Texto publicado por JAIME MAURICIO GAITÁN GÓMEZ

MI LUCHA DIARIA SE ENMARCA EN QUERER SER OPTIMISTA… ¡PERO LA REALIDAD SIEMPRE PATEA ESE DESEO!

A pesar de haber luchado toda mi vida con mis limitadas capacidades por construir oportunidades productivas para que cientos de miles de personas que por los caprichos de la naturaleza, por la imprudencia originada en la inconsciencia de actos irresponsables, por haber estado en el sitio equivocado en el momento más inoportuno o, por haber sido víctima de alguna infección u enfermedad, nos correspondió vivir con deficiencias en cualquiera de nuestras funciones sensoriales, físicas u orgánicas con lo que nos tocó ocupar el más bajo de los niveles en el escalafón socio económico y por ende, ser marginados porque no nos podemos comunicar ni poder desarrollar las actividades “productivas” que son demandadas por las deshumanizadas sociedades que en conjunto, son las piezas que como en un rompecabezas, conforman la actual civilización en la que lo que importa al final, es la cantidad de dinero que posea cada individuo para poder comprarle a los dueños de las fábricas, de las instituciones financieras y, en general, del poder, el producto de sus ambiciones y de su deseo incontrolable de ejercer dominio sobre todo cuanto existe, incluidas las personas.

Desde hace cerca de tres meses, no por la generosidad del sistema, sino por haber tenido que acudir a la justicia para que se me reconociera lo que el común de la gente me ha negado por no ver y a otros por no oír, no poder desplazarse sin la ayuda de una silla de ruedas, no poder entender o interpretar adecuadamente el mundo que los rodea o tener que estar postrados en un lecho sin más aspiración que esperar el día que legalmente, sean declarados fallecidos, estoy recibiendo un salario mínimo con el que puedo estar tranquilo en relación a que podré pagar el agua que gasto para bañarme diariamente, llevar a mi estómago el alimento que debo comprarle a los materializados comerciantes que distribuyen los productos que debemos consumir y que ellos no le dan a nadie sin que se les pague por ello, pagar el valor del pasaje del ignominioso transporte pensado para beneficiar no a las personas que tienen que ir a los sitios en los que son explotados por los dueños de la “productividad” sino a los empresarios que se quedan con la mayor parte del producido sin compartir los gastos que implica el mantenimiento de la frágil y mal planeada infraestructura, en el caso bogotano, del sistema de transporte masivo llamado Transmilenio engendrado por el empresario del urbanismo al que la mayoría de bogotanos y bogotanas “light”, eligieron por segunda oportunidad como nuestro burgomaestre, ingreso que no me da margen ni siquiera para comer alguna vianda fuera de la económica papa, arroz, unos cuantos gramos de proteína y de pronto, algún grano ni ir a tomar algo de sol en alguna de las poblaciones cercanas a la congestionada y contaminada capital de este país que ha sido desmembrado por la clase dominante y por quienes habiendo obtenido el privilegio de ser aceptados en ese círculo social por haber obtenido desproporcionados capitales provenientes de sus actos corruptos, delincuenciales y abusivos que esconden detrás de las imágenes empresariales que construyen con esos dineros mal habidos, pero que son capaces de postrar a sus caprichos a políticos, líderes, periodistas y a todos aquellos que representan la verdadera filosofía del monetarismo.

Gracias a los esfuerzos de mi padre fallecido hace tan solo siete meses y al de mi madre, quienes tuvieron que vivir con todo tipo de restricciones durante las tres últimas décadas porque mi padre, el mejor de los seres humanos que he conocido, no completó los suficientes pagos de las semanas exigidas por el sistema pensional que parece, será modificado porque de acuerdo a la mirada de los políticos que no quieren perder sus privilegios, está desangrando las finanzas del país sin querer quedar en evidencia en cuanto a la verdadera razón del descalabro financiero de la nación y que se hubiera podido evitar si se hubiese atajado la voraz corrupción de la que ellos, han sido protagonistas, vivo en un modesto, pero acogedor apartamento en una barriada popular del sur bogotano, pudiéndole ofrecer a mi esposa, trabajadora social con baja visión producto de una hidrocefalia que se le desarrolló cuando ella tenía tan solo seis añitos de edad y a mi hijo adolescente, un lugar digno en el que no hubiera podido disfrutar si hubiese tenido que ahorrar el dinero que le costó a mis padres y que fuera una de las últimas cosas que pudieron adquirir con el dinero que ganaban con el esfuerzo lícito y ético que siempre realizaron.

Sin la presión de vivir con la angustia de no contar con los recursos para pagar los servicios públicos, la alimentación, la educación de mi hijo, de ayudar a mi hijo mayor producto de un primer matrimonio en el que fracasé porque no es sencillo para alguien que no vive condición de discapacidad, convivir con quien si la vive, de tener que estar saliendo a reuniones que en la mayoría de los casos, eran las acciones que yo llevaba a cabo persiguiendo las ilusiones que implicaban materializar mis ideas de emprendimiento, pero que no pasaban de eso porque la sociedad jamás creyó en mí, me imagino, por no ser un emprendedor con plena capacidad en sus funciones sensoriales o por no generarle al sistema la confianza por no ser yo un practicante del materialista y desproporcionado monetarismo sino un soñador que siempre he creído en que los recursos deberían servir para mejorar la calidad de vida de quienes no hemos sido beneficiados con todos esos “dones” de la “competitividad”, podría ahora estar próximo a ver materializado uno de esos sueños, al que estoy accediendo sin presiones, sin estrés y con pleno optimismo, pero sin la angustia que sea la solución para poder comer, tener un sitio en donde vivir con mi familia, etc.

Sigo siendo optimista, pero la corrupción, la ambición, el materialismo de la humanidad, el infinito egoísmo e individualismo de quienes me rodean y hacen parte de esta sociedad que prefiere vivir en medio de la superficialidad sin ocuparse de la justicia ni el respeto por los demás, patean permanentemente mi ilusión de vivir en medio de una sociedad realmente humana.