Texto publicado por Irene Azuaje

“Fui tratante de mujeres durante más de veinte años. Las compré y vendí como si fueran ganado".

Uno de los criminales de la trata desvela cómo funcionan estas redes en España.

Manuel Jabois Madrid 11 NOV 2017 - 20:35 CET.

Diario EL PAÍS.

En primavera de 2000 llegó al aeropuerto de Madrid la selección nacional
femenina de Colombia de taekwondo. 19 chicas que salieron por la puerta en fila
india, ataviadas con el chándal oficial (azul, amarillo y rojo) y el escudo de
la Federación. No tuvieron problemas con Inmigración pese a ser un vuelo
'caliente'. Contaban con sus visados obtenidos en el consulado de Colombia.
Habían presentado sus fichas federativas y, desde luego, tenían la invitación y
el programa de la competición que venían a disputar a España. Entre la
documentación también contaban con papeles de un gimnasio de artes marciales de
Cali en el que habían sido inscritas. Al llegar a Madrid, un autobús las
desplazó a Valdepeñas, y allí se cambiaron los chándales por lencería para ser
paseadas ante un grupo de hombres antes de ser distribuidas en diferentes clubes
de España. En Colombia no existía ninguna federación de artes marciales, las
chicas nunca se habían subido a un tatami, el chándal fue encargado por un
matón, la invitación y el programa del gimnasio eran una patraña, el entrenador
era el hombre que las había captado en Colombia y el proxeneta que las recibió
en Barajas había ganado una apuesta a sus socios: conseguir meter el mayor
número de mujeres en Madrid para ser prostituidas. Como lo consiguió, se quedó
con todas las chicas y un BMW. Se trataba de Miguel, el Músico.

Mabel Lozano: “Cuando tu cuerpo vale cinco euros, tu vida no vale nada”
Contra la trata

"Hola, soy proxeneta". Ese fue el mensaje que recibió la directora Mabel Lozano,
activista contra la trata de mujeres (ha realizado dos películas, la última
Chicas Nuevas 24 Horas). Lozano esperaba la llamada. La gestión se produjo
gracias a la intermediación de José Nieto Barroso, inspector jefe de la Unidad
contra Redes de Inmigración Ilegal y Falsedad Documental (UCRIF). Nieto Barroso
llevaba años en contacto con El Músico, que en un momento de su carrera criminal
empezó a colaborar con la Policía como 'boquerón', chivato. El Músico fue uno de
los primeros grandes jefes de la trata y secuestro de mujeres en España en una
década, los 90, en la que el negocio de la prostitución cambió de tercio: de ser
los chulos los que proveían a los clubes de mujeres españolas, fueron los
propios clubes, a través de una estructura mafiosa con infiltraciones en
policía, justicia y política, los que empezaron a 'importar' miles de mujeres
extranjeras engañadas. Su larguísima confesión en forma de libro ('El
proxeneta', Alrevés, 2017) contrastada con fechas, cifras y comisión de delitos
en poder de la UCRIF, es la primera que revela el funcionamiento de la trata y
prostitución en España. Un país en el que, según datos del Gobierno, se mueven
alrededor de este negocio unos cinco millones de euros al día y fueron
identificadas, en 2016, 14.000 víctimas de trata: apenas la tercera parte de las
mujeres captadas en sus países de origen por las organizaciones criminales.

"La primera regla que se aprende es a no mirarlas como tuyas, sino como la
materia prima de tu negocio. Es importante no involucrarse en su vida más allá
de lo necesario (...) Simplemente es una propiedad, como la Coca-Cola que
vendes, y hay que tratarla como tal. Si te involucras en su vida o en sus
problemas, te puede afectar, porque esa mercancía tiene sentimientos (...)
Creamos una forma de vida que se sostiene gracias a la esclavitud, sin siquiera
saberlo o pensarlo (...) La trata dio paso a los macroburdeles para los
clientes, que no eran otra cosa que cárceles de lujo repletas de miseria, para
las mujeres esclavas de un sistema nuevo y cruel. Las convertimos en grandes
máquinas expendedoras de dinero", dice Miguel, nombre falso cuyo apodo (El
Músico) es real, así como las localizaciones y los sobrenombres del resto de
proxenetas, todos aún en activo o encarcelados: Chepas, Dandy, Gallego... "No es
un asunto de sexo, es un asunto de coco. Un buen chulo no cobra por follar; lo
hace por tener la respuesta adecuada para lo que preocupa a una puta", dice
Iceberg Slim en un libro autobiográfico (Pimp, memorias de un chulo, Capitán
Swing, 2016).

Debajo de ese mundo regido sin códigos, donde la degradación moral alcanza
niveles irreversibles (pura esclavitud: palizas, violaciones, sometimiento a
base del terror y la amenaza perpetua sobre sus familias en sus ciudades de
origen, visitadas frecuentemente por el captador si la chica no rinde o da
problemas) se entronizan hombres como Miguel, el Músico, y se van por el desagüe
vidas como la de Lucía, que llegó con 18 años a Madrid, dejando a su hijo en
Colombia al cuidado de su madre para trabajar de camarera, pagar su deuda con
los tratantes y quedar libre para ahorrar un dinero durante meses que en su país
sería una fortuna. Ya en España se le comunicó que tenía que prostituirse. Son
reacciones, dice el Músico, "clonadas". Enmudecen. Luego entran en estado de
shock y empiezan a llorar. De forma inagotable. Porque saben que no hay vuelta
atrás, que se han quedado atrapadas.

