el mundo sabría la verdad la verdadera. Volvería a tener un montón de tipos a mis
pies son tan esnobs la peor birria si es célebre a ella se arrojan. Quizás encuentre uno que sepa amarme.
Mi padre me amaba. Nadie más. Todo salió de ahí. Albert no pensaba más que en salir volando yo lo quería con amor loco pobre loca. ¡Lo que he podido soportar
joven e intacta como era! Entonces uno hace estupideces forzosamente; ¿a lo mejor era una artimaña que me prueba que él no conocía a Olivier? Una combinación
asquerosa que me dejó rota.
Se veía venir bailan encima de mi cabeza. Así pues me estropean la noche mañana estaré hecha polvo tendré que grifarme para ver a Tristan y todo se irá
al carajo. ¡No puede ser! ¡Cochinos! No tengo más que eso en la vida el sueño. Cochinos. Tienen derecho a despellejarme los oídos y pisotearme se aprovechan.
«La puñetera de abajo no puede vocear es fin de año.» Reíros ya encontraré un medio de agarraros la puñetera os va a joder nunca me he dejado pisotear.
Albert estaba furibundo: «¡No hay necesidad de hacer escándalo!»; «¡Sí precisamente!». Él bailaba con Nina sexo contra sexo ella instalaba sus enormes
pechos apestaba a perfume pero se sentía por debajo el olor a bidé y él se estremecía se le endurecía como a un cerdo. Escándalos bastantes he hecho en
mi vida. He seguido siendo esa adolescente que había contestado «lo detesto», franca intrépida intacta.
Van a reventar el techo y se me caerán encima. Ya los estoy viendo es demasiado asqueroso se frotan uno contra otro sexo contra sexo eso los humedece las
tipas las mujeres se pavonean porque el tipo tiene la picha al aire. Y cada uno se prepara para poner los cuernos a su mejor amigo su mejor amiga lo harán
esta misma noche en el cuarto de baño sin ni siquiera tirados en el suelo vestido levantado sobre los muslos sudorosos cuando alguien vaya a mear tendrá
que caminar sobre la leche como en casa de Rosa la noche del escándalo.. Posible que esto va a ser una orgía de la leche la pareja de arriba son cincuentones
a esa edad necesitan cosas raras para enhebrarse. Estoy segura de que Albert y su dama hacen cama redonda. Cristina tiene una cara para todo con ella no
tiene que melindrear. Pobre idiota que yo era a los veinte años demasiado ingenua demasiado púdica. Era conmovedora esa torpeza hubiera merecido que me
amaran. ¡Ah! he sido asquerosamente frustrada la vida no me ha hecho regalos.
Mierda reviento de sed tengo hambre pero levantarme de mi sillón ir a la cocina me mata. Una se hiela en este agujero solamente que si aprieto el botón
de la calefacción el aire se secará por completo ya no tengo saliva en la boca y la nariz me quema. Qué inmundicia su civilización. Son capaces de ensuciar
la luna pero no de calentar un apartamento. Si fueran astutos inventarían robots que irían a buscarme un zumo de fruta cuando tuviera ganas tendrían la
casa ordenada sin que yo esté obligada a ser amable y escuchar sus bla-bla-bla.
Mariette mañana no viene tanto mejor me tiene harta el cáncer de su viejo padre. A ésa también la he metido en cintura más o menos se mantiene en su lugar.
Hay algunas que se calzan guantes de goma para fregar la vajilla y que se hacen las señoras no lo soporto. Tampoco quiero que sean zaparrastrosas que uno
encuentre pelos en la ensalada y marca de dedos en las puertas. Tristan es un imbécil. Trato muy bien a las criadas. Pero quiero que hagan su trabajo limpiamente
sin historias y sin contarme sus vidas. Para eso hay que domarlas como se doma a los niños para hacer de ellos adultos que valgan.
Tristan no ha domado a Francis; la roñosa de Mariette me deja a dos velas; el salón quedará inmundo después de la visita. Van a aparecer con su regalo
de chicha y nabo nos besaremos serviré los dulces y Francis me dará las respuestas que su padre ya le habrá soplado miente como una persona mayor. Yo hubiera
hecho de él un buen chico. Voy a decirle a Tristan: un niño privado de su madre siempre termina mal se volverá un golfo o un marica tú no quieres eso.
Me da náuseas mi voz ponderada; tendría ganas de aullar: ¡es contra natura separar a un hijo de su madre! Pero dependo de él. «Amenázalo con el divorcio»,
decía Dédé. Bromeaba. Los hombres se ayudan tanto entre ellos la ley es tan injusta y él tiene tantas influencias que el divorcio sería pronunciado en
mi contra. Él se quedaría con Francis más dinero encima y en cuanto al apartamento ¡se jodió! Nada que hacer contra ese chantaje asqueante: una pensión
y el apartamento a cambio de Francis. Estoy en sus manos. Sin pasta una no puede defenderse una es menos que nada un doble cero. ¡Qué idiota fui desinteresada
aturdida burlándome de la pasta! No les he hecho rascarse los bolsillos lo suficiente. Si me hubiera quedado con Florent me habría agenciado un lindo fajo.
Tristan me agarró con el cuento de la pasión tuve lástima de él. ¡Y aquí estoy! Ese engreído que se hace Napoleón el chiquito me plantó porque no soy una
histérica no caí de rodillas ante él. Lo pescaré. Voy a decirle que voy a contarle la verdad al niño: no estoy enferma vivo sola porque el roñoso de tu
padre me ha dejado plantada me engatusó y después me torturó llegó hasta a levantarme la mano. Pescar una crisis de nervios delante del chico abrirme las
venas sobre el felpudo de su puerta eso u otra cosa tengo armas voy a utilizarlas volverá a mí no me pudriré sola en esta barraca con esa gente allá arriba
que me pisotea y los vecinos que me despiertan todas las mañanas con su radio y nadie para traerme algo que comer cuando tengo hambre. Todas esas putas
tienen un hombre para protegerlas hijos para servirlas y yo cero: esto no puede seguir así. Hace quince días que el fontanero me encamela una mujer sola
se creen que todo les está permitido es algo tan cobarde la gente cuando uno está por el suelo le pisotean. Me sublevo les hago frente pero a una mujer
sola le escupen encima. El portero se parte de risa. A las diez de la mañana es lícito hacer funcionar la radio: si cree que me deja pasmada con sus sermones.
