Texto publicado por Jaime Nelson Arboleda Barrera

Apuesta singular.

APUESTA SINGULAR.
 
Cuentan que en cierta ocasión,
cojo, y ciego se retaron
para hacer una carrera,
una cena se apostaron.
 
Un sinfín de periodistas
acudieron al evento,
nadie quería perderse
el raro acontecimiento.
 
A las cinco de la tarde,
que fue la hora elegida,
ciego y cojo se aprestaron
para tomar la salida.
 
El ciego, que parecía,
tener mucha fortaleza,
al poco de la salida,
ya se colocó en cabeza.
 
El cojo se lo miraba
atónito y asombrado,
al ver que en muy pocos metros
ya se había adelantado.
 
Pero he aquí, que una curva,
Y el ciego que se despista,
la toma por la derecha
y se sale de la pista.
 
El cojo que va detrás
se da cuenta del percance,
y acelera su cojera
para que ya no le alcance.
 
Su cuerpo se balancea,
ahora izquierda, ahora derecha,
nadie se puede explicar,
que corra como una flecha.
 
El ciego se reincorpora
maltrecho y con gran enojo,
se dispone nuevamente
a ir en busca del cojo.
 
Y cuando ya lo tenía
a muy poquita distancia,
se produce nuevamente
una triste circunstancia.
 
El ciego no se percata
a pesar de su destreza,
que se acerca a un agujero
y allá que va de cabeza.
 
El cojo mira hacia atrás,
y viéndole a gran distancia,
recompone su cojera
corriendo con elegancia.
 
El ciego se reincorpora,
de presencia va hecho un asco,
¡quien ha puesto? se pregunta,
tanto agujero y peñasco?.
 
Y cogiendo su bastón
algo ya deteriorado,
se dispone a perseguirle
a pasos agigantados.
 
El cojo mira y observa
que el ciego sigue su avance,
y acelera su cojera
para que ya no le alcance.
 
Y cuando ya se veía
ganador de aquel gran duelo,
cede su pata de palo
y se estrella contra el suelo.
 
El ciego llega a su altura,
su sonrisa le delata,
diciéndole que es normal
que tenga tan mala pata
 
Y cuando ya parecía
ser el primero en la meta,
se desvía de la pista
y se empotra en la cuneta.
 
El cojo que le echa el guante
se lo mira el muy bromista,
y le dice: eso te pasa
por tener tan mala vista.
 
Y con tanta desventura
presto  a decirles me afano,
que llegaron a la meta
cogiditos de la mano.
 
La gente les aclamaba,
era enorme el griterío,
cojo y ciego demostraron
tener un gran poderío.
 
Hubo fiesta, algarabía,
un jolgorio inusitado,
y para bien celebrarlo
todo el pueblo fue invitado.
 
Y cuentan los del lugar,
no me canso de decirlo,
ciego y cojo  prometieron
en volver a repetirlo.
 
El premio quedó desierto
junto a una cuenta pendiente,
que prometieron saldar,
ambos  al año siguiente.