Texto publicado por Ma. Guadalupe Hernández Méndez

aquí mi publicación de regalo por tus cinco años bw (la maldición)

La ciudad está engalanada con sus plazas y plazuelas llenos de eventos, aquí una obra de teatro, allá bandas musicales y los turistas van y vienen disfrutando de cada rincón admirando los balcones floridos o a los habitantes del lugar quienes visten las ropas típicas de la fiesta que se celebra hoy en el cerro de la bufa yo, no soy la excepción, desde muy temprano preparé mi vestido de galereña, hoy muy en especial quiero estar hermosa para deslumbrar a Carlos, a ver si así se anima por fin a dar el gran paso y pedirme que sea su esposa. Hace seis meses que lo conocí cuando sin darme cuenta choqué con él al salir del super, todas las latas que llevaba en las bolsas salieron disparadas con el impacto. Primero se me quedó mirando con ganas de matarme luego se fue suavizando su rostro, quizá porque vió el terror que me dejó paralizada sin saber como reaccionar y la pena que yo sentí en ese momento. Le ayudé a levantar todo mientras conversábamos de algunas cosas de las cuales ya no me acuerdo pero que a él debieron parecerle muy chistosas pues no dejó de reír durante el tiempo que estuve ahí, luego nos despedimos de forma cordial, para desagraviarlo acepté salir con él y desde entonces seguimos juntos. Y todo esto sucedió gracias a mi prima Juanita, pues ese día corría yo como conejo para llegar temprano por ella y acompañarla a la misa de las doce en el templo de San Roque,no entiendo porqué si ya le he dicho mil veces que ese templo sombrío me da miedo, ella se empeña en seguir oyendo la misa ahí, hummm pero quizá el lector se preguntará ¿porqué tengo que acompañar a mi prima? Bueno es muy sencillo, porque mi prima quedó ciega en un desventurado accidente a los catorce añitos y desde entonces me propuse ser su lazarillo. ¡ah!, y por cierto, hoy como tantas otras veces iré por ella pues ni pensar que no vaya a subir al cerro, aunque es muy lista y tiene muchas habilidades para desplazarse a veces me da temor que sea tan atrabancada, je je je pero así la quiero. Un grito de mamá me sacó de mis pensamientos y al tiempo que corría a la cocina, me arreglaba el pelo de forma que no me estorbara para ayudar con la comida que llevaremos al cerro para compartir con todos los parientes haciendo el intercambio habitual pues cada familia lleva guisados diferentes entre los que destacan los chiles rellenos en sus muchas presentaciones, en lo particular, a mi me encantan los que prepara mamá. Este día siempre es emocionante porque después de comer todos los primos, incluída Juanita subimos a la cueva y aún hasta arriba de ella, desde ahí se puede contemplar toda la ciudad que, por cierto, es muy bella desde cualquier ángulo que se mire. Arriba, en los picachos me encontraré con Carlos, el amor de mi vida.