Los he jorobado bien con el teléfono cuatro noches seguidas sabían que era yo pero imposible pescarme me divertí en grande; lo han contrarrestado con el
teléfono ocupado ya encontraré otra cosa. ¿Pero qué? Duermen de noche currelan de día los domingos se pasean no hay por dónde agarrar a ese tipo de ganado.
Un hombre bajo mi techo. El fontanero habría venido el portero me saludaría gentilmente los vecinos instalarían una sordina. ¡Mierda! Quiero que se me
respete quiero mi marido mi hijo mi hogar como todo el mundo.
Una monadita de once años sería bonito llevarlo al circo o al zoológico lo educaría rápidamente. Él era más fácil que Sylvie. Me ha dado mi buen trabajo
remolona y ladina como esa babosa de Albert. ¡Oh!, no le guardo rencor pobre lechuza todos se dedicaban a volverla en contra de mí y ella estaba en la
edad en que las jovencitas detestan a su madre lo llaman ambivalencia pero es odio. Otra de esas verdades que los hacen refunfuñar. Etiennette sudaba de
rabia cuando le dije que mirara el diario íntimo de Claudie. Prefirió no mirar como esas mujeres que no van al médico por miedo a tener un cáncer y entonces
se sigue siendo la gentil mamá de una gentil jovencita. Sylvie no era gentil me he percatado al leer su diario; pero yo miro las cosas de frente. No me
afligí demasiado sabía que bastaba esperar que un día ella comprendería y que ante sus narices y barbas me daría la razón. Yo tenía paciencia jamás le
he levantado la mano. Por supuesto me defendía. Le dije: «No me echarás el guante». Testaruda como una mula gimiendo horas días por un capricho no había
ningún motivo para que ella volviera a ver a Tristan. Una chica necesita un padre nadie lo sabe mejor que yo; pero nadie dijo que le hicieran falta dos.
Ya Albert era bastante molesto hacía todo lo que la ley le acordaba y más también yo tenía que luchar centímetro a centímetro le habría arruinado si yo
no hubiera armado camorra. Los vestidos que le compraba era inmoral. Yo no quería que mi hija se volviera una puta como mi madre. ¡A los setenta años faldas
por la rodilla, pintura por toda la cara! Cuando el otro día la vi por la calle cambié de acera. Con esa facha si me hubiera hecho la comedia de la reconciliación
yo habría estado lista. Seguro que su apartamento sigue tan puerco como siempre con la pasta que gasta en la peluquería podría pagarse una criada.
Se acabaron los bocinazos era preferible ese estruendo que escuchar esa barahúnda en la calle; las puertas de los coches golpean gritan se ríen algunos
cantan ya qué tajada tienen y arriba sigue el follón. Me enferman, tengo la boca pastosa esos dos granitos en el muslo me aterran. Me cuido únicamente
como productos dietéticos pero así y todo siempre hay alguien que los manosea con manos más o menos limpias la higiene no existe en este mundo el aire
es impuro no sólo a causa de los coches y de las fábricas sino a causa de esos millones de bocas sucias que lo graban y lo vuelven a escupir desde la mañana
a la noche; cuando pienso que estoy sumergida en sus alientos tengo ganas de huir al fondo de un desierto; cómo conservar un cuerpo limpio en un mundo
tan asqueroso uno se contamina por todos los poros de la piel y sin embargo yo era sana limpia no quiero que me infecten. Si tuviera que meterme en cama
ni uno se molestaría en cuidarme. Puedo dictarlas con mi pobre corazón fatigado nadie sabría nada me entra cagueta. Detrás de la puerta encontrarán una
carroña apestaré me habré cagado encima, las ratas me habrán comido la nariz. Reventar sola vivir sola no quiero. Necesito un hombre quiero que Tristan
vuelva porquería de mundo gritan se ríen y aquí estoy consumiéndome de tristeza; cuarenta y tres años es demasiado temprano es injusto quiero vivir. La
gran vida yo estaba hecha para eso: el cabriolé el apartamento los vestidos y todo lo demás. Florent largaba la pasta y nada de comedia —sólo un poco en
la cama cuando hace falta hace falta— quería nada más que acostarse conmigo y exhibirme en las discotecas elegantes yo era atractiva mi mejor época todas
mis amigas reventaban de envidia. Me hace mal recordar esa época nadie me saca ya me quedo plantada dejándome cagar. Estoy harta, estoy harta harta harta
harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta
harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta
harta harta harta harta.
Asqueroso Tristan quiero que me invite al restaurante al teatro se lo exigiré yo no exijo lo que debería todo lo que sabe hacer es aparecer por aquí solo
o con el niño me dedica grandes sonrisas maquilladas y al cabo de una hora alza el vuelo. ¡Ni siquiera esta noche ni señales! ¡Asqueroso! Me aburro enormemente
no es humano. Si durmiera mataría el tiempo. Pero ese ruido afuera. Y se burlan de mi jeta: «Está sola». No van a guasear cuando Tristan vuelva a mí. Volverá
lo forzaré a volver. Iré otra vez a los modistos daré fiestas cócteles publicarán mi foto en Vogue con un gran escote mis pechos no tienen nada que temer.
«¿Has visto la foto de Murielle?» Estarán bastante jodidos y Francis les contará nuestras salidas al zoo al circo al parque de diversiones lo trataré bien
les haré tragarse sus calumnias y mentiras. ¡Qué odio! Lúcida demasiado lúcida. A ellos no les gusta que uno vea claro; y tengo razón yo no sigo el juego
arranco las caretas. No me lo perdonan. Una madre celosa de su hija una ha visto de todo. Me arrojó en los brazos de Albert para deshacerse de mí por otros
motivos también no no quiero creerlo. Qué cabronada haberme empujado a ese casamiento yo tan ardientemente apasionada una llama y él tan estirado burgués
el corazón frío el sexo como un tallarín. Yo hubiera sabido cuál era el hombre que convenía a Sylvie. Yo la dominaba con mano firme pero era cariñosa siempre
dispuesta a charlar con ella yo quería ser su amiga y habría besado las manos de mi madre si se hubiera conducido conmigo así. ¡Pero qué carácter ingrato!
