Texto publicado por Christopher Bravo

Fragmento de la Charla: “En el Siglo XXI - Entre la Cura y la Enfermedad”. Al II congreso en línea internacional de discapacidad visual, Brasil 2016

Hola compañeros de Blindworlds. Con agrado les saludo. Sucede, como paso a comentarles a continuación, para los días 12 a 18 de Diciembre del año en curso, se llevará a cabo la segunda edición del congreso en línea internacional de discapacidad visual, Brasil 2016.
Ahora bien. Tengo el placer de decirles que fui invitado a ser uno de los ponentes, y como tengo en cuenta que por una razón u otra no todos podrán asistir a dicho encuentro, pese a que es vía virtual, acá he colocado un pequeño fragmento de la charla en cuestión.
Es como comprenderán, para darles así un adelanto, ofrecerles la oportunidad de degustar un tanto de nuestra realidad, y ya que no está de más, para difundir lo más posible mi modesto trabajo.
Con lo cual, y esperando que sea de su agrado, les dejo con un cordial abrazo.
Ch. J. B.

P. D: enlace al portal de deficiencia visual, donde se hallará toda la información.
www.deficienciavisual.com.br/ead

En el Siglo XXI: Entre la cura y la enfermedad.
Por: Christopher Bravo.
Licdo. En Comunicación social.

Desde que tengo recuerdo, siempre me han atraído las conversaciones. Poder charlar con la gente, conocer de sus experiencias, saber un poco de su vida y, a su vez, dejarles entrar en la mía. No sé, pero quizás sea cierto eso que dicen, que el que nace para martillo, del cielo le caen los clavos.
Así se fue desenvolviendo mi destino, sin que yo me diera cuenta, me fueron llegando las señales de que en cierto momento iba a poder hablarles a las multitudes. Pero...
¿Cómo me iba a imaginar que sería de esta manera?
¿Cómo prever, que existirían tantas invenciones, ahora denominadas nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), y que entre otras cosas hacen del mundo una aldea global?
No, solo un hombre con muchos más conocimientos podría saberlo, y desde luego ese hombre no soy yo.
Pero volviendo a este gusto que me da el que pueda dirigirme a la gente, y a las tantas señales que siempre estuvieron allí, pero que no notaba a mi alrededor, así como no solemos notar la maravilla de poder estar vivos y con libertad de hacer y ser lo que queramos, a menos que dichos regalos estén a riesgo de perderse irremediablemente, les contaré una pequeña anécdota que lo ilustra de hermosa manera.
Cuando me encontraba en el primer nivel de estudio, lo que se le llama también primer jardín de infancia, y ya para pasar al primer año de la primaria, o...
¡A buen tropel de primarios! ¿Pero cómo se le va hacer? ¡Así es el lenguaje!
Con lo que continúo, y como iba diciendo, justo antes de superar esa etapa feliz de mi vida, recuerdo que llegó a la clase un señor con la oferta de una serie de fotografías para Navidad.
Él nos dijo que habláramos con nuestros padres, si queríamos un recuerdo para fin de año; y luego de dejarnos bastante entusiasmados con la perspectiva de vernos plasmados con chaquetilla y gorro de Santa Claus, se retiró para volver en un par de días a tomar las fotos, y pasar cobrando el dinero.
Aquí tengo que hacer uso de lo poco que recuerdo (tenía 5 años) y de otro poco que me han contado. Sé que cuando llegó ese día, como el resto de mis compañeros, me coloqué en la cola para también tomarme mi tan anhelada foto. Recuerdo haberle dado el dinero a mi maestra Sorena, y haber caminado hasta el pizarrón hasta llegar al sitio adecuado.
El señor me colocó la chaqueta de color rojo con bordes blancos sobre la camisa del uniforme, cosa que quedaba muy bien, y sobre mi cabeza, me colocó igualmente el sombrero de Santa. Luego me dijo: “Sonríe, ¡y mira a la cámara!”.
Y entonces... ¡Que emoción! Mi primera foto, que no sería la última, estaba tomada. Aunque... ¿Cómo hice para ser uno de los afortunados?
Es algo que al sol de hoy, no tengo claro. No les he contado que no le pedí el dinero a mamá, sabía que no iba a poder costear el precio, que por otro lado no era excesivo, pero la situación en aquel entonces, no estaba de laureles.
Según me contó mamá años después, la maestra Sorena le comentó, que yo mismo le había dado el dinero. Dinero que por otra parte, había ido reuniendo de mis meriendas. Al menos esa fue la explicación que di cuando se me preguntó de dónde lo había sacado.
¿Juntar dinero en primeros de infancia para poder tomarme una fotografía? Es algo que a la luz del presente me parece algo atípico, por no decir asombroso. Pero lo que sí es cierto es:
- Que desde allí siempre he reunido en momentos de necesidad, sin que me importe los muchos pesares que me traiga con ello. Como cuando no comía en los recesos, en mis años de primaria.
- Que si me pongo a cavilar un poco, y teniendo en cuenta el paso de los años, cuando tuve que decidir qué estudiar, después del revés que me supuso el malogrado intento con la ingeniería en informática, y que fue todo un desastre por la falta de apoyo por parte del profesorado en las materias numéricas, sin tener conciencia, opté automáticamente por la carrera de comunicación.
Y, aunque luego vino este episodio a mi memoria, y pese a que no pueda tener en claro todos los detalles, algo que si está bien firme es, que allí está la foto para testificarlo.
Así que, con todo esto a mi favor, es natural que me sienta tan complacido de haber sido invitado de nuevo, a realizar una charla en este II Congreso en Línea Internacional de Discapacidad Visual, promovido por la querida gente de Brasil.
¡Gracias! Por tomarnos (y tomarme) en cuenta sin que importe la condición o procedencia. Gracias por darme la oportunidad de llegar un poco más a toda nuestra gente. Y gracias también a ti, si en este momento lees estas líneas.
Sobre todo para ti, querido lector, ellas fueron pensadas y hechas con el más profundo aprecio. ¡Que te sean de provecho!
Y ahora puedes seguir leyendo, porque pasaré a contarte, qué quiero decir con esto de: En el Siglo XXI, entre la cura y la enfermedad.