El ingeniero Ruiz se paseaba furioso en su oficina, la rabia y la frustración se apoderaban de él cada vez que pensaba en que habían perdido la ruta de la veta madre y que hacía seis meses que no la hallaban por mas esfuerzos que hicieran las cuadrillas de exploradores. En su cabeza entró un recuerdo que lo hizo sonreír evocando unos ojos negros y llenos de temor enmarcados en una carita tierna y dulce de una muchacha, sosteniendo frente a él una lata de atún al tiempo que murmuraba mil disculpas por haberlo atropellado de aquella forma. ¡ay, mi pequeña Maritza! ¿Qué sería de mi si no te hubiera conocido? Mañana, cuando te encuentre allá arriba, con el cielo, el sol y el cerro por testigos, te pediré matrimonio. La emoción lo embargó por un momento pero junto a la carita dulce de su novia surgió también la del padre de ésta y Ruiz sintió una especie de nervios por no poder ayudarlo en lo que Cázares quería, ya había intentado una y mil veces hacer que el ingeniero greyer lo escuchara pero cada vez que le tocaba el tema de la veta madre y del camino de los lupios greyer se enfurecía llamándolo ignorante y superticioso. Ya no estaba dispuesto a sufrir mas agresiones y vejaciones de parte de aquella partida de extranjeros brutos que no querían entender razones por sentirse superiores pues según su dicho “¿Cómo puedes tú que tan solo eres un recién egresado de una universidad desconocida, comparar a un ingeniero graduado en Oxford con un simple minero?”,y ahora ya estaba todo dicho, Greyer ya había dado la orden para que se iniciaran las explosiones en el viejo socavón de la mina “San Vicente” y esto ocurriría mañana mismo. Tomó su casco y queriendo borrar de su mente el temor que lo embargaba al recordar el día en que Cázares le explicó con detalle la razón que, según el abuelo, había para no realizar en el tramo “San Vicente” ninguna explosión antes de hacer los estudios necesarios a profundidad pues Cázares recordaba que existía un expediente hecho por un geólogo canadiense en el que se daba una amplia explicación sobre las placas tectónicas de la ciudad y sus alrededores. se dirigió de nuevo a la oficina de Greyer para hacer un último intento. Sintió que la sangre se le congelaba en las venas cuando escuchó la conversación del ingeniero con el jefe de cuadrillas,
Inge ya está preparado todo para iniciar mañana las nuevas excavaciones, solo que Cázares, el encargado de la cuadrilla de explosivos dice que ese es un sitio muy peligroso para usar dinamita
-¿y desde cuando Cázares es quien da las órdenes aquí? He dicho que iremos por ese viejo socavón porque ahí se pierde un brazo de la veta madre, ¡y por mis bigotes que la encuentro!
Así tenga que voltear al revés esta ciudad. -jajajajajajaja, ¡a que inge, siempre con el sentido del humor tan alto!, le diré a Cázares que pase con usted antes de que salga para que le dé la orden en persona y ya no ande de remilgoso con nosotros ¿le parece?
-como quieras palomo, ya le arreglaré los tornillos a ese viejo enfadoso.

Era todavía tierna la mañana cuando iniciamos el ascenso hasta el cerro del hormiguero ubicado en las faldas de la bufa, ahí encontramos un lugar lleno de árboles a cuya sombra tendimos mantas y sobre ellas toda la comida, mi madre levantó los ojos primero hacia la punta del cerro luego al azul del cielo, dando un profundo suspiro murmuró, ¡qué tiempos aquellos en los que yo podía llegar hasta allá! Todos reímos con su ocurrencia, porque a pesar de sus años ella sigue tan ligera como una gacela.
Entre risas y cantos transcurrió la comida, estaba ahí casi toda la familia, mi abuelo llevaba un sombrero muy chistoso y la abuela, como siempre, lucía uno de sus mejores rebozos. El tío Juan llegó con un grupo norteño y tarde se nos hizo para ponernos a bailar, mi primo Luis es un gran bailarín y me encanta ser yo su pareja de baile, ya le he dicho a Carlos que aprenda a bailar o me quedo con mi primo. Empezamos bailando el pávido navidó pero no faltaron las mas movidas como el taconazo o la cacahuata. En éstas últimas Juanita se paró a bailar con Rodrigo, un vecino, y lo hace tan bien la condenada que pronto todos la rodeamos para aplaudirle, me encanta su fortaleza y la alegría que emana de todo su ser a pesar de su discapacidad, ella se muere de risa cada vez que yo le menciono algo al respecto y dice que su discapacidad le da muchas ventajas sobre otros. Así como nosotros había muchísimas familias mas disfrutando aquel día en el que los trajes coloridos resaltaban entre el verdor del cerro, si miraba hacia la cresta de la montaña podía ver a la gente que ascendía hasta ella, en hilera de uno en uno, parecían hormigas multicolores que se perdían a la vista por instantes cuando pasaban por detrás de alguna roca.
Mas que feliz, yo me sentía eufórica pues presentía que ese día habría acontecimientos que cambiarían el rumbo de mi vida para siempre.

Greyer levantó la vista de los planos que estudiaba cuidadosamente sobre su escritorio, hizo un gesto de impaciencia cuando apareció en la puerta de su oficina, por cierto, tan sombría como su ocupante, el jefe de la cuadrilla encargada de los explosivos y con un gesto le indicó una silla frente a él. El minero habló durante unos minutos tratando de que Greyer entendiera que esas explosiones en cadena podrían afectar el subsuelo de la ciudad y esto traería terribles consecuencias.