Está muerta ¿y qué? Los muertos no son santos. Ella no cooperaba no confiaba en mí para nada. Había alguien en su vida un muchacho o a lo mejor una chica
esta generación es tan torcida vaya uno a saber. Pero iba con tiento. Ni una carta en sus cajones y los dos últimos años ni una página de diarios; si seguía
redactándolo lo ocultaba tremendamente bien y ni siquiera después de su muerte he encontrado nada. Furiosa porque yo cumplía con mis deberes de madre.
Yo egoísta mi interés cuando se fugó hubiera sido dejársela a su padre. Sin ella me quedaba una oportunidad de rehacer mi vida. Fue por su bien que me
rebelé. A Christine con sus tres pitusos les hubiera venido bien una niña mayor de quince años a la que le hubiera encajado todos los trabajos pobrecita
no se daba cuenta esa crisis de nervios que simuló delante de la poli. Claro, la poli. Seguro que iba a molestarme. No está hecha para los perros la policía.
¡Albert ofreciéndome dinero para que yo renunciara a Sylvie! Siempre la pasta si podrán ser cortos los hombres creen que todo puede comprarse para empezar
con su dinero yo tenía nada que hacer eran migajas al lado de lo que me larga Tristan. Y ni siquiera en la miseria hubiera yo vendido a mi hija. «Déjala,
esa chica no te da más que preocupaciones», me decía Dédé. Ella no comprende lo que es una madre jamás ha pensado más que en sus placeres. Pero una no
puede recibir siempre hay que saber también dar. Yo tenía mucho para dar a Sylvie hubiera hecho de ella una buena chica; y no le exigía nada. Era toda
devoción. ¡Qué ingratitud! Era normal que yo pidiera ayuda a esa profesora. Según su diario Sylvie la adoraba y yo pensé que cerraría el pico esa sucia
intelectual de pacotilla. Sin duda que entre ellas había mucho más de lo que yo imaginaba he sido siempre tan cándida jamás veo el mal esas cerebrales
son todas tortilleras. Los chillidos de Sylvie después de eso y mi madre que me declara por teléfono que no tengo derecho a inmiscuirme en las amistades
de mi hija. Dijo la palabra textual inmiscuirme. «Ah por eso tú no te inmiscuías. Y te ruego no empezar.» Así secamente. Y colgué. Mi propia madre es contra
natura. Sylvie hubiera terminado por darse cuenta. Ésa es una de las cosas que me atormentaban en el cementerio. Me decía: «Un poco más tarde me hubiera
dado la razón». Qué recuerdo espantoso el cielo azul todas esas flores Albert en lágrimas delante de todo el mundo uno guarda las formas por Dios. Yo las
guardé y sin embargo sabía que de ese golpe jamás levantaría cabeza. Era a mí a quien enterraban. Estoy enterrada. Todos se han unido para hundirme. Ni
siquiera esta noche ni señales de vida. Saben bien que las noches de fiesta cuando todo el mundo se divierte engulle y jode los solitarios los enlutados
tienen el suicidio fácil. Les vendría cojonudo que yo desapareciera aunque me hayan arrinconado sigo siendo un cardo borriquero. ¡Ah no!, no les daré ese
placer. Quiero vivir quiero revivir. Tristan volverá a mí me harán justicia saldré de toda esta mierda. Si le hablara ahora me sentiría mejor quizá podría
dormir. Debe de estar en su casa es como las gallinas dormilón, se reserva. Estar en calma amistosa no hacerle frente si no mi noche está lista.
No contesta. No está o no quiere contestar. Ha dejado descolgado el teléfono no quiere escucharme. Me juzgan me condenan y nadie me escucha. Jamás he castigado
a Sylvie sin haberla escuchado era ella la que se cerraba la que no quería hablar. Ayer aún él no me dejó decir ni la cuarta parte de lo que tenía que
decirle y yo lo escuchaba dormitar al otro lado del hilo. Es descorazonador. Razono explico demuestro; paso a paso pacientemente los obligo a la verdad
me figuro que me siguen y luego pregunto: «¿Qué es lo que acabo de decir?». No saben se taponan mentalmente las orejas y si una frase se filtra a través
contestan pijadas. Vuelvo a empezar acumulo nuevos argumentos: lo mismo. Para eso Albert era un campeón pero Tristan tampoco es nada lerdo. «Tendrías que
llevarme de vacaciones con el chico.» No contesta y habla de otra cosa.. Los niños forzosamente tienen que escuchar pero se desenvuelven olvidan. «¿Qué
es lo que he dicho Sylvie?» «Has dicho que cuando uno es desordenado en las pequeñas cosas lo es también en las grandes y que debo arreglar mi dormitorio
antes de salir.» Y después al día siguiente no lo arreglaba. Cuando obligo a Tristan a escucharme y él no puede replicarme nada —un hijo tiene necesidad
de su madre una madre no puede estar sin su hijo es tan evidente con la peor mala fe no se puede negar— entonces agarra la puerta se larga se traga los
peldaños de cuatro en cuatro mientras yo grito por el hueco de la escalera y enseguida me detengo por miedo de que los vecinos me tomen por una chiflada;
es tan cobarde sabe bien que detesto el escándalo que tengo una bonita reputación en la casa forzosamente sus comportamientos son tan raros —desnaturalizados—
que algunos de los míos también lo son. ¡Ah! Mierda si ya no guardaba las formas me rompía el culo por Tristan y su falta de modales su risa ruidosa su
gruesa voz me hubiera gustado que reventara cuando escandalizaba en público con Sylvie.
¡El viento! De pronto se puso a soplar como un tornado cómo me gustaría un gran cataclismo que barriera todo y a mí también un tifón un ciclón morirme
descansaría si no quedara nadie para pensar en mí; ¡abandonarles mi cadáver mi pobre vida no! Pero zambullir a todos juntos en la nada sería bonito; estoy
cansada de luchar contra ellos hasta cuando estoy sola me persiguen es agotador; ¡que esto se acabe! ¡Lástima! No tendré mi tifón nunca tengo nada de lo
que quiero. No es más que un vientecillo bien banal habrá arrancado algunas tejas algunas chimeneas todo es mezquino en este mundo la naturaleza como los
hombres. No hay nadie más que yo que sueñe a lo grande y mejor me hubiera resultado cortarlos todo me decepciona siempre.
