Texto publicado por Irene Azuaje

El insulto del día

Cornudo.

Cabrón; marido engañado o complaciente. Es insulto de uso temprano: Principios del siglo XII, muy ofensivo siempre, derivado del latín cornutus, En el fuero de Zorita de los Canes, en la provincia de Guadalajara, fechado hacia 1180, se lee:
Todo aquel que a algún omne dixiere o llamare malato, o cornudo, o fodido, o fijo de fodido, peche (dos) marauedís, et sobre todo esto iure con dos uezinos, que aquella desondra et aquella mala estanca que la nunco sopo en él.
Años más tarde, en el fuero de Madrid (1202), se prohíbe taxativamente decir a otro hombre cualquiera de las palabras prohibidas:
Toto homine qui a uezino (o) filio de uezino (...) dixierit alguno de (los) nomines uedados..."fudid in culo" aut "filio de fudid in culo, (o) cornudo, (pague) medio morabetino al renqueroso.
Garcí Sánchez de Badajoz, glosando el romance Tiempo es el caballero..., hace burla de estos desgraciados, en la segunda mitad del siglo XV:
Mal de muchos, gozo es, consuela a cualquier cornudo.
El anónimo autor de las Coplas del Provincial, sátira feroz contra los principales personajes políticos de tiempos de Enrique IV, usa a menudo el término, repartiéndolo a diestro y siniestro, tanto a caballeros y clérigos como a damas:
A ti, fray cuco Mosquete, de cuernos comendador, ¿qué es tu ganancia mayor, ser cornudo, o alcahuete? A vos, doña Inés Mejía, más fría que los inviernos, ¿a cómo valen los cuernos que ponéis a don García...?
Su carga semántica es altamente vejatoria, ya que atenta contra el concepto e idea que se tuvo del honor en todos los tiempos, haciendo del término "cornudo" un insulto formidable, del que se usó y abusó. En la tragicomedia de Fernando de Rojas, La Celestina, (finales del siglo XV), la vieja alcahueta dice: "De cuatro hombres que he topado, a tres llaman Juanes, y dos son cornudos". Es decir, que la proporción en la sociedad renacentista española estaba al cincuenta por ciento. El cornudo ha recorrido la novela, la poesía y la escena española desde sus principios hasta nuestros días, quedando siempre en ridículo, convertido en blanco de burlas y chanzas. El cabrón aparece agazapado unas veces, y otras desafiante, pues hubo cornudos silenciosos y también combativos. Bretón de los Herreros, comediógrafo logroñés del pasado siglo, en una de sus piezas presenta así al cornudo:
Porque en un breve epigrama dije de él que era un cornudo, en mi sangre, el testarudo, quiere vindicar su fama.
Son muchos los dichos en los que se zahiere o disculpa a quien sufre este mal: "El cornudo es el último que lo sabe", aludiéndose a la ignorancia en que vive a ese respecto. "Tras cornudo, apaleado, y mándanle bailar", frase con la que se critica a quienes pretenden que encima de recibir uno un disgusto, se alegre.