En España, según datos del Gobierno, se mueven alrededor de este negocio unos
cinco millones de euros al día y fueron identificadas, en 2016, 14.000 víctimas
de trata

"Nadie se levanta una mañana y decide ser puta, pero nosotros tenemos la tela de
araña perfectamente tejida donde caben las promesas de una vida mejor para ella
y los suyos, los halagos que le gusta escuchar y algunas ayudas insignificantes
que le presentamos como grandes favores y que ella nos agradece como si lo
fueran. En cuanto la mosca pega sus diminutas patitas a la red pringosa, ya le
es imposible soltarse. Y ahí se queda. Cazada. Lista (...) La balanza del
acuerdo verbal no se inclina a ambos lados por igual. Por eso el supuesto
consentimiento de las víctimas no es más que una farsa donde no existen los
requisitos éticos imprescindibles en cualquier relación personal, social o
laboral (...) Yo surtí, durante años, a doce de los mejores macroburdeles que
existen en la actualidad en España. Los llené de esa materia prima que los
puteros llaman 'carne fresca', día a día. Y jamás me paré a pensar si la
mercancía que yo importaba eran personas como yo. Ellas eran otra cosa. Eran
putas".

Asumido el golpe, Lucía hizo de tripas corazón "con enorme disciplina y a
destajo". En tres meses consiguió los 6.000 euros del dinero que creía deber a
Miguel por sacarla de su país y darle un trabajo. También había pagado cada día
los 50 euros que se abonan para poder bajar al salón y ejercer allí. Se presentó
en el despacho de su proxeneta con una sonrisa "de satisfacción y felicidad".
Miguel hizo cuentas delante de ella y le dijo que ya solo le faltaban 425 euros
para cumplir la deuda. La convenció de que dentro de un mes volvieran a hablar,
pero necesitaba extender su visado por tres meses en España para poder seguir en
el club "ya sin deuda" y ahorrar para volver a su país con dinero para su
familia. La extensión del visado es gratuita, pero Miguel le dijo que costaría
"apenas" 1.200 euros. Le explicó que con ese visado estaría tranquila en España
en caso de una redada. Quieren todas lo mismo, dice Miguel: estar en España
legalmente, ahorrar y volver con dinero a sus casas. Por eso Lucía regresó al
mes siguiente creyendo la deuda saldada al despacho de Miguel, pero ésta había
crecido; el proxeneta sumó un gasto que "había olvidado", el de la pensión
diaria: cama y comidas. Sumado todo, incluido lo anterior, Lucía ya debía más
dinero que en su primera visita. "Se empezó a morir por dentro", dice Miguel.

Ellas se convertían en un cheque en blanco. El beneficio de su explotación podía
superar los doscientos mil euros

Pasaron los meses con nuevas promesas incumplidas, cientos de clientes ("aquí de
viene a chupar y follar"), hasta que un día Lucía no apareció en el salón.
Tampoco se había escapado ("en este negocio lo más importante es lo que está en
la puerta") ni estaba en su cuarto. Finalmente apareció: lo hizo tirada en un
charco de sangre en el baño. Se había cortado las venas. La llevaron al
hospital, donde le salvaron la vida de milagro. Al regresar días después al club
había envejecido veinte años. "Esa mujer mayor que había devorado sin compasión
a la joven y bella Lucía dio por hecho que a su deuda interminable se le
sumarían las facturas de la ambulancia, el médico, el hospital, las medicinas,
la diaria, e incluso una multa por su intento de suicidio". La tuvieron
prostituyéndose más tiempo en otro club, éste de Denia, y al cabo de unos meses
tuvieron que ingresarla en un hospital psiquiátrico. Había muerto del todo.
Nunca volvió a Colombia, nunca supo más de su madre, nunca volvió a ver a su
hijo.

El libro que Mabel Lozano ha escrito basándose en decenas de entrevistas con El
Músico explica la realidad del mundo de luces de neón y clubes repartidos por
todos los pueblos, ciudades y carreteras de España. "Llegamos a ser los
propietarios de algunos de los mejores burdeles de España: El Leidys, en Denia;
El Glamour, en Córdoba; El Privé, en Tarragona; La Rosa Élite y El Venus, en
Valdepeñas; Los Charlys, en Consolación; El Estel, en el Vendrell; El París, en
Puerto de Sagunto; El Cuatro Hermanas, en el Puxol; Las Palmeras, en
Castellón...". Un mundo a la vista y consumo de todos poblado de mujeres
explotadas que llegaban a España de las más diversas maneras, siempre engañadas
y después traicionadas, como campeonas de un deporte que en su país no existe
para ser destinadas, como mercancía, a un esclavismo que desconocían que
existiese en el siglo XXI. En un país, España, en el que no está perseguido
penalmente el proxenetismo en todas sus formas, por ejemplo la consentida. Y en
el que las víctimas tiene más miedo a la justicia que a sus captores por la
amenaza que estos representan sobre sus familias. "Apenas se invertían mil
doscientos o mil quinientos euros, todo lo más", resume El Músico. "Pero ellas
se convertían en un cheque en blanco. El beneficio de su explotación podía
superar los doscientos mil euros. ¡Se hubieran necesitado diez kilos de cocaína
para alcanzar la misma cifra que con una sola víctima!".