Quizá debiera atiborrarme el culo de mis chismes y acostarme. Pero estoy demasiado inquieta me agitaría en la cama. Si lo hubiera pillado por teléfono
si hubiéramos hablado como buenos amigos me habría calmado. Le importa un comino. Aquí estoy destrozada por recuerdos desgarradores lo llamo y no contesta.
No gritarle no empezar por gritarle todo se iría al carajo. Tengo miedo por mañana. Tendré que estar lista antes de las cuatro no habré pegado ojo bajaré
a buscar dulces que Francis aplastará sobre la alfombra romperá uno de mis bibelots no está domado ese chico y falto de habilidad como su padre que echará
la ceniza por todas partes y si hago alguna observación Tristan me llenará de injurias jamás pudo admitirlo así y todo es gigantesco que logre tener limpia
mi casa. En ese momento está impecable este salón ordenado lustrado brillante como la luna de antaño. Mañana a la noche a las siete todo estará asqueroso
deberé chuparme una gran limpieza quedarse hecha un trapo. Me dejará hecha un trapo volver a explicarle todo de la a a la z. Es correoso. ¡Qué idiotez
fue dejar a Florent por él! Nos entendíamos Florent y yo él aflojaba yo me acostaba era más limpio que esas historias en que uno se cuenta historias. Soy
demasiado sentimental me parecía una gran prueba de amor que él me ofreciera casamiento y estaba Sylvie la pequeña ingrata yo quería que tuviera un verdadero
hogar y una madre irreprochable una mujer casada la mujer de un banquero. Yo estaba hasta las narices de hacerme la señora de frecuentar folloneros. Nada
sorprendente si de vez en cuando yo explotaba. «No sabes tratar a Tristan», me decía Dédé. Y después: «¡Te lo había dicho!». Es cierto que soy íntegra
que les doy con la puerta en las narices no me controlo. A lo mejor hubiera aprendido a adaptarme sin todas esas frustraciones. Tristan me hacía la puñeta
se lo he indicado. La gente no acepta que se le diga sus verdades. Quieren que se crea sus lindas palabras o por lo menos que uno haga como si. Yo soy
lúcida soy franca arranco las caretas. La tipeja que susurra: «¿Así que quiere mucho a su hermanito?», y yo con mi vocecita serena «Lo detesto». He seguido
siendo esa adolescente que dice lo que piensa que no hace trampas. Se me partía el corazón escucharlo pontificar y todos esos infelices de rodillas delante
de él. Yo aparecía con mis grandes zuecos sus palabras solemnes quedaban desinfladas: el progreso la prosperidad el porvenir del hombre la felicidad de
la humanidad la ayuda a los países subdesarrollados la paz del mundo. No soy racista pero me importan un pito los árabes los judíos los negros exactamente
como me importan un pito los chinos los rusos los yanquis los franchutes. Me importa un pito la humanidad qué es lo que ella ha hecho por mí me gustaría
saberlo. Si son lo bastante estúpidos como para degollarse bombardearse tirarse napalm exterminarse no gastaré mis ojos llorando. Un millón de niños degollados
¿y qué? Los niños nunca son otra cosa que semillas de canallas y así se descongestiona un poco el planeta reconocen que está superpoblado ¿y entonces qué?
Si yo fuera la tierra me daría asco toda esa gusanada en mi espalda me la sacudiría. Si todos revientan yo quiero reventar. Los niños que no son nada para
mí no voy a enternecerme por ellos. Mi hija está muerta y me han robado a mi hijo.
Yo la hubiera conquistado. Yo hubiera hecho de ella una persona correcta. Pero me hubiera hecho falta tiempo. Tristan no me ayudaba al sucio egoísta nuestras
disputas lo aburrían me decía: «Déjala tranquila». Una no tendría que tener hijos en cierto sentido. Dédé tiene razón no nos traen más que líos. Pero si
una los tiene hay que educarlos correctamente. Tristan tomaba siempre el partido de Sylvie; aunque estuviera equivocada —pongamos que me haya sucedido—
pedagógicamente es detestable que uno de los padres desautorice al otro. Él la apoyaba hasta cuando yo tenía razón. El asunto de la pequeña Jeanne; me
enternece volver a pensar en ella en su mirada húmeda y adoradora; una niña puede ser tan gentil me recordaba mi infancia mal vestida descuidada abofeteada
maltratada por su madre portera siempre al borde de las lágrimas; yo le parecía hermosa acariciaba mis pieles me hacía pequeños favores y yo le pasaba
algunas monedas a escondidas le daba bombones pobre chica. Tenía la edad de Sylvie yo hubiera querido que fueran amigas Sylvie me decepcionó. Protestaba:
«Con Jeanne me aburro». Yo le explicaba que tenía mal corazón la regañaba la castigaba. Tristan la defendía con el pretexto de que la amistad no se ordena
esa pelea duró mucho tiempo yo quería que Sylvie aprendiera a ser generosa Jeanne al fin se largó.
Allá arriba se han calmado un poco. Pasos voces en la escalera puertas de coches que golpean todavía este también idiota pero ya no bailan. Ya lo estoy
viendo. Éste es el momento en que joden en las camas en los divanes por el suelo en los coches la hora de las grandes vomitadas cuando vuelven a arrojar
el pavo y el caviar es inmundo tengo la impresión de que hay olor a vomitada voy a quemar un incienso. Si pudiera dormir no tengo sueño el amanecer está
todavía lejos es una hora lúgubre y Sylvie se ha muerto sin haberme comprendido jamás me consolaré. Este olor a incienso es el mismo que el del servicio
fúnebre; los cirios las flores el catafalco: mi desesperación. Muerta. ¡Era imposible! Durante horas y horas me quedé sentada cerca de su cadáver pensando
va a despertarse voy a despertarme. Tantos esfuerzos luchas dramas sacrificios: en vano. La obra de mi vida volatilizada. Yo no dejaba nada al azar; y
el más cruel azar se atravesó en mi camino. Sylvie ha muerto. Cinco años ya. Está muerta. Para siempre. No lo soporto. Socorro me siento mal me siento
demasiado mal que me saquen de aquí no quiero que vuelva a empezar la caída a pique no ayúdenme no puedo más no me dejen sola…
¿A quién llamar? Albert Bernard colgará en el acto; lloriqueaba delante de todo el mundo pero esta noche habrá tragado y divertido y soy yo quien recuerda
y llora. Mi madre; una madre es siempre una madre no le hice nada ella fue la que me arruinó la infancia me insultó se atrevió a decirme… quiero que retire
lo que dijo no seguiré viviendo con ese grito en mis oídos una hija no soporta ser maldecida por su madre aunque sea la última de las putas.
