Texto publicado por Nelson

Aviación sin barreras.

Buenos días Multiamigos:  Adjunto el enlace de Aviación sin barreras, con información de medios de comunicación de Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Uruguay,
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completo y la Guía de aeropuertos del Ecuador accesible para PCD.

Saludos cordiales y les deseo un excelente inicio de semana.

Luis Cueva.

Aviación sin barreras. Lunes 12 de marzo de 2018

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Buenos días estimados amigos:  Quien construye admira incesantemente su obra, su arte; quien destruye, huye inmediatamente como un cobarde. Quien crea,
goza, se recrea y comparte, quien devasta, con su demolición se desmorona como ser, como persona. 

En medio no de una, sino de algunas cruentas guerras, Bagdad aún alberga a la vera de sus calzadas verdaderos campos de batalla, a cientos y miles de personas
que a fuerza de voluntad intentan trabajar y vivir en paz.,  

Es el caso de un cartero, que a lomo de su moto retaceada entre cráteres y metralla intenta cumplir su misión con esmero… Pero, al llegar a casa las preguntas
de su hijo represadas por la incredulidad se desbordan e inundan sin palabras o razones para contestar, pues, ¿Quién puede justificar tanta barbaridad?

Pero entre el asedio de las bombas, incursiones o el miedo, hay un lugar etéreo dedicado al cuento y la cultura, donde Abdul, el hijo del cartero se refugia
en la dimensión intangible de la literatura, y es allí damas y caballeros hacia donde hay que bregar con esmero.

Título:  El cartero de Bagdad.

Autor:  Marcos S. Calveiro. 

Nota de contraportada:  Estamos en Bagdad, la ciudad atravesada por el Tigris, la que aparece en los cuentos de “Las mil y una noches”, la que hoy resiste
entre las bombas entre fuegos cruzados.  La gente vive vigilando el cielo, las escuelas han cerrado y los niños ya no juegan en las calles. 

Ajeno a todo, Ibrahím reparte el correo en su motocicleta. En un bolsillo lleva una misteriosa carta que se ha propuesto entregar cueste lo que cueste.

Acerca del autor:  Marcos S. Calveiro 1968, quiso ser arqueólogo, dibujante de cómics, músico y arquitecto y acabó ejerciendo de abogado en Vigo.  De niño
era poco hablador, prefería observar el mundo y escuchar las historias de los clientes en la taberna de sus abuelos. 

De su pasión por las civilizaciones lejanas nacieron otros dos libros:  “Sari, soñador de mares y rinocerontes” y “Quimeras, ambos publicados en gallego
por Tambre.

Cita 1.

“La historia personal de Abdulwahid, comienza muy lejos de las calles de Bagdad, donde vino al mundo hace 11 años.  Se remonta a una calurosa mañana de
verano de 1960, ese día el levantador de pesas Abdulwahid Asís, obtuvo una medalla de bronce en los juegos Olímpicos que se celebraban en Roma”.

Cita 2.

“Llegó gente de todo el país en peregrinación, fieros kurdos desde el norte, sunitas desde el sur y chiitas desde la ciudad santa de Nayaj, para todos
ellos sin excepción de ninguna clase, Abdulwahid era su campeón.  Las calles de la ciudad nunca volvieron a oler como aquel día, afirmaba Ibrahím”.

Cita 3.

“Jamás añadía Ibrahím melancólico, mientras inspiraba enérgicamente por su nariz respingona.  Intentaba así recobrar aquella fragancia de la niñez que
sabía perdida para siempre.  Ahora esas mismas calles y avenidas huelen a pólvora y a muerte y están tapizadas de escombros y escoria”.

Cita 4.

“¿Y cuántos años tendrá ahora?  Debe ser muy anciano, por lo menos tantos como tu abuela, en realidad Abdulwahid ignora si  vive todavía, sabe bien que
en estos tiempos inciertos, la vida de los vecinos de cualquier barrio concluye y comienza cada atardecer”.

Cita 5.

“Abdulwahid ayuda ahora a su padre a arreglar la moto en la trasera de la casa, Ibrahím lo observa, año a año aquel retaco se ha convertido en un chaval
casi tan alto como él.  Fatiya nunca se cansa de decir que son igualitos, eso sí, los ojos del niño son los míos, añade orgullosa”.

Cita 6.

“Carrada queda en la margen derecha del Río Itchla, que es como los bagdadíes llaman al Tigris.  Ocupa toda la península formada por uno de los grandes
meandros que el Tigris describe al atravesar la ciudad, se trata de un barrio variopinto, pues en él habitan tanto cristianos como musulmanes chiitas y
sunitas”.

Cita 7.

“Una larga calle llamada Arasat Eljimbille, cruza el barrio de un extremo a otro.  Antes de la guerra fue un lugar bullicioso, atestado de gente alegre
que acudía a sus numerosos bares y restaurantes, entonces no había problemas de aprovisionamiento y se podía pedir sin ninguna dificultad cerveza, vino
e incluso champán  a los atareados camareros”.

Cita 8.

“Ibrahím el padre de Abdulwahid es cartero, montado en su moto reparte el correo por las callejas del barrio de Carrada, en la margen derecha del Río Tigris
en la Ciudad de Bagdad, la misma que hace más de 1200 años fundó cerca de las ruinas de la Antigua Babilonia el Kalifa Almanzur, para ser capital del Islam,
la que llegó a ser la ciudad más grande de la tierra”.

Cita 9. 

“Zafar, el segundo mes del año comienza como los anteriores, bajo la baraúnda de las explosiones y de los disparos. Abdulwahid juega en la almunia con
un helicóptero de plástico, siente en la lejanía el run run del motor que anuncia la llegada de su padre.  Deja el juguete, el único que tiene y corre
hacia la delantera de su casa, la moto viene tambaleándose de un lado a otro de la calleja”.

Cita 10.

“Te dejo aquí este pescado que conseguí en la plaza, dice Ibrahím a su mujer sin haberla saludado antes, dejando el paquete a lado del hornillo.  Muy bien,
¿Qué tal el día? Si te soy franco, paso más miedo encima de ese vehículo del que sentí en las trincheras del desierto en la guerra contra los iraníes”.

Cita 11.

“Abdulwahid imita ahora en la almunia los rugidos del motor, como si   acelerase en una recta de salida.  A Ibrahím le hace gracia, pero enfrascado en
una discusión como está con Fatiya, evita sonreír delante de ella, si lo hiciera llevaría las de perder.  Pues gracias a la guerra y haberme licenciado
allí, obtuve mi puesto de cartero, prosigue Ibrahím”.

Cita 12.

“La vivienda no pasa de un espacio rectangular que sirve de cocina, salón y dormitorio, en una de las esquinas hay una vieja cocina de leña.   Sobre ella
descansa un hornillo, en el que Fatiya prepara esos platos deliciosos que a Abdulwahid tanto le gustan”.

Cita 13.

“Déjame recordar, sí, había una que venía de Creta.  ¿Creta? Pregunta Abdulwahid sorprendido.  Sí, es una isla griega en el Mar Egeo.  Voy a ver, Abdulwahid
se tumba en el suelo y abre una revista, sigue con su dedo el hilo azul del caudaloso Éufrates, llega a Siria y desde la Ciudad de Alhepo salta al Mar
Mediterráneo.  Enseguida localiza la isla, es muy grande, tiene una forma alargada, aquí está, la capital se llama Eraclion  y la montaña más alta Iti”.

Cita 14.

“Hace mucho mucho tiempo, cuando el profeta aún no había pisado la tierra de nuestros antepasados, gobernaba la Isla de Creta un poderoso rey llamado Minos. 
Le había mandado  a construir a Dédalo el arquitecto real, un gran laberinto, una intrincada tela de araña de largos corredores y cientos de puertas en
el que era imposible encontrar la salida.  En él, estaba encerrado el minotauro, un monstruo con cabeza de toro y cuerpo de hombre.  Cada año llegaban
a la isla 7 muchachos y 7 muchachas desde Atenas para servir de desayuno al monstruo”.

Cita 15.

“Hasta que un día, entre los muchachos destinados al sacrificio, llegó un príncipe ateniense llamado Ateseo.  Ariagna, la hija del rey minos se enamoró
de él nada más verlo.  Cuando Teseo derrotó al minotauro, logró salir del laberinto siguiendo el hilo que Ariagna le había entregado, gracias a ella y
su inteligencia, pudo encontrar el camino de salida y salvarse de una muerte segura”.

Cita 16.

“Así, con cada país que Abdulwahid encontraba en el mapamundi, comenzaba a viajar con las palabras de su padre y su madre, un viaje que durante unos instantes
maravillosos, le llevaba lejos, muy lejos de Bagdad, muy lejos del estruendo de las bombas, de los disparos y de las ambulancias… Muy lejos de la guerra”.

Cita 17.

“Abdulwahid ya no acompaña a su padre al rezo de Aljumá, Ibrahím dejó de llevarlo hace un año, cuando una bomba explotó en la mezquita de Al Ascari en
Samarra, una ciudad situada a cien kilómetros al norte de Bagdad, y voló por los aires su cúpula dorada.  A partir de ese momento, las mezquitas de todo
el país  tanto chiitas como sunitas comenzaron a sufrir atentados.  No puede ser Abdulwahid,  se ha vuelto muy peligroso, tienes que quedarte en casa,
esos condenados ya ni respetan los lugares sagrados”.

Cita 18.

“Esa es la razón de que tenga que encontrar a su destinatario, no es solo un sobre, un sello y la tinta de las palabras que lleva escritas, es algo más
que un pedazo de papel, es algo sagrado Abdulwahid, afirma Ibrahím solemne.  No lo entiendo padre, para mí sigue siendo un simple papel, le dice Abdulwahid
con escepticismo.  Tienes que pensar que en medio de esta destrucción, la gente quiere saber de los suyos, si están vivos y cómo les va las cosas”.

Cita 19.

“El simún cubrirá de arena nuestras casas y no quedará ni huella de nosotros sobre esta tierra seca, nos extinguiremos.  ¿Y las cartas acabarán   con la
guerra? Pregunta Abdul Wajir inocentemente.  No, pero es una manera de aferrarnos a la vida, una manera de aportar algo de normalidad entre tanto desastre,
por eso arriesgo todos los días la vida para entregar esas cartas, mientras el cartero siga llamando a la puerta, aún quedará una esperanza para que esta
locura termine”.

Cita 20.

“Las dos familias se habían llevado siempre muy bien, pero desde lo de las bombas en las mezquitas a Ahmed no le permiten jugar con él, su familia es chiita. 
Pero, ¿Por qué no le dejan padre? Porque nos culpan de la bomba en la mezquita de Samarra.  ¿A ti?  Preguntaba Abdulwahid incrédulo, ante la sospecha de
que su padre pudiese ser un guerrillero.  No, a los sunitas, y como nosotros lo somos, pues ya ves”.

Cita 21.

“¿Tan importante era aquella mezquita?  En Bagdad hay cientos de ellas, para los chiitas sí,  pues allí estaban enterrados dos de sus imanes más venerados.
Pero… ¿No somos todos musulmanes? Pues sí, y todos seguimos las enseñanzas del profeta y de su libro.  ¿Y, ellos practican la oración? Sí Abdulwahid. 
¿Y, la limosna? Pues claro, Abdulwahid.  ¿Y, el ayuno? También Abdulwahid.  ¿Y, tienen el deber de peregrinar a La Meca?  Sí, Abdulwahid, como todo buen
musulmán.  Entonces son como nosotros, no veo ninguna diferencia.  La hay, pero tú eres muy joven como para entenderla”.

Muy atentamente.

Luis Eduardo Cueva Serrano.

Aviación sin barreras.

Quito, Ecuador, Sudamérica.

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