Desde que el mundo es mundo han habido personas ciegas. Que por una u otra razón han quedado en tan dura situación, y han tenido entonces que ingeniárselas para echar adelante, como era de esperar.
Esto es producto de que la vida, desde siempre, ha sido el mayor de los retos del hombre. Sé que costará creerlo, pero vivir la vida, no es cosa sencilla.
Hemos tenido que mantener una lucha constante, con las fieras; con el medio que nos rodea, que no siempre ha sido muy benévolo por cierto; con las situaciones fortuitas, que nos llegan así de forma inesperada; y para variar, ahora que andamos en tiempos más modernos, hemos tenido que enfrentarnos al inmenso riesgo que significan las guerras.
Como es lógico, ante tan abrumador panorama, según se vea, para poder echar adelante y así sobrevivir, había que estar en las mejores condiciones.
Tenemos ahora nuestro planeta que rebosa por el exceso de población, y esto nos da la falsa impresión que siempre las cosas fueron en lo general cómodas, que al fin y al cabo todo va estar bien, y que no hay nada de lo que preocuparse.
Pero no es así. Si somos ahora tantos, es porque la ciencia y la tecnología nos han prestado una buena ayuda. Nos han permitido, ni mas ni menos, acceder a una calidad de vida que nunca pudieron ni soñaron tener, ninguna de las generaciones que nos precedieron.
¿Qué hay con todo esto?
Que la exigencia es cada vez mayor. Tener alguna limitación, por poca que sea esta, es una completa barrera, como lo ven quienes no padecen de ninguna de ellas; y aunque esto no sea para nada verdad, tiene cierto fundamento, por causa a la situación actual.

El auge tecnológico es arrollador. Cada día, a cada instante, se crean, se rediseñan, adaptan y mejoran los numerosos artículos que hacen parte de nuestra vida, cambiando así nuestra forma de vivirla, y de ver el mundo.
Para una persona con discapacidad visual, esto puede representar una espada de doble filo. Por una parte, a mayor número de herramientas, mayores las alternativas para poder llegar a superar las tantas dificultades que implica su condición. Y al otro lado, mientras mas rápidos sean los cambios en los avances tecnológicos, mientras más aprisa se mueva la sociedad impulsada por estos, menos las posibilidades de poder adaptarse al ritmo en la cual estos se desarrollan.
La exigencia así aumenta, las presiones de todo tipo, en lo familiar, en lo social, la escolaridad o en el empleo, se elevan sin cesar, y la infelicidad llega y se establece, si no se subsana y canaliza tan crítica situación.
Pero he aquí el punto.
¿Cómo decirle al mundo? Un momento, ¡que quiero bajarme!
No, no. Eso no se puede hacer. Lamentablemente, dirán algunos. Pero la vida es como es. Una especie de academia de internado permanente, donde tenemos que aprender nos guste o no, sus distintas lecciones con exámenes incluidos, y eso sin romper las reglas.
¿Cuales reglas? Se preguntan con razón. Y en esto como en muchas cosas, todavía no nos hemos puesto de acuerdo.
Hay quienes dicen, los más piadosos, que nos tenemos que portar bien para ganarnos el premio.
Otros, mas prácticos y sensatos, hablan de vivir y dejar vivir...
Y el resto, que cada vez son más, nos gritan... ¡La vida es una sola! Por lo cual, lo que queda es gozarla. Aunque eso signifique perderla más rápido aún.
¿Si es de andar por allí con garras y dientes? ¡Bien! Así ha sido siempre.
Y... ¿En donde están las personas con discapacidad en todo esto? Pues, en ninguna parte. Si la gente no sabe como vivir la vida, su propia vida, entonces no sabe, ni tiene la menor idea, de cómo otros tienen que vivir la propia.
¿Acaso todo consiste en portarse bien? Bueno, yo he oído de casos donde a la persona con discapacidad se le mantenía en un cuarto, lejos de miradas importunas, y el portarse bien es darle de comer. También llevarlo a la escuela a que aprenda alguna cosa...cosa que no siempre se hace con todo el placer.
¿Y dónde queda que vivan su vida, que tengan una pareja, un trabajo digno, o...? ¿Que ocupen una casa por sí mismos?
No, eso no se les ha ocurrido hasta este momento, a la inmensa mayoría. Y es aquí donde vuelvo a meter el dedo en la llaga.
Es la mayoría quien tiene la razón, o así nos lo dice la democracia. Algo que nos enseñan en el “cole” y, por lo tanto, si para la mayoría somos seres de cuidado, nosotros como chicos buenos, tenemos que conformarnos con ello.
Pues, ¡nunca! Eso lo decimos con justicia, alzando nuestra voz. Pero miremos, bueno, quise decir analicemos, ya me comprenden ¿verdad? con suma atención la situación actual.

Nos encontramos en una época maravillosa. Llena de invenciones extraordinarias, donde tenemos al alcance infinitas posibilidades, como: comunicarnos el uno con el otro, sin que importen las distancias; movernos de aquí para allá, por lo general en forma rápida y cómoda; ver o escuchar casi en simultáneo lo que sucede en cualquier parte, y estar así, constantemente, enterados de todo; poder hacer de nuestro día a día todo un espectáculo y, para abreviar tanta maravilla, cierro con la excitante posibilidad de llegar a tener un millón de amigos, como dice aquella popular canción.
Como ya habrán adivinado, les hablaba del teléfono, de los medios de transporte, de la televisión y la radio, del internet, y de las no menos imprescindibles, al menos para algunos aficionados, redes sociales.
Y, sin embargo, ¿no les parece increíble qué, con tantas maravillas, todavía a las personas con discapacidad se les ponga trabas?
Cada vez que alguno de nosotros hemos sobresalido de algún modo, hay otros nueve que no lo han logrado. Por cada victoria obtenida, hay un montón de derrotas detrás. Y no lo digo por hacer de estas líneas un texto cargado de sentimentalismo, pero, es la verdad. Tengan aquí un par de datos para que lo vean mejor.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el mundo hay más de 285 millones de personas con alguna deficiencia visual. De los cuales, alrededor de 38 millones de ellos, son ciegos totales. Y cuya procedencia (con una carga del 90%) pertenecen, como era de esperar, a los países no desarrollados, o si es que todavía es posible, en vías de desarrollo.
Ante esto, al tener al frente estas abrumadoras cifras, uno se siente así como algo achicopalado. Da como vergüenza ajena, ya que es responsabilidad de todos (de la humanidad, desde luego) que esto no suceda, y no obstante sucede.
¿Qué sucede? Bueno, que muchos de los males del hombre, son por causa del mismo hombre. Creo no equivocarme si digo que la gran mayoría sabe que el internet fue un antiguo proyecto de guerra. Y lo mismo podría decir, pues cae bien a colación, el sistema de lectoescritura, tan útil para nosotros, como ha sido el braille. Y me supongo, que habrá quienes verán esto como un posible beneficio de esa locura de querer destruirnos el uno al otro.
Perdón, quise decir de los conflictos bélicos...
Pero desgraciadamente, no es así. Mas bien es una pobre y mísera compensación, me refiero a las cosas que de la guerra han surgido, ya sean brillantes ideas, o artilugios fantásticos, o cambios y nuevos órdenes sociales, ya que en comparación, sus males han sido y por siempre serán, muchísimo, (sí, lo digo con superlativo) muchísimo mayores.
Y francamente, y para pasar a otro punto, ya que noto que me he ido por las ramas, todas estas maravillas, todo lo que se ha conseguido, y mucho más, igual se hubiese podido lograr a través de la colaboración y el intercambio comercial, intelectual y cultural...

P. D: sus comentarios, o sus aportes al compartirla, serán de lo más importante para mí. Están en toda la libertad de hacerlo. Saludos!