Cázares, no me venga con esas estupideces, ésta ciudad ha sido minera desde sus inicios y nunca se ha sabido que por una excavación haya habido algún problema
-mire inge, mi abuelo decía que si a alguien se le ocurría hacer explosiones por ese viejo socavón los resultados llegarían a ser catastróficos
-¿y su abuelo era ingeniero minero?
-no señor, era un trabajador como yo, pero conoció la orografía de la ciudad y siempre supo donde seguir las vetas sin poner en peligro a nadie
-¡por dios, Cázares! ¿usted cree que sabía mas su abuelo, que no era nada, que yo, que pasé mas de seis años en una universidad prestigiosa?
-pos que se yo inge, pero usted ni de la ciudad es y en eso creo que si le lleva ventaja mi abuelo, deberíamos de seguir la ruta de los lupios para encontrar esa veta que usted busca
-¡con un demonio, Cázares, dije que se explotaba en ese sitio y así será, aunque me tenga que ver en la necesidad de correrlo, así que usted dirá, o hace el trabajo mañana o mejor no se vuelva a presentar por aquí
El jefe de la cuadrilla dio un salto de la silla con la cara roja de indignación y señalando al ingeniero con un dedo sentenció.
-pues que dios se apiade de usted y si quiere ahora mismo firmo mi renuncia pero yo no hago esas explosiones así como usted pide y que las consecuencias caigan sobre su conciencia, si es que sobrevive.

Greyer descolgó el teléfono con una sonrisa sarcástica en la cara
-¿Palomo? Cázares acaba de renunciar así que mañana tomas tú su lugar y das la orden de hacer las explosiones en cadena
-si inge, aunque no sé mucho de explosivos me asesoraré con los compañeros
-ya te he dicho que no me importa acabar con esta ciudad, si eso me recupera la veta madre, así que no me falles, si todo resulta como yo digo despediré al inútil de Ruiz y por mis bigotes que te doy su puesto
-no se diga mas inge, cuente conmigo.

La noche se llenó de presagios, al tiempo que en la ciudad se prepara la fiesta del pueblo una sombra negra la cubre con su manto.
Llegó la mañana y mientras la mayoría de la gente se dispone a subir hasta la cueva de San Ignacio, Carlos y Cázares reúnen a un grupo pequeño de mineros para explicarles la situación. Carlos se dirige a las oficinas principales para buscar hasta debajo de las piedras si es necesario, el expediente que necesitan para que la asociación minera se entere del peligro al que se está exponiendo a la ciudad y a la vez enviarlo a las autoridades pertinentes para que quiten la concesión minera a esa compañía. Cázares va al frente de los demás al socavón “San Vicente”.
-¡malditos gallinas!- gritó Greyer cuando se hubo enterado que el grupo se dirigía al viejo socavón para impedir que se realizaran las explosiones. Pidió que le preparasen la camioneta de la compañía en tanto que él reunía a los guardias de seguridad. El enfrentamiento sería sangriento.
-¡Cázares, Palomo se nos escapó y acaba de prender la mecha!- gritaba con desesperación un minero mientras corría para tratar de salir d aquella mina, que sin duda sería su tumba.
-Pongan atención todos, tenemos cinco minutos máximo para salir de aquí, así que corran hacia el ala oeste, ahí hallaremos una salida de lupios no se detengan por nada- gritó Cázares a sus compañeros al tiempo que corría delante de ellos para guiarlos, al dar una vuelta en un recodo del camino se encontró con Greyer y su gente armada –quítense de enfrente y corran hacia la salida si es que quieren salir vivos- les gritó Cázares mientras derrumbaba a dos guardias para pasar. -¡párate infeliz! Gritó Greyer antes de ser derribado por el puño de mineros que corrían para salvar su vida. ¿Qué demonios sucede? Preguntó uno de los guardias. –El Palomo prendió una mecha equivocada y la primera explosión empezará en unos minutos, lo peor es que va de afuera hacia adentro, lo mejor será que corran…
A la primera explosión sucedió otra…y otra y otra. Luego en el silencio se escucharon gritos de dolor solicitando ayuda, no hubo quien ayudara pues entre las rocas la mayoría eran cabezas, piernas o brazos de quienes no habían logrado salir. Y sucedió lo peor… el subsuelo dañado en forma tan terrible empezó a acomodar placas tectónicas, se inició el derrumbe de una ciudad.