«¿Fuiste tú la que ha llamado…? También a mí me sorprende pero en fin hubiera podido ser una noche así que pensaras en mi pena y te dijeras que entre madre
e hija no es posible seguir peleadas hasta la muerte; sobre todo que verdaderamente no veo lo que puedes reprocharme… No grites así…»
Colgó. Quiere que la dejen en paz. La zorra me tira vitriolo y yo tengo que cerrar el pico. ¡Qué odio! Siempre me ha odiado, mató dos pájaros de un tiro
al casarme con Albert: aseguraba sus placeres y mi desgracia. Yo no quería admitirlo soy demasiado limpia demasiado blanca pero salta a la vista. Es ella
quien lo enganchó durante el curso de gimnasia y se lo ligó así asquerosa como era no era nada apetitoso metérsela pero con los hombres que le habían pasado
por encima debía conocer trucos y posturas como la de dejarse poner a caballo por el tipo. Ya la estoy viendo es tan inmunda la manera de joder de las
tipas. Era demasiado vieja como para conservarlo se sirvió de mí se burlaban a mis espaldas y siguieron con el asunto; el día que yo entré de improvisto,
ella estaba toda colorada. ¿A qué edad habrá parado? A lo mejor se liga gigolós es menos pobre de lo que dice habrá guardado alhajas y las va soltando
poco a poco. A mí me parece que a partir de los cincuenta años hay que tener la decencia de renunciar; yo he renunciado mucho antes de mi luto. Ya no me
interesa estoy cerrada ya no pienso más en esas cosas ni en sueños. Esa momia estremece imaginar su entrepierna se baña en perfumes por debajo huele se
maquillaba se acicalaba no se lavaba lo que yo llamo lavarse cuando aparentaba ducharse era para mostrarle el culo a Nanard. Su hijo su yerno: dan ganas
de vomitar. Me dirían: «Tienes lodo en la cabeza». Saben arreglárselas.. Si se les hace notar que chapotean en la mierda gritan que es una la que tiene
los pies sucios. Mis buenas amigas hubieran querido ponerme los cuernos las mujeres son todas estiércol y él que me gritaba: «Eres innoble». Los celos
no son innobles el verdadero amor tiene pico y garras. Yo no era de ésas que aceptan el reparto o la cama redonda como Christine yo quería que fuéramos
una pareja limpia una pareja correcta. Sé guardar las formas pero no soy mema los escándalos nunca me han dado miedo. No permití que me escarnecieran puedo
volver sobre mi pasado: nada sucio nada equívoco. Pero soy un mirlo blanco.
Pobre mirlo blanco: solo en el mundo. Eso es lo que los cabrea: soy alguien demasiado correcto. Querrían suprimirme me han enjaulado. Encerrada entre cuatro
paredes acabaré por morir de aburrimiento realmente morir. Parece que eso les ocurre hasta a los bebés cuando nadie se ocupa de ellos. El crimen perfecto
que no deja huellas. Ya cinco años de este suplicio. Este estúpido Tristan que me dice: viaja tienes bastante dinero. Bastante dinero para viajar piojosamente
como antes con Albert: no volverán a pegármela. ¡La pobreza siempre es fea pero viajando! No soy esnob, los hoteles de lujo con las mujeres enjoyadas y
los melindrosos porteros ya le demostré a Tristan que eso no me deslumbra. ¡Pero cuartos cochambrosos y las tascas eso sí que no! Sábanas dudosas manteles
mugrientos dormir encima del sudor mierdoso de los demás en su pringue comer con cubiertos mal fregados como para coger ladillas o viruela y los olores
me hacen vomitar; sin contar que me vuelvo estreñida a muerte porque los retretes en donde todo el mundo caga me bloquean en el acto; la fraternidad de
la mierda muy poco para mí. Y además ¿qué sentido tiene andar paseándose sola? Con Dédé nos divertíamos queda elegante dos hermosas muchachas en descapotable
los cabellos al viento; en Roma de noche en la Piazza del Popolo hacíamos un adulado espectáculo. Con otros amigos también me he divertido. ¡Pero sola!,
a mi edad ¿qué aspecto tiene una en las playas, en los casinos si no se tiene un hombre al lado? Los museos de ruinas con Tristan ya estoy hasta la coronilla.
No soy una histérica no caigo en trance delante de columnas o de viejas barracas desvencijadas. La gente de los siglos pasados me importa un bledo están
muertos es su única superioridad sobre los vivos pero en su época también ellos eran cargantes. Lo pintoresco no me seduce; mugre que apesta ropa de cama
sucia troncos de coliflor ¡si habrá que ser esnob para pasmarse! Y siempre por todas partes es lo mismo sea que coman patatas fritas, paella o pizza la
misma calaña una sucia ralea de ricos que lo aplastan a uno de pobres que quieren vuestra pasta de viejos que chochean de jóvenes que se burlan de hombres
que se pavonean de mujeres que abren las piernas. Prefiero quedarme en mi agujero leyendo una de la serie negra aunque se hayan vuelto insulsas. ¡La tele
también qué banda de tarados! Yo estaba hecha para otro planeta, me equivoqué de destino.
¿Por qué tienen que venir a armar jaleo justo bajo mi ventana? Se quedan allí al lado de los coches no se deciden a levantar el vuelo. ¿Qué es lo que pueden
decirse? Mocosos mocosas grotescas con sus faldas mini y pantalones ceñidos ojalá revienten ¿es que no tienen madre? Y los muchachos con los pelos por
el pescuezo. Vistos desde lejos parecen limpios. Pero a todos esos beats que amaestran piojos si el comisario de policía tuviera cojones los metería en
chirona. ¡Qué juventud! Se drogan joden entre sí no respetan nada. Voy a echarles un balde de agua sobre la cabeza. Son capaces de violar mi puerta romperme
la jeta estoy indefensa más vale cerrar la ventana. La chica de Rose parece que es de ese tipo y Rose juega a la hermana mayor no se dejan ni un minuto
son inseparables. Sin embargo la tenía en un puño y hasta le daba sus buenas zurras no se tomaba el trabajo de hacerla razonar la chica era caprichosa
arbitraria; detesto los caprichos. ¡Oh! Rose se prepara un hermoso futuro. Dédé tiene razón se ve venir que Danielle le aparecerá preñada… Yo hubiera hecho
de Sylvie una buena chica. Le regalaría vestidos joyas estaría orgullosa de ella saldríamos juntas. No hay justicia. Eso es lo que vuelve loca: la injusticia.
¡Cuando pienso la madre que he sido! Tristan lo reconoció; le he obligado a reconocerlo. Y después de eso, me grita que está dispuesto a todo para no dejar
conmigo a Francis; se burlan de la lógica dicen cualquier cosa y se escapan corriendo. Se traga los peldaños de cuatro en cuatro mientras yo grito por
el hueco de la escalera. Así no va a ganarme. Le obligaré a hacerme justicia: lo juro sobre mi propia cabeza. Me devolverá mi lugar en su hogar mi lugar
en la tierra. Haré de Francis un chico bien ya verán qué madre soy..
Me hacen reventar los asquerosos. La juerga de mañana me mata. Quiero ganar. Lo quiero lo quiero lo quiero lo quiero lo quiero. Voy a echarme las cartas.
No. En caso de mala suerte me tiro por la ventana no quiero eso los haría gozar demasiado. Pensar en otra cosa. En cosas alegres. El pequeño de Burdeos.
No esperábamos nada uno del otro nos hacíamos preguntas no nos hacíamos promesas nos metíamos en la cama y hacíamos el amor. Duró tres semanas y se fue
para África lloré lloré. Es un recuerdo que me descansa. Ese tipo de cosas no suceden más que una vez en la vida. ¡Lástima! Cuando vuelvo a pensarlo me
digo que si hubieran sabido quererme habría sido la ternura misma. Las canallas me partieron por el eje les importa un cojón todo cada uno puede reventar
en su rincón los maridos poner los cuernos a sus mujeres las madres tirar fetos, nada de lío boca cerrada me asquea esa prudencia y que no tengan el coraje
de sostener sus opiniones. «Tu hermano es demasiado tacaño» es Albert quien me lo ha hecho notar yo tengo demasiada nobleza para reparar en esas cosas
pero es verdad que tragaban tres veces más que nosotros y que dividíamos la cuenta y dos mil cosas por el estilo. Y después me lo reprochan: «No hubieras
debido repetírselo» todo eso en la playa había estado chupado. Etiennette lloraba sobre sus mejillas las lágrimas parecían grasa. «Ahora que lo sabe se
corregirá» le contesté era ingenua creía que podían corregirse que haciéndolos razonar uno podía educarlos. «Vamos Sylvie reflexiona. ¿Sabes cuánto cuesta
este vestido y cuántas veces vas a ponértelo? Vamos a devolverlo.» Siempre había que volver a empezar me agotaba. Nanard será tacaño hasta el fin de sus
días. Albert cada vez más socarrón mentiroso mezquino. Tristan siempre tan suficiente pontificador. Me rompía el culo para nada. Cuando intenté enseñar
a Etiennette a vestirse Nanard me chilló: ¡la chica tenía veintidós años y yo la disfrazaba de maestra solterona! Siguió disfrazándose con vestidos de
colorines. Y Rose que me gritó: «¡Eres mala!». Yo le había hablado por lealtad las mujeres tienen que ayudarse unas a otras. ¿Quién me lo ha agradecido?
Les he prestado dinero sin pedirles interés nadie ha sabido agradecerme algunos hasta gritaron cuando reclamé que me lo devolvieran. Las amigas que llenaba
de regalos me acusaban de darme pisto. Y hay que ver cómo desaparecía la gente a quien había hecho favores sin embargo Dios sabe que no abusaba. No soy
de los que creen que todo les está permitido. La tía Marguerite: «¿Mientras estés de viaje este verano puedes prestarnos tu apartamento?». ¡Ah, no, mierda!
Los hoteles no han sido inventados para los perros y si no podían pagarse su estancia en París, no tenían más que quedarse en su agujero. Un apartamento
es algo sagrado me hubiera parecido una violación. Es como Dédé: «No hay que dejarse comer vivo» me dice. Pero ella me tragaría con mucho gusto. «¿No tienes
un abrigo de noche para prestarme? No sales nunca.» No salgo nunca pero he salido; son mis vestidos mis abrigos me recuerdan un montón de cosas no quiero
que una zorra ocupe mi lugar. Y además apestan. Si yo muriera mamá y Nanard se repartirían mis harapos, ¡ah no!, quiero vivir hasta que las polillas lo
hayan devorado todo o si tengo un cáncer tiraré todo a la basura. Bastante se han aprovechado de mí Dédé la primera. Se tomaba mi whisky se pavoneaba en
mi descapotable. Ahora, se hace la amiga que tiene un gran corazón. Pero ni siquiera se ha molestado en llamarme desde Courchevel esta noche. Cuando su
cornudo viaja y ella se aburre entonces sí entonces desplaza su enorme culo y aparece aunque yo no tenga gana. Pero es Nochevieja estoy sola y me consumo..
Ella baila lo pasa en grande ni por un minuto ha pensado en mí. Nunca piensa en mí. Como si estuviera borracha del mundo. Como si no hubiera existido nunca.
¿Es que acaso existo? ¡Oh! Me he pellizcado tan fuerte que se me va a hacer un cardenal.
¡Qué silencio! Ni un coche ni un paso por la calle ni un ruido en la casa un silencio de muerte. El silencio de la cámara mortuoria y sus miradas sobre
mí que me condenaban sin haberme escuchado y sin apelación. ¡Ah!, se pasan de la raya. Todos sus remordimientos los encajaron sobre mi espalda el chivo
expiatorio ideal y por fin podían inventar un pretexto para su odio. Mi desgracia no los ha ablandado. Sin embargo me parece que Satán en persona me hubiera
tenido lástima.
Toda mi vida serán las dos de la tarde un martes de junio. «La señorita duerme muy profundamente no puedo despertarla.» Mi corazón saltó me precipité a
los gritos: «Sylvie ¿estás enferma?». Parecía dormir todavía estaba tibia. Todo había terminado hacía varias horas me dijo el médico. Chillé di mil vueltas
por el dormitorio como una loca. ¡Sylvie Sylvie por qué me has hecho esto! Vuelvo a verla tranquila plácida y yo perdida y esa nota para su padre no significaba
nada la rompí formaba parte del decorado no era más que un decorado, ¡estaba segura estoy segura —una madre conoce a su hija— de que ella no quiso morir
pero había aumentado la dosis, estaba muerta qué horror! Es demasiado fácil con esas drogas que se consiguen de cualquier manera; esas chiquillas por una
pequeñez juegan al suicidio; Sylvie siguió la moda: no se despertó. Y llegaron ellos besaban a Sylvie ninguno me besó a mí y mi madre gritó: «¡Tú la has
matado!». Mi madre mi propia madre. La hicieron callar pero sus rostros ese silencio el peso de sus silencios. Sí, si yo fuera de esas madres que se levantan
a las siete de la mañana la habría salvado yo vivo a otro ritmo no es un crimen. ¿Cómo hubiera adivinado? Yo estaba siempre allí cuando ella volvía del
liceo muchas madres no pueden decir lo mismo dispuesta a charlar con ella a interrogarla ella era la que se encerraba en su cuarto con el pretexto de estudiar.
Jamás le he fallado. ¡Y mi madre ella que me abandonó me descuidó ella sí se atrevió! No supe qué contestar mi cabeza daba vueltas ya no veía nada claro.
«Si hubiera ido a darle un beso esta noche al volver…» Pero yo respetaba su sueño y por la tarde me había parecido casi alegre. ¡Qué suplicio esos días!
Veinte veces creí que iba a desmoronarme. Los compañeros los profesores depositaban ramos sobre el ataúd sin decirme palabra; si una chica se mata la madre
es la culpable; así razonan ellas por odio contra sus propias madres. La arrebatiña. Casi me dejé atrapar. Después del entierro caí enferma. Me repetía:
«Si me hubiera levantado a las siete… Si hubiera ido a darle un beso al volver…». Me parecía que todo el mundo había escuchado el grito de mi madre ya
no me atrevía a salir de mi casa me arrastraba contra las paredes el sol me crucificaba creía que la gente me miraba que murmuraban que me señalaban con
el dedo basta basta prefiero morir aquí mismo que revivir esas horas. Adelgacé diez kilos, un esqueleto perdía el equilibrio titubeaba. «Psicosomático»
dijo el médico. Tristan me dio dinero para la clínica. Es la locura las preguntas que me hacía a mí misma hubiera podido volverme loca. Un falso suicidio
había querido probar a alguien: ¿a quién? Yo no la había vigilado bastante hubiera debido no separarme ni un paso hacerla seguir investigar desenmascarar
al culpable un muchacho una chica a lo mejor esa zorra de la profesora. «No señora no había nadie en su vida.» No dijeron ni pío las dos pécoras sus miradas
me asesinaban; se sostienen todas unas a otras la conspiración de la mentira hasta más allá de la muerte. Pero no me convencieron. Yo sé. A su edad con
las costumbres de hoy en día imposible que no haya habido nadie. ¿A lo mejor estaba embarazada o había caído en manos de una marimacho o en medio de una
banda de degenerados alguno la chantajeaba y se aprovechaba de ella amenazándola con contármelo todo? ¡Ah! No quiero imaginar nada. Podrías decírmelo Sylvie
mía yo te hubiera sacado de esa sucia historia. Seguramente era una sucia historia para que le hubiera escrito a Albert: «Papá te pido perdón pero no puedo
más». A él no podía hablarle ni a los demás; la mimaban pero eran extraños. Sólo a mí hubiera podido confiarse.
Si ellos. Si su odio. ¡Asquerosos! Casi me la pegan pero no lo han conseguido. Yo no soy vuestro chivo expiatorio. Me he sacudido los remordimientos. Os
he gritado la verdad a todos vosotros a cada uno su parte y no tengo miedo de vuestro odio paso a través de él. ¡Asquerosos! Ellos fueron los que han matado.
Me cubrían de fango la educaron en mi contra la trataban como a una mártir eso la halagaba a todas las chicas les gusta hacerse las mártires; se tomó el
papel en serio desconfiaba de mí no me contaba nada. Pobre chiquilla. Necesitaba mi apoyo mis consejos la privaron de eso la condenaron al silencio no
supo arreglárselas sola preparó esa comedia y de resultas murió. ¡Asesinos! Mataron a Sylvie a mi Sylvette a mi chiquilla querida. Yo te quería. Ninguna
madre más devota que yo; no pensaba sino en tu bien. ¡Abro el álbum de fotografías miro todas las Sylvies!, ese rostro de niña algo arisco, ese rostro
secreto de adolescente. A la chica de diecisiete años que me asesinaron le digo mirándola a los ojos: «He sido la mejor de las madres. Más tarde me lo
habrías agradecido».
Llorar me ha aliviado y empiezo a tener sueño. No dormirme en este sillón volvería a despertarme y sería fastidioso. Ponerme los supositorios acostarme.
Poner el despertador a mediodía tener tiempo para prepararme. Es preciso que gane. Un hombre en casa mi pequeño lo besaré por las noches toda esta ternura
que no sirve para nada. Y además sería la rehabilitación. ¿Qué? Me estoy durmiendo digo tonterías. Para ellos va a ser una bofetada en plena cara. Tristan
es alguien lo respetan. Quiero que testimonie por mí: se verán obligados a hacerme justicia. Voy a llamarlo. Convencerlo esta misma noche…
«Has sido tú quien me ha llamado… ¡Ah!, creí que habías sido tú. Dormías discúlpame pero me alegro de oír tu voz es tan desagradable una noche así nadie
ha dado señales de vida sin embargo saben cuando uno ha tenido una gran desgracia uno no soporta las fiestas todo ese ruido esas luces te has dado cuenta
nunca París ha estado tan iluminado como esta noche tienen dinero para derrochar mejor haría rebajando los impuestos me encierro en casa para no ver todo
eso. No logro dormir estoy demasiado triste demasiado sola cambio las cosas es necesario que discuta contigo, sin pelearse sobre todo como buenos amigos
escúchame bien es verdaderamente muy importante lo que tengo que decirte no pegaré un ojo hasta que el asunto esté arreglado. ¿Me escuchas, sí? Toda la
noche he estado pensando no tenía otra cosa que hacer y verdaderamente te aseguro es anormal esta situación, no vamos a seguir así en fin seguimos casados
qué derroche estos dos apartamentos volverás a vender el tuyo por veinte millones por lo menos y yo no te molestaría no tengo miedo no es cuestión de recomenzar
la vida conyugal ya no nos queremos no estamos enamorados yo me encerraría en la habitación del fondo no me interrumpas podrías tener todas las mujeres
que quieras me deja fría pero puesto que seguimos siendo amigos no hay razón para que no vivamos bajo el mismo techo. Y es preciso por Francis. Piensa
un poco en él no he hecho otra cosa en toda la noche y me destrozo. Es malo para un niño tener padres separados se vuelven hipócritas viciosos mentirosos
tienen complejos no se desarrollan. Quiero que Francis crezca. No tienes derecho a privarle de un verdadero hogar… Pero sí volvamos a hablar del asunto
siempre te escapas pero esta vez quiero que me escuches. Es demasiado egoísta hasta un poco monstruoso: privar a un hijo de su madre a una madre de su
hijo. Sin motivo.. No tengo vicios no bebo no me drogo y has reconocido que era la más devota de las madres. ¿Entonces? No me interrumpas. Si piensas en
tus amoríos te repito que no te impediré joder. No me contestes que no se puede vivir conmigo que yo te devoraba que te destrozaba. Sí yo era algo difícil
de llevar es mi modo de protestar; pero si hubieras tenido un poco de paciencia si hubieras tratado de comprender y sabido hablarme en lugar de emperrarte
todo habría marchado mejor entre nosotros dos tú tampoco eres un santo no te creas eso; en fin el pasado es el pasado; he cambiado; te das perfecta cuenta:
he sufrido he madurado soporto cosas que no soportaba déjame hablar no tienes que tener miedo de los escándalos conviviríamos amablemente y el niño sería
feliz como tiene el derecho de serlo no veo qué es lo que puede objetar… ¿Por qué ésta no es una hora para hablar? Es una hora que me viene muy bien. Así
y todo puedes sacrificarme cinco minutos de sueño yo no pegaré ojo hasta que la cuestión esté resuelta no seas siempre egoísta es tener mala leche impedir
que la gente duerma se vuelva loca no quiero. Siete años que me pudro sola como una maldita y la sucia banda se burla me debes una revancha déjame hablar
tiene muchas deudas para conmigo sabes porque con todo no es muy limpia la manera como te has comportado; me hiciste la comedia de la pasión dejé plantado
a Florent y rompí con mis amigos y después me abandonaste todos tus amigos me dieron la espalda; ¿por qué simulaste que me amabas? A veces me pregunto
si no era algo planeado… Sí un asunto planeado: es tan increíble ese gran amor y después ese abandono… ¿No te habías dado cuenta? ¿De qué? No me repitas
que me casé por interés tenía a Florent y podía tener pasta a montones y figúrate que ser tu mujer no me deslumbraba no eres Napoleón a pesar de lo que
creas, no me lo repitas o chillo no dices nada pero te oigo rumiar las palabras en la boca no las digas es mentira es falso completamente falso imaginaste
el cuento del amor loco y me dejé atrapar… No me digas escucha Murielle conozco de memoria tus respuestas me has dado la lata cien veces basta de cuentos
conmigo esto no marcha y no pongas esa cara de hastío sí digo esa cara de hastío te veo por el auricular. Has sido aún más asqueroso que Albert él era
joven cuando nos casamos tú tenías cuarenta y cinco años debías medir tus responsabilidades. En fin está bien el pasado es el pasado. Te prometo que no
te haré reproches. Borramos todo y recomenzamos con el pie derecho puedo ser dulce y gentil bien lo sabes si no me hacen la puñeta. Vamos dime que estamos
de acuerdo mañana arreglaremos los detalles…
»¡Cerdo! Te vengas me torturas porque no se me cayó la baba al verte pero a mí la pasta no me deslumbra ni los aires de grandeza ni las grandes palabras.
“Jamás por nada en el mundo” eso queda por ver Me defenderé. Hablaré con Francis le diré quién eres. ¿Y si me matara en su presencia crees que le dejaría
un buen recuerdo?… No eso no es chantaje sucio asqueroso para la vida que llevo poco me costaría liquidarme. No hay que acorralar a la gente hasta el final
se vuelve capaz de todo hasta hay madres que se suicidan con su hijo…
»¡Cerdo! ¡Canalla!» Ha colgado… No contesta no va a contestar. Asqueroso. ¡Ah!, el corazón me falla voy a reventar. Me siento mal muy mal me matan a fuego
lento ya no puedo más me mataré en su propia sala de estar me abriré las venas volverán habrá sangre por todas partes y estaré muerta… ¡Ah!, me he golpeado
muy fuerte me he hecho un tajo en el cráneo a ellos hay que golpearlos. La cabeza contra las paredes no no me volveré loca no van a agarrarme me defenderé
ya encontraré armas. Qué armas asquerosos me voy a ahogar el corazón va a fallarme tengo que calmarme…
… ¡Dios mío! ¡Haz que existas! Haz que haya un cielo y un infierno me pasearé por los senderos del paraíso con mi hijo y con mi hija querida y ellos se
retorcerán en las llamas de la envidia los miraré tostarse y gemir reiré y los niños reirán conmigo. Me debes esa revancha Dios mío. Exijo que me la des.
 
 
Monólogo.
Simone de Beauvoir.
 
Traducción: Dolores Sierra y Neus Sánchez