Llegó el momento esperado y los primos junto con los hermanos organizamos la expedición para unirnos a la interminable fila de hormigas que subían por la ladera para llegar a la cima. Dos mayores íbamos por delante llevando la punta de una soga y dos mas iban detrás del grupo de los medianos sosteniendo el final de la misma, esto se hacía por precaución ya que cuando el ascenso se dificultaba los mayores sosteníamos a los demás que se colgaban prácticamente de la soga. Juanita casi pegada a mi, seguía mis pasos con cuidado, reíamos mucho pues ella es muy simpática en su forma de hablar, de pronto me hizo una pregunta que me puso a pensar -¿Cómo te enamoraste de Carlos? Bueno fue la casualidad o el destino, que se yo, le dije, pero ella insistió –no, Iza, no lo puedes negar te enamoraste de él por su mirada y a su vez él se enamoró de ti por la tuya. ¡No inventes Juanita! Entonces los que no pueden ver, como tú, ¿nunca se van a enamorar?-no lo sé, quizá si, pero debe ser mas difícil, yo creo que todo lo bello entra en el corazón y en el alma a través de una mirada, me dijo todo esto con gran énfasis, luego guardó un profundo silencio que no me atreví a romper por no encontrar palabras con qué rebatir sus argumentos. Después de un gran esfuerzo llegamos a la primer planicie, solo descansamos un poco para hidratarnos y proseguimos por el camino de los loceros pero esta vez no entramos en ninguno de ellos pues tenían un olor raro, feo y muy molesto para las vías respiratorias, luego de pasar por frente del tercero iniciamos la siguiente ascensión, llegaríamos hasta la cueva de San Ignacio y de ahí no volveríamos a parar hasta estar en los picachos.
Desde aquí la vista es formidable, a lo lejos se ve la cañada en la que está la ciudad y los cerros que la rodean le dan un hermoso encanto con su eterno verdor y luego este cielo que siempre es de un azul profundo, me sentía casi en éxtasis admirando tanta belleza cuando un estruendo que venía de la profundidad de la tierra me hizo estremecer igual que a toda la gente, apreté los labios para no gritar del miedo que me invadió, cuando otra cosa llamó mi atención, el cerro de la Valenciana, ubicado en frente de los picachos, desapareció de la vista provocando otro siniestro estruendo. La gente empezó a gritar, unos lloraban otros rezaban y hasta hubo quienes se postraron de rodillas pidiendo alguna ayuda celestial. Yo, estática, sin poder asimilar lo que está ocurriendo pienso en Juanita a quien dejé en el llano con los niños, quiero correr para abrazarla y calmarla pero mis pies ni nada de mi cuerpo me obedece, solo cierro mis ojos con fuerza y cada vez que los abro es para ver que otra parte desaparece tragada por la nada. El ruido subterráneo se ha hecho mas intenso, parece brotar de todos los rincones, a mi alrededor sigue el caos, alguien grita mi nombre por encima de todo ruido allá en el fondo veo a Carlos que me hace señas para que baje del picacho pero no puedo reaccionar y con los ojos entrecerrados veo caer las primeras rocas de los picachos que están casi junto a mi. Sirenas, gritos, llanto, voces, voces por doquier… luego un profundo silencio.
Al abrir de nuevo los ojos me dí cuenta que Carlos me llevaba en sus fuertes brazos, con suavidad me depositó en la planicie mirándome preocupado, entonces el caos que aún estaba alrededor me hizo reaccionar y darme cuenta que algo terrible había pasado, no, quizá todavía no pasaba, sentí un terror mortal y quise gritar pero mis labios se negaron a moverse no pude emitir ni un quejido siquiera, Carlos me decía algo que yo no pude entender. Estoy viva ¿porqué no puedo moverme, ni hablar? Antes de regresar a la oscuridad y el silencio pude murmurar dentro de mi una oración ¡dios mío, ayúdame!
Prologo
Hoy he vuelto a nacer, por fin después de dos años recobré la memoria en forma total, así como el movimiento y el habla. Esta mañana rodeada de las flores que hay en el jardín de este hospital recordé a Carlos cuando él me ofreció un ramito de violetas, éstas son nuestras preferidas, me dijo mientras me daba un beso en la mejilla. pronto me dí cuenta de aquello que mi mente había estado ocultándome, toda mi familia estaba bien excepto mi padre quien murió por salvar a sus compañeros, lloré por un tiempo indefinido al saberlo, hasta que por fin las lágrimas pudieron aminorar mi dolor y aceptar la realidad. Carlos me detalló paso a paso todo lo ocurrido, también dijo que Greyer al igual que muchos otros quedaron aterrados y que no se supo mas de ellos. El encontró el expediente y ya estaban las demandas contra la compañía minera. Juanita no dejaba de preguntarle por mi diciendo que en cuanto pudiera vendría a reclamarme ya que tuvo que salir con Rodrigo todo ese tiempo, lo peor es que estaban enamorados y haciendo planes de boda ¡y todo esto gracias a mi ocurrencia de enfermarme! Bien lo decía ella “tengo ventajas sobre los que ven”, si yo no hubiera visto nada de esto me habría pasado. La ciudad estaba siendo reconstruida, pero al igual que yo, nunca sería la misma.
Datos históricos
En las vísperas de las fiestas del Sagrado Corazón de Jesús, se respiraba un aire intranquilo en la ciudad y al amanecer de aquel 25 de junio del año 1767 un novicio entró corriendo en el convento de la Compañía de Jesús para avisar a sus superiores que en la entrada estaban las fuerzas armadas del Virrey quienes por ordenes expresas del rey Carlos tercero estaban ahí para comunicarles que aquello era un destierro por lo que debían abandonar el convento sin mas nada que sus breviarios, la ropa que llevaban puesta y el dinero personal que pudieran justificar. Esto causó una gran indignación, no solo en el clero sino que también entre los pobladores de la ciudad, por supuesto que no incluía a los políticos y ricos de la ciudad quienes no solo se burlaban de la desgracia de los sacerdotes sino que haciendo presencia en el preciso momento en que sacaban a todos del convento, pidieron para mayor escarnio, que se les despojara de toda ropa extra que se llevaban y fuese puesta en subasta pública. El superior del convento no pudo contener mas su rabia y gritó, seguido por los demás frailes “malditos sean todos ustedes raza sin entrañas, un día caerá la justicia divina sobre ustedes y su ciudad y no quedará piedra sobre piedra pues Guanajuato se derrumbará en un hoyo y quienes pasen por estos lugares solo dirán…ahí estuvo la ciudad que tuvo gran esplendor y gloria”.
Este relato ha sido contado durante décadas de padres a hijos, incluso hay una leyenda que reza “cada 31 de julio se celebra la fiesta de San Ignacio de Loyola (patrono de la ciudad) en el cerro de la bufa y se dice que a la media noche aparece una muchacha en la cueva quien pide al afortunado que encuentra a su paso, la lleve cargada hasta el templo de la Compañía y una vez ahí, le entregará los tesoros de la ciudad que se encuentra oculta bajo los cerros”
|
Quizá no haya ninguna ciudad bajo los cerros, pero lo que si hay es vetas de oro y plata que están siendo explotadas indiscriminadamente por compañías mineras extranjeras a quienes no les importa en lo mas mínimo el futuro de los guanajuatenses y la ciudad está en peligro de colapsar, no solo por las compañías mineras, también por los ingenieros que se creen supergenios y están cavando túneles para hacer calles subterráneas, así que la cañada en que estamos ubicados, cada día la llenan mas de agujeros y tal vez un día, el cual no quisiera que fuera cercano, se cumplirá la maldición de los jesuitas y solo diremos… ahí era Guanajuato.
Fin